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Baches y memoria

Dice Pablo Latapí que pareciera que los baches tienen memoria, pues siempre salen en el mismo lugar. Y tiene razón Pablo, hay en las calles una memoria que va más allá de un trienio o sexenio, las calles son las mismas y, no se lo vayan a tomar a mal, les da exactamente lo mismo quién esté gobernando la ciudad. 

Si el bache sale siempre donde mismo y cada vez que lo tapan vuelve a surgir quizá sea momento de pensar que el problema no está arriba sino abajo. Es decir, que no se trata de poner más chapopote y hacer esa especie de ritual satánico golpeando las calles con varas de sauce mojadas (nunca he entendido el sentido de la vara en el bacheo) sino de resolver el problema del subsuelo. Lo que provoca los baches no es el pavimento mal puesto sino la mala cimentación. Y otra vez, si seguimos haciendo lo mismo el resultado volverá a ser el mismo: un nuevo bache en el mismo lugar y si me apuran hasta del mismo tamaño.

Durante muchos años se consideró que asfalto y modernidad iban de la mano. Para ser modernos y elegantes, para subir la calidad de vida de las colonias, había que pavimentar. Son muchos, muchísimos los barrios, principalmente en el municipio de Guadalajara, en los que se pavimentó encima de empedrados o calles de tierra. Pasó la máquina o la cuadrilla, dependiendo de la época, tiró el asfalto, se le puso palomita a la promesa de campaña del alcalde en turno y desde entonces nadie se ha preocupado por saber qué pasa debajo de esas calles llenas de hoyos.

Si los baches tienen memoria por qué nosotros no. Si los baches nos están diciendo que hay un problema en la compactación de las calles por qué insistimos en arreglar solo el betún. Para cualquier político éste es uno de esos problemas que es mejor administrar que resolver. Destinar 100 millones al año a tapar hoyos que volverán a salir es una locura, lo ideal sería destinarlos en resolver los problemas de fondo (en este caso literal) pero no atender la emergencia es un suicidio político. La ciudad necesita moverse y para ello hay que tapar los baches. 

Como todos los grandes problemas de la ciudad arreglarlo implica un proceso de mediano plazo, donde cada alcalde ponga un grano de arena arreglando de fondo unos cuantos kilómetros. Ninguno lo va a resolver todo en tres o seis años.  No podemos dejar de bachear, pero si no comenzamos a corregir el problema de origen nunca vamos a dejar de bachear (por ciento, que verbo más feo).

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