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- La Romería (y II)

- La Romería (y II)

- La Romería (y II)

Si el propio Papa (Juan Pablo II), cuando estuvo en Zapopan, hace 38 años, recomendó públicamente hacer una “depuración prudente” de expresiones de religiosidad popular, como la tradicional Romería que cada 12 de octubre se realiza, vale suponer que la misma, en el aspecto profano –la otra cara de la moneda— amerita asimismo, por no decir que pide a gritos, una prudente depuración.

-II-

Si finalmente –con el tiempo y el ganchito consabido— la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) la declara, como se ha solicitado, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el hecho mismo de tal designación acrecentará su fama y eventualmente, en consecuencia, la afluencia de peregrinos. Habría que entender, sin embargo, que no todos los asistentes a la Romería merecen, en rigor, el calificativo de peregrinos. Éstos, por definición, acuden a un santuario “por devoción (entendida, a su vez, como ‘amor, veneración y fervor religioso’) o por voto”; muchos –imposible precisar cuántos— asiduos asistentes a la Romería, lo hacen por mera costumbre, en simple plan de paseo… y en algunos casos –los menos, ojalá— con intenciones maliciosas y hasta definitivamente perversas; poco piadosas, en todo caso.

El entorno de la Romería –las avenidas por las que circula y algunas calles aledañas— se ha convertido en un tianguis gigantesco. Si en sus orígenes se  pretendía hacer de la calle una inmensa casa de oración, en la práctica se ha convertido en un descomunal baratillo. Un fenómeno explicable y hasta inevitable –signo de los tiempos, después de todo—, considerando que cada “romero” es un potencial consumidor de comestibles, bebestibles, sombreros y cuanta zarandaja puede ofrecérsele.

-III-

Es en los elementos más estrechamente vinculados a la tradición misma, donde la depuración apuntada líneas arriba sería recomendable. Si parte importante de la Romería son los danzantes, quizá conviniera tomar medidas para eliminar, por ejemplo, las máscaras de luchadores o las camisetas de equipos de futbol –atiborradas de anuncios— con que se caracterizan algunos dizque “judas”, y reducir la presencia de magnavoces o aparatos de sonido en esos grupos.

De otorgarse a la Romería el rango que se solicita, un beneficio adicional nada despreciable sería la aportación económica que la propia UNESCO asigna, por una parte, y fiscaliza, por la otra, al efecto de que se invierta, cual debe de ser, precisamente en la conservación, difusión y depuración de dichas manifestaciones.

Ya veremos…

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