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El inédito y largo rescate de la NASA para frenar la caída de telescopio Swift a la Tierra

Después de más de 20 años ayudando a comprender mejor el universo, el telescopio ha entrado en una órbita que podría causar su caída sin control a la Tierra

Después de más de dos décadas explorando algunos de los fenómenos más energéticos del universo, el telescopio espacial Swift enfrenta un desafío inesperado: evitar una caída descontrolada hacia la Tierra. Para impedirlo, la NASA puso en marcha una inédita misión de rescate orbital que combina robótica, tecnología comercial y maniobras de alta precisión. 

El operativo, iniciado el pasado 22 de julio, busca prolongar la vida útil del observatorio espacial y evitar que su órbita continúe degradándose hasta provocar un reingreso no controlado a la atmósfera terrestre a finales de este año.

La misión depende de LINK, una nave robótica desarrollada por la empresa estadounidense Katalyst y lanzada el 3 de julio desde las Islas Marshall a bordo de un cohete Pegasus XL. Su objetivo será alcanzar al telescopio Swift, sujetarlo mediante tres brazos robóticos y elevar gradualmente su órbita para estabilizarlo.

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Aunque la NASA aún no ha precisado cuándo se producirá el encuentro entre ambas naves, estima que la fase de aproximación podría tomar varias semanas y que la maniobra para impulsar nuevamente al telescopio se extendería durante meses, debido a la complejidad de operar dos vehículos espaciales en órbita.

"Dado que la órbita del Swift está decayendo con rapidez, estamos en una carrera contra el tiempo, pero al aprovechar tecnologías comerciales que ya están en desarrollo estamos afrontando este desafío", explicó a los medios, Shawn Domagal-Goldman, director interino de la División de Astrofísica de la NASA.

Además de intentar salvar uno de los observatorios más importantes para el estudio de explosiones cósmicas, la misión servirá como una prueba para futuras operaciones de mantenimiento, reparación y extensión de vida útil de satélites, un campo que cada vez cobra mayor relevancia ante el creciente número de naves que permanecen activas alrededor de la Tierra.

"Intentar elevar la órbita resulta más económico que reemplazar las capacidades del Swift con una nueva misión", agregó el directivo. El día del despegue, la nave alcanzó la órbita sin problemas y los técnicos en tierra lograron comunicarse con ella. Tras esas maniobras comenzó lo más difícil.

Durante varias semanas, los controladores han estado activando y probando todos sus sistemas. LINK no intentará acercarse a Swift hasta que la nave funcione correctamente, ya que, a la enorme velocidad a la que ambos aparatos se desplazan, cualquier fallo podría comprometer el rescate.

Sin puntos de agarre

Cuando esté lista, LINK se aproximará poco a poco al Swift, le hará fotos para ver por dónde sujetarlo, porque el telescopio no se diseñó para ser agarrado: no tiene asas ni puntos de anclaje. La NASA calcula que ese acercamiento y la captura formarán "un proceso lento y cuidadoso" que puede durar cerca de un mes.

Una vez sujeto el telescopio, la nave empezará a empujarlo poco a poco hacia arriba y, a lo largo de varios meses, tratará de devolverlo cerca de la altura a la que fue lanzado. Después los soltará y la NASA volverá a encender los instrumentos del Swift, algo que tardará "un mes o más" hasta que el observatorio recupere toda su capacidad para trabajar.

Si la operación sale bien, será la primera vez que un robot de una empresa privada atrape un satélite del Gobierno de EU que no está tripulado y que no se pensó para recibir arreglos en el espacio, según la NASA. Ese es el mayor reto: capturar algo que nunca se preparó para ser capturado, precisa la agencia.

Un telescopio en apuros

Valorado en unos 500 millones de dólares, el Swift ha sido desde 2004 una de las principales herramientas para estudiar el cosmos. Gira alrededor de la Tierra en busca de las explosiones más potentes del universo, los llamados estallidos de rayos gamma.

No tiene motor, así que no puede corregir su rumbo por sí mismo. Aunque a cientos de kilómetros de altura la atmósfera es extremadamente tenue, el poco aire que queda genera resistencia y lo frena gradualmente, provocando que pierda altura. Sin intervención, el telescopio terminaría entrando en la atmósfera terrestre y se destruiría a finales de este año.

Un precedente para otras reparaciones

La agencia estadounidense encargó su rescate a Katalyst en 2025 y le dio solo un año para construir, probar y lanzar la nave y completar la misión.

Tanto la NASA como la empresa lo presentan como un ensayo de los futuros servicios para reparar y alargar la vida de los satélites sin necesidad de traerlos de vuelta a la Tierra. "Esta audaz misión también demostrará nuestra capacidad para pasar del concepto a la ejecución en menos de un año", afirmó en declaraciones a los medios Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA.

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Otro telescopio que también enfrenta el reto de la pérdida gradual de altitud es el Hubble. Con más de 30 años en órbita y sin un motor propio, su trayectoria también se degrada lentamente. No obstante, la NASA señaló que "no tiene actualmente planes para elevar" su órbita, aunque precisó que la misión de LINK para rescatar el Swift "ayudará a orientar las conversaciones sobre el futuro de otros telescopios espaciales de la agencia".

TG

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