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Yosemite: el valle entre gigantes de piedra

Entre paredes de granito, bosques, cascadas y praderas alpinas, el destino revela un paisaje que cambia con cada estación y cada camino

Hay lugares que parecen construidos para ser contemplados. Yosemite Valley, en California, Estados Unidos, es uno de ellos. El valle se extiende entre gigantes de piedra que se elevan casi verticalmente a ambos lados, mientras el río Merced serpentea entre bosques, praderas y senderos. Half Dome, El Capitan, Yosemite Falls y las demás paredes de granito forman un paisaje de proporciones difíciles de abarcar desde un solo punto.

La primera impresión puede ser abrumadora. Las paredes parecen demasiado grandes, las cascadas demasiado altas y el valle demasiado amplio para comprenderlo de una sola vez. Pero Yosemite no se descubre únicamente mirando. Su verdadera dimensión aparece al recorrerlo a pie, en bicicleta, junto al río o desde alguno de los miradores que permiten contemplarlo desde arriba.

Un universo de bosque y posibilidades

Hay más de 19 kilómetros de ciclovías pavimentadas que atraviesan el valle. Una bicicleta facilita pasar de los bosques a las praderas, cruzar puentes y detenerse junto al Merced sin depender continuamente del automóvil. Las rutas pasan cerca de Cook’s Meadow, Sentinel Bridge, Yosemite Village y Curry Village. En algunos tramos, Half Dome aparece entre los árboles; en otros, Yosemite Falls emerge detrás de las ramas. Aquí la bicicleta sirve menos para llegar rápido que para permanecer en movimiento dentro del paisaje.

Caminar ofrece todavía más posibilidades. Cook’s Meadow puede recorrerse sin grandes exigencias y deja a la vista Half Dome, Glacier Point y las paredes del valle. Mirror Lake conduce hacia la base de Half Dome y, según la temporada, puede ofrecer agua o transformarse parcialmente en una pradera. Otros caminos se internan entre bosques o siguen el Merced durante kilómetros. Hay senderos para familias y rutas donde el granito sustituye poco a poco a la vegetación. A veces la recompensa es una cascada; otras, basta llegar a un claro desde el cual las paredes vuelven a aparecer.

El senderismo también puede convertirse en una jornada completa. Four Mile Trail asciende desde Yosemite Valley hasta Glacier Point por una pendiente constante: 7.7 kilómetros en cada sentido y unos 975 metros de desnivel. La ida y vuelta supone entre seis y ocho horas. Desde el camino aparecen Yosemite Falls, El Capitan y Sentinel Rock y, conforme se gana altura, Half Dome y las cumbres de la Sierra.

Esa posibilidad de caminar durante horas explica parte de la relación que Yosemite establece con quien permanece varios días. Un día puede recorrerse el valle despacio y al siguiente emprender un trayecto exigente. Es posible pasar horas caminando sin perseguir una cima: atravesar un puente, seguir una vereda, detenerse frente a un acantilado, regresar al río y continuar hacia otra pradera.

La fauna aparece en medio de esa rutina. Los venados de cola negra —una subespecie del venado bura— son frecuentes en Yosemite Valley y pueden encontrarse alimentándose entre hierbas y brotes tiernos. Su familiaridad con los espacios transitados no los convierte en animales domésticos, por lo que deben observarse a distancia.

Más difícil de anticipar es la aparición de un oso negro. Yosemite alberga entre 300 y 500 ejemplares y muchos presentan pelaje café o incluso tonos más claros. Encontrarse con uno cruzando una pradera puede convertirse en uno de los recuerdos más intensos del viaje, siempre que se mantenga la distancia y nunca se intente alimentarlo ni acercarse.

