Jalisco

Guadalajara tiene algunas zonas que huelen distinto y esta es la razón

El olor a drenaje, chocolate, pan caliente, carbón o incluso humo de incendio forestal forma parte de la identidad de distintas zonas de la ciudad; conoce algunos de los más comunes

Más allá de las postales de sus edificios o las torres de la Catedral, Guadalajara también puede reconocerse con los ojos cerrados. El olor a tierra mojada, chocolate, pan recién hecho, carbón o incluso humo de incendio forestal forma parte de la identidad de distintas zonas de la ciudad y tiene una explicación ligada a su geografía, industria, comercios y tradiciones.

¿"Huele a rosa temprana" y "tierra mojada"?

Decir que Guadalajara huele a "limpia rosa temprana" y "pura tierra mojada" forma parte de la cultura popular tapatía, especialmente durante el temporal de lluvias, cuando las calles y las áreas verdes adquieren ese aroma característico del petricor.

La referencia tiene un origen conocido: la canción "Guadalajara, Guadalajara", de Pepe Guízar, convirtió esos olores en parte de la explicación para los habitantes de la ciudad.

Sin embargo, el aroma de la ciudad cambia dependiendo de la época del año y de la zona en la que uno se encuentra.

Durante la temporada de estiaje, por ejemplo, o cuando se presentan incendios forestales, el poniente y algunas áreas de la periferia pueden percibir un marcado olor a humo debido a la cercanía con el Bosque La Primavera.

La actividad comercial también tiene un papel importante en el particular mapa de olores de Guadalajara.

Al mediodía, prácticamente cualquier esquina puede adquirir el olor característico de los pollos rostizados y asados al carbón, producto de la combinación de humo de la leña, grasa y especias que sale de estos negocios.

Pero hay zonas donde el aroma tiene un origen industrial.

Las fábricas con las que uno puede reconocer dónde está en Guadalajara

En la colonia Del Fresno, particularmente en las inmediaciones de la zona de plantas procesadoras, existe un olor que los vecinos identifican por su intensidad. Calles como Paraíso y Sabino forman parte de este entorno, cuya identidad también está relacionada con la actividad ferroviaria y alimentaria que se desarrolló en el sector.

Uno de los aromas más particulares de esa zona es el de harina, granos fermentados y levadura. La presencia de plantas dedicadas a la producción de aceites, galletas o cerveza ha marcado el ambiente de ese lugar.

Un olor similar se percibe entre las avenidas México y Vallarta, donde se encuentra otra fábrica aceitera.

Hay olores que resultan mucho más agradables y que también tienen un punto específico en el mapa de Guadalajara. En este caso, rumbo a la zona de la Expo se encuentra la planta de Chocolate Ibarra, sobre Avenida Mariano Otero.

El paso por esta zona puede estar acompañado por un aroma reconocible a cacao, azúcar y canela, particularmente durante las mañanas.

Hacia el oriente de la ciudad aparece otro protagonista: la Panificadora El Panqué.

Su planta, ubicada sobre avenida Revolución, hacia el oriente de la ciudad, identifica buena parte del entorno con el olor característico del pan dulce.

Las donitas, el drenaje y otros aromas del Centro Histórico

El recorrido por Guadalajara también tiene algunos aromas asociados con lugares específicos.

En el Centro Histórico de la capital de Jalisco, especialmente en el corredor peatonal de Morelos y cerca de Plaza Universidad, las conocidas Donitas Fiestas aportan otro olor fácilmente reconocible.

El vapor de las donitas recién fritas combina aceite caliente, canela, azúcar y masa de vainilla. El resultado es un aroma dulce que se extiende por los espacios peatonales y que forma parte del paisaje cotidiano de la zona.

El contraste aparece bajo las calles. La presencia de túneles y obras viales ha hecho que el olor a drenaje sea perceptible en distintas zonas de la ciudad, particularmente en colonias antiguas.

Una parte de esta historia está relacionada con el colector subterráneo que corre por el espacio donde anteriormente se encontraba el río San Juan de Dios, al que se suman las emisiones de diésel del transporte público.

Una ciudad que también se recuerda por el olfato

Al final, los olores también cuentan la historia de Guadalajara. Algunos permanecen ligados a una época, otros a un negocio o a una colonia, pero todos pueden convertirse en referencias que sobreviven en los recuerdos de quienes han recorrido sus calles.

Por eso, reconocer la ciudad no siempre requiere mirar un edificio o ubicar una avenida. A veces basta con respirar para saber en qué parte de Guadalajara estamos. Su identidad también se construye con esas sensaciones cotidianas que, aunque invisibles, terminan formando parte de la manera en que se reconocen los tapatíos.

-Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor-

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