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Sábado, 25 de Noviembre 2017

Ideas

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* Frustración

* Frustración

* Frustración

Perder un partido que se ganaba deja siempre un sentimiento de frustración. Lo de menos es que el resultado, para efectos prácticos, a estas alturas de la película, no tuviera ya mayor importancia. O que la batalla se librara en territorio enemigo. O que el triunfo del adversario quedara manchado por sendos errores arbitrales en los dos goles que propiciaron la voltereta en el marcador…

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El caso es que mientras se tuvo el aplomo necesario para jugar el partido precisamente como un encuentro de futbol y no como una batalla en que la vida dependía del resultado, México tuvo, en los pies de Jiménez, con el marco vacío, la oportunidad de dar la puntilla al rival, y la malogró lamentablemente. Y en la última media hora, una vez que los hondureños hicieron lo que unos minutos antes parecía punto menos que imposible —ganar el partido que al descanso perdían por 2-1—, afloraron las tradicionales inconsecuencias del Tri.

Váyale sumando, señor: por una parte, la inoperancia de la ofensiva; por otra, las pifias —elementales, groseras, escandalosas algunas— de los defensores (“según San Lucas”); por otra más, la incapacidad de los jugadores que entraron de reemplazo —el “Tecatito” Corona y Guardado, con blasones internacionales ambos— para hacerse sentir en la cancha y para pesar en el partido.

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Hay atenuantes, desde luego…

Uno, que la clasificación para el Mundial ya estaba asegurada. Dos, que la derrota, aunque le arrebata lo invicto, no despoja a México del liderato de la zona. Tres, que la obligación imperiosa de conseguir el triunfo era de los hondureños. Cuatro, que los catrachos supieron trabajar el resultado: aunque estuvieron abajo en el marcador, tuvieron, en el balance de la contienda, más y mejores oportunidades de gol que los mexicanos. Cinco, que el arbitraje del salvadoreño Joel Aguilar fue descaradamente localista: la falta de Elis sobre Gallardo en el segundo gol hondureño fue notoria; el fuera de juego de Quioto en el tercero, ídem; el despliegue de marrullerías de los locales para hacer tiempo en los minutos finales —¡y se quejaban de que en el partido anterior, contra Costa Rica, se compensaron cinco minutos… “en su contra”!—, por lo consiguiente.

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¿Qué sigue…? Por parte de Honduras, esperar el repechaje ante Australia, Por la de México, entender que en la eliminatoria evidenció su nivel de competencia… y que el Mundial será otra cosa.

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