También están las cascadas. En primavera y principios del verano, cuando el deshielo alimenta los ríos de la Sierra Nevada, el agua ocupa buena parte del paisaje sonoro. Yosemite Falls puede escucharse desde distintos puntos del valle; Bridalveil se desprende del acantilado y el viento dispersa parcialmente su caída. Más adentro, Vernal y Nevada Falls esperan a quienes estén dispuestos a caminar durante varias horas. Al avanzar el verano, el caudal disminuye y algunas cascadas pueden reducirse considerablemente o desaparecer.

Al caer la tarde, el paisaje cambia otra vez. El granito adquiere tonos cálidos y las sombras suben por las paredes. Quienes permanecen en el parque pueden escuchar el río desde los campamentos o caminar hacia espacios abiertos como Cook’s Meadow y El Capitan Meadow.

Después llega una oscuridad cada vez menos común cerca de las grandes ciudades. Yosemite conserva cielos nocturnos relativamente libres de contaminación lumínica. Desde las praderas del valle, las estrellas aparecen entre las siluetas de los acantilados; desde Glacier Point, se extienden sobre Half Dome y las montañas. En temporadas de escalada, incluso pueden distinguirse pequeñas luces sobre El Capitan: son las lámparas de los escaladores que pasan la noche suspendidos en la pared.

Dormir dentro del parque permite conocer esas horas intermedias. Antes de que carreteras y senderos recuperen su actividad, la mañana comienza con el frío de la noche, el olor de los pinos y el sonido del Merced. Los campamentos del valle sitúan al viajero cerca de los caminos, aunque la convivencia con la fauna obliga a seguir reglas estrictas: alimentos, bebidas y productos aromáticos deben almacenarse correctamente para impedir que los osos los encuentren. En Yosemite, proteger la comida significa también evitar que los animales aprendan a buscarla entre las personas.

Half Dome. Icónico domo granítico ubicado en el extremo oriental del valle de Yosemite. EL INFORMADOR/F. Salcedo

Ver el valle desde arriba

Para comprender Yosemite también hay que alejarse del fondo del valle. Glacier Point ofrece una de las perspectivas más completas: desde unos dos mil 200 metros de altura, Half Dome aparece de frente y el valle se abre debajo como una larga franja verde rodeada de granito.

El acceso por carretera facilita llegar hasta el mirador, pero también existe la posibilidad de alcanzarlo caminando. El Panorama Trail permite descender desde Glacier Point hacia el valle, pasando por Illilouette Fall y enlazando después con Nevada y Vernal Falls. El recorrido exige varias horas, pero permite experimentar un cambio constante de perspectivas.

Desde arriba, Yosemite parece ordenarse. Las paredes que desde el valle se sienten inmensas adquieren una estructura diferente y el Merced se convierte en una línea que atraviesa el bosque. El paisaje sigue siendo monumental, pero ahora puede entenderse como un conjunto.

Imponente estructura que se alza sobre el fondo del valle; es reconocida a nivel mundial por su silueta que parece una cúpula cortada a la mitad. EL INFORMADOR/F. Salcedo

¿Qué significa Yosemite?

Antes de llamarse Yosemite, el valle fue Ahwahnee: la gran boca. El nombre describía un territorio encerrado entre paredes colosales de granito, una abertura de bosques, praderas y agua en medio de la Sierra Nevada. “Yosemite” no era originalmente el nombre que los pueblos indígenas daban al valle.

De hecho, su origen está ligado a los conflictos que acompañaron la llegada de los estadounidenses colonizadores a la Sierra Nevada. Según el National Park Service, Yohhe’meti, en miwok del sur, o Yos.s.e’meti, en miwok central, era el término empleado por grupos miwok vecinos para referirse al pueblo que habitaba Yosemite Valley.

Su traducción más precisa sería “los que matan” o “aquellos que matan”: yos significa “matar”, mientras que los demás componentes forman la expresión para quienes realizan la acción y su plural.

Los grupos vecinos los consideraban guerreros temibles.

Las otras caras de Yosemite

Yosemite Valley concentra buena parte de las imágenes más conocidas, pero el parque no termina en sus paredes. Más allá del valle existen bosques, lagos, praderas alpinas y carreteras que atraviesan paisajes muy diferentes.

