Jalisco

Cuando Díaz Ordaz y Nixon se reunieron en Puerto Vallarta

Los entonces mandatarios de México y Estados Unidos definieron el marco de un tratado en materia de límites territoriales

Los presidentes de México, Gustavo Díaz Ordaz, y de Estados Unidos, Richard Nixon, acordaron en Puerto Vallarta establecer las bases para resolver las disputas territoriales pendientes entre ambos países. Durante la reunión oficial, celebrada el 20 y 21 de agosto de 1970, también abordaron asuntos relacionados con las aguas fronterizas, el tráfico de drogas y la relación bilateral.

Durante la ceremonia de bienvenida, Díaz Ordaz señaló que la reunión permitiría analizar problemas de interés común y continuar el diálogo que ambos mandatarios habían sostenido durante la inauguración de la presa de La Amistad, un año antes. El primer acuerdo dado a conocer se relacionó con las disputas territoriales originadas por los cambios en el curso de los ríos Bravo y Colorado. Los gobiernos convinieron preparar un tratado para resolver los casos pendientes y establecer procedimientos que permitieran atender modificaciones futuras en los cauces fronterizos.

“Un gran número de pequeñas porciones en los movimientos del río Bravo, habían forjado situaciones diversas respecto a lo que servía como línea fronteriza anterior, que ya en ocasión pasada habíamos logrado superar México y Estados Unidos, el problema del Chamizal, y nos quedaban núcleos importantes de islas y bancos de los que el principal y el que más hería la sensibilidad nuestra era el llamado Puerto de Ojinaga”, expuso Díaz Ordaz.

Otro de los temas tratados fue la disputa territorial en la zona fronteriza entre Ojinaga, Chihuahua, y Presidio, Texas. El conflicto se remontaba a 1907, cuando México reclamó terrenos que quedaron al norte del Río Bravo después de que el cauce se desplazó hacia el sur por movimientos conocidos como “cortes avulsivos”.

También fueron incluidos los terrenos relacionados con los cortes de El Horcón y la isla de Morteritos. El acuerdo preveía intercambios de superficies entre ambos países con el objetivo de mantener la frontera en el centro del cauce y evitar nuevos conflictos por el desplazamiento de los ríos.

Los principios convenidos establecían que, cuando un río fronterizo cambiara gradualmente por erosión o aluvión, la línea divisoria seguiría el centro del nuevo cauce. Cuando el desplazamiento fuera repentino, la frontera permanecería en el cauce anterior hasