Jalisco

Jalisco disminuye su rezago forense, pero cinco mil restos y personas siguen sin identificar

El Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses reconoció que aún falta un largo camino por recorrer en materia de identificación

Mientras miles de familias recorren los cementerios este 2 de noviembre para adornar las tumbas con cempasúchil y encender veladoras en honor a sus seres queridos, existe un contraste que permanece a la sombra y que escapa a la festividad de la fecha. En lugar de descansar bajo la tierra de un panteón o ser recordados frente a un altar familiar, cientos de cuerpos permanecen en el anonimato, resguardados en las instalaciones del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses.  

Para ellos, el Día de Muertos no trae el calor de una visita ni el refugio de una tumba, sino una identidad suspendida a la espera de ser reclamada y restituida a sus familias.

De acuerdo con cifras del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, son cinco mil 416 los registros de personas fallecidas y restos humanos sin identificar los que yacen a resguardo del Servicio Médico Forense en su sede del municipio de Tlaquepaque y sus ocho delegaciones, y que hasta el momento no han podido ser restituidos a sus seres queridos por factores diversos.

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Ante la crisis forense que llevó a que Jalisco llegara a sumar poco más de 11 mil segmentos y cuerpos de personas fallecidas sin identificar en 2025, el Instituto debió tomar medidas urgentes para intentar solventar el rezago en materia de identificación, logrando, a octubre de este año, disminuir en alrededor del 50% el número de restos y cuerpos a resguardo.

La crisis en materia forense, de identificación y restitución de víctimas atrajo el foco internacional en 2018, cuando dos tráileres que contenían un total de 444 cuerpos de personas fallecidas sin identificar deambularon por la ciudad. Desde entonces, las autoridades estatales debieron aplicar medidas que incluyeron la construcción de criptas para su inhumación mientras eran reclamados por sus familias, la adquisición de más contenedores para refrigerar restos humanos y la creación de un comité de inhumación para garantizar la toma de indicios y genética que permitiera su inhumación en los panteones y áreas forenses destinados a ello.

Así también se creó el Registro Público de Personas Fallecidas sin Identificar (PFSI), que permite conocer las características de los segmentos y cuerpos sin identificar que se encuentran al resguardo del Instituto, incluyendo si la persona contaba con tatuajes y la ropa que llevaban cuando ingresaron al organismo.  

Es este registro el que da muestra de la disminución de ellos, para lo cual ha sido clave el establecimiento de acciones específicas que han permitido mejorar la preidentificación de personas y disminuir la estadística, particularmente en el concepto de "restos o segmentos humanos", que representaban la mayor cifra pues, según explicó el titular del IJCF, Axel Rivera Martínez, las medidas aplicadas han permitido mejorar los procesos de conformación en cuerpos completos, entre ellas la aplicación de técnicas multidisciplinarias, la integración de áreas especializadas y el fortalecimiento de los procesos de búsqueda y cotejo de información, con lo que actualmente consigue identificar casos que anteriormente podían permanecer durante semanas o incluso años sin una respuesta.

El titular del organismo explicó que anteriormente gran parte de los procesos de identificación dependían únicamente de las pruebas genéticas, cuya aplicación puede complicarse cuando los cuerpos presentan condiciones de deterioro por calcinación, humedad, mineralización o exposición a sustancias químicas, lo que dificulta la recuperación de ADN.  

Por ello, dijo Axel Rivera, el instituto comenzó a utilizar diferentes disciplinas para integrar información que permita reconocer a las personas sin depender exclusivamente de los resultados de laboratorio.

Entre las técnicas aplicadas, explica, se encuentra el análisis criminalístico del lugar donde fue localizado el cuerpo, la revisión de pertenencias y prendas de vestir, la identificación de características físicas, antecedentes médicos, cicatrices, amputaciones y tatuajes, además de estudios odontológicos, antropológicos, genéticos y dactiloscópicos. Esta información se concentra en el área de identificación humana, donde se contrasta con los datos que proporcionan las familias de personas desaparecidas.

“Lo que debe de aplicarse en realidad en todos los casos es una técnica multidisciplinaria. Se toma información del contexto de donde se encontró a la persona fallecida, qué identificaciones, ropa, algunas pertenencias. El médico hace una autopsia y puede identificar algunas características de antecedentes clínicos, alguna cirugía, alguna amputación antigua por traumatismo, una cicatriz, características fisonómicas y también los tatuajes”, explicó Axel Rivera Martínez.

Otra de las acciones consiste en recuperar huellas dactilares de los cuerpos, incluso cuando las manos presentan deterioro, para compararlas con documentos y bases de datos disponibles en el propio instituto. Explicó que esta estrategia ha permitido identificar a personas que contaban con fichas de búsqueda activas, pero que en realidad habían retomado su vida fuera de sus hogares y habían acudido posteriormente a realizar trámites para obtener constancias de no antecedentes penales, procedimiento durante el cual dejaron registradas sus huellas.

A partir de estos registros, el personal puede realizar comparaciones y verificar si existe coincidencia con alguna persona fallecida. También se mantiene la colaboración con el Instituto Nacional Electoral (INE), al que se envían las huellas recuperadas para realizar cotejos con sus registros. Aunque este procedimiento puede tardar entre dos y tres meses, cuando existe un resultado positivo el organismo proporciona información que permite continuar con las investigaciones y las labores de búsqueda.

Rivera Martínez también destacó la integración del Centro de Identificación Humana al IJCF, así como la incorporación de su laboratorio de genética al laboratorio general del instituto, con lo que se amplió la atención de casos y dejaron de concentrarse únicamente en personas desaparecidas de larga data, es decir, aquellas cuya búsqueda superaba los cinco años.

De acuerdo con el titular, anteriormente se alcanzaban alrededor de 40 identificaciones anuales, mientras que del 1 de enero al 30 de septiembre de 2026 el instituto contabilizó 238 personas identificadas, de las cuales 193 ya habían sido reclamadas por sus familiares y entregadas.

“Al integrar toda el área de identificación humana, tanto la que tenía el Semefo con la del Centro de Identificación Humana, y haciendo que el laboratorio de genética del Centro de Identificación Humana se agregara al laboratorio general del instituto, empezamos a dar mayores resultados. No es porque yo te lo diga, sino que las cifras están ahí”, mencionó.

El funcionario reconoció que no todas las personas identificadas son reclamadas por sus familiares, situación que también influye en el número de cuerpos que permanecen bajo resguardo o que deben ser trasladados a un panteón. En algunos casos, las familias desconocen que su ser querido se encuentra en el instituto, mientras que en otros, pese a conocer su paradero, enfrentan dificultades económicas o circunstancias personales que les impiden hacerse cargo de los trámites y del traslado.

En cuanto a los cuerpos segmentados, explicó que el trabajo también requiere esfuerzos adicionales, pues cada fragmento debe someterse a pruebas genéticas y posteriormente realizarse procesos de reasociación antropológica para determinar cuáles pertenecen a una misma persona. Esto, dijo, permite evitar que cada extremidad sea contabilizada como una víctima independiente cuando existen elementos para establecer que forman parte de un mismo cuerpo.

"Mientras son partes de un cuerpo, lo tenemos contabilizado cada uno de ellos, pero cuando ya estos ocho, 10 o seis, etcétera, son de la misma persona, no importa que no esté identificada, nosotros lo reasociamos y entonces ya lo contamos como una víctima. Todo esto ha sido parte de lo que hemos impulsado para mejorar las condiciones de identificación y restitución de las personas fallecidas a nuestro resguardo”, señaló.

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“Tratamos de optimizar los recursos que tenemos. Siempre hay posibilidades de mejorar, por supuesto, siempre hay oportunidades de mejorar. Hemos estado tratando de ir cambiando algunas técnicas, buscando apoyos de capacitaciones. Justo tenemos algunos convenios, por ejemplo, para empezar a utilizar inteligencia artificial en algunos casos”, añadió.

Inteligencia Artificial permite mejorar la identificación en el IJCF

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta de apoyo para los procesos de identificación humana del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF), particularmente en la búsqueda y clasificación de tatuajes, al permitir que los peritos localicen características e imágenes que podrían pasar inadvertidas durante las revisiones convencionales de los cuerpos de personas fallecidas sin identificar.

El titular del organismo, Axel Rivera Martínez, explicó que anteriormente, cuando una familia proporcionaba información sobre algún tatuaje que pudiera ayudar a reconocer a su ser querido, el personal médico debía revisar manualmente los registros fotográficos para encontrar coincidencias. Incluso, el instituto desarrolló una clasificación propia de imágenes y contó con la colaboración de especialistas forenses de una universidad de Frankfurt, Alemania, con quienes elaboró un artículo científico sobre este trabajo.

Sin embargo, la incorporación de inteligencia artificial ha permitido ampliar las posibilidades de búsqueda, pues el sistema puede localizar imágenes relacionadas con una descripción o palabra clave, incluso cuando la representación del tatuaje no coincide exactamente con la forma en que fue descrita por los familiares o clasificada inicialmente por los especialistas.

“Cuando ponemos en un buscador, por ejemplo, esta palabra: ‘Virgen de Guadalupe’, ya nos busca todas las imágenes que sean Virgen de Guadalupe. Incluso nos ha pasado que a veces el médico, al ver el tatuaje, tal vez no lo reconocía. Se pone un ejemplo: uno en el que el médico lo clasifica simplemente como figura prehispánica y la familia viene y nos dice que era una imagen de Tláloc”, explicó Axel Rivera Martínez.

El funcionario detalló que la herramienta también se ha entrenado para reconocer diferentes representaciones de una misma figura, de manera que pueda mostrar a los peritos imágenes que inicialmente no fueron clasificadas con el nombre que proporcionó la familia. Esto reduce el universo de fotografías que deben revisarse manualmente y permite concentrar el trabajo en aquellas que podrían ofrecer información útil para una identificación.

Rivera Martínez aclaró que la inteligencia artificial no realiza por sí misma las identificaciones, sino que funciona como un instrumento para facilitar el trabajo de los especialistas, quienes deben revisar las coincidencias y determinar si corresponden a las características que buscan.

“Nos sirve de herramienta, no hace las identificaciones. Nos ayuda a agilizar; por ejemplo, en lugar de buscar 800 o 900 imágenes, nos da nada más 20, o las que no se habían pensado, también nos las envía al perito para que las revise”, señaló.

Otra de las aplicaciones ha permitido resolver diferencias entre la información que proporcionan las familias y las características que realmente presentan los cuerpos. El titular del IJCF relató el caso de un padre que buscaba a su hijo y había informado que tenía un nombre tatuado en el brazo. Después de varias revisiones sin encontrar coincidencias con esa descripción, los especialistas localizaron a una persona fallecida que tenía un nombre escrito con letras arábicas.

Al mostrarle la imagen al padre, este reconoció que se trataba del tatuaje de su hijo, aunque originalmente había descrito el nombre como si estuviera escrito en español. Este tipo de situaciones demuestra cómo las herramientas de búsqueda pueden ayudar a encontrar elementos que no necesariamente fueron descritos de manera precisa por los familiares.

El funcionario indicó que estos recursos se suman a las demás técnicas de identificación utilizadas por el instituto, entre ellas los estudios genéticos, odontológicos, antropológicos y dactiloscópicos, además de los cotejos de huellas con el Instituto Nacional Electoral.

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La intención es aprovechar la tecnología para agilizar las revisiones y ampliar las posibilidades de reconocimiento, sin sustituir la valoración de los peritos ni los procedimientos científicos que deben respaldar cada identificación.

Han inhumado 189 personas preidentificadas durante la actual administración

Durante la actual administración estatal, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) ha realizado la inhumación de 189 personas fallecidas que cuentan con elementos suficientes para su identificación, pero que no han sido reclamadas por sus familiares, ya sea porque desconocen que se encuentran en el instituto o porque enfrentan circunstancias económicas y personales que les impiden hacerse cargo de su traslado.

El titular del organismo, Axel Rivera Martínez, informó que 140 de estas inhumaciones se realizaron durante 2026, cifra que supera la registrada el año anterior, luego de que se estableció la comisión encargada de revisar y autorizar estos procedimientos. Explicó que las personas trasladadas a los panteones cuentan con información que permite conocer su identidad y ubicación, por lo que sus familias pueden realizar posteriormente los trámites para recuperarlas.

“Estas personas inhumadas tienen toda la información, sólo que no hay una familia con la que encontrarlo o, por alguna circunstancia personal, económica, etcétera, no me lo puedo llevar o no tengo la intención simplemente. Si la familia no lo reclama, nosotros lo llevamos a una tumba al panteón, que es donde debe de estar de manera digna, pero siempre que la familia lo quisiera recuperar”, explicó.

El funcionario señaló que las familias pueden solicitar información sobre el lugar donde se encuentran y realizar los procedimientos correspondientes para trasladarlas a otro sitio. Añadió que el IJCF busca facilitar el acceso a apoyos cuando existen dificultades económicas, aunque estos recursos y la disponibilidad de espacios en los panteones municipales son limitados.

Además, aclaró que los registros de estas personas permanecen activos en el micrositio de búsqueda del instituto, por lo que pueden aparecer en las cifras de personas fallecidas sin identificar, aunque ya no se encuentren físicamente bajo resguardo del Semefo. 

JM

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