Una de las rutas conduce hacia Tioga Road, que cruza la Sierra Nevada y permite alcanzar zonas de mayor altitud. El paisaje cambia progresivamente: los grandes bosques dan paso a praderas abiertas, lagos y formaciones rocosas más expuestas. En estos lugares, Yosemite se siente menos vertical y más amplio.

También existen zonas menos concurridas donde el silencio ocupa el lugar que en el valle tiene el movimiento constante de visitantes. Caminar por ellas permite descubrir otra escala del parque, más pausada y más cercana a la inmensidad de la Sierra Nevada.

El río Merced serpentea por el valle de Yosemite, entre aguas cristalinas y paredes de granito. EL INFORMADOR/F. Salcedo

Hacia el sur: Wawona

En la parte sur del parque, Wawona ofrece una experiencia distinta. El paisaje está dominado por bosques y espacios abiertos, y conserva una relación más visible con la historia humana de Yosemite.

Cerca de allí se encuentra Mariposa Grove, donde crecen algunos de los gigantescos sequoias que forman uno de los bosques más impresionantes del parque. Caminar entre sus troncos cambia por completo la escala de referencia: incluso los árboles que en cualquier otro lugar parecerían enormes quedan empequeñecidos junto a ellos.

Wawona permite, además, detenerse en una zona menos dominada por las imágenes clásicas del valle. Es otra manera de entrar en Yosemite y comprender que el parque está compuesto por muchos paisajes diferentes.

Hacia el norte: Tuolumne Meadows

Si Yosemite Valley representa la verticalidad, Tuolumne Meadows representa la amplitud. Situada a gran altura en la Sierra Nevada, esta extensa pradera está rodeada de cúpulas de granito, montañas y pequeños cursos de agua.

La carretera que conduce hasta allí atraviesa paisajes que cambian con la elevación. El bosque se abre poco a poco y aparecen praderas donde el horizonte parece alejarse. El aire es más frío y la vegetación más baja; el granito vuelve a ocupar el centro de la escena.

Tuolumne Meadows invita a caminar sin la sensación de estar siguiendo necesariamente un destino. Hay rutas cortas junto a la pradera y recorridos más largos hacia lagos y cumbres. En verano, cuando la nieve finalmente retrocede, el paisaje adquiere una breve intensidad antes de que el invierno vuelva a dominarlo.

Llegar hasta allí ayuda a comprender que Yosemite no es solamente un valle famoso. Es también una parte extensa y diversa de la Sierra Nevada, donde cada elevación modifica el paisaje.

Puente sobre el Illilouette Creek, ubicado en el Parque Nacional Yosemite en California. EL INFORMADOR/F. Salcedo

Un valle al que siempre se regresa

Yosemite permanece tanto tiempo en la memoria y quizá esa sea una de las razones por las que no se agota en una fotografía ni en una primera visita. El valle cambia con la estación, con la hora del día y con la cantidad de agua que baja por las cascadas.

Un mismo lugar puede parecer completamente distinto al amanecer y al atardecer. Una pared de granito puede dominar la mirada desde el fondo del valle y desaparecer parcialmente entre los árboles al avanzar por un sendero. Una cascada puede ser estruendosa en primavera y apenas visible meses después.

Yosemite tampoco termina cuando se abandona el automóvil o se deja atrás el último mirador. Continúa en el sonido del río, en el olor de los pinos, en las luces diminutas sobre el acantilado El Capitan y en la memoria de haber caminado durante horas entre paredes que parecen no terminar nunca.

Por eso el parque se resiste a ser reducido a una lista de lugares que visitar. Hay que recorrerlo, detenerse, volver sobre los mismos caminos y descubrir cómo cambia aquello que parecía conocido. Yosemite es, sobre todo, un paisaje que nunca termina de caber dentro de una sola mirada.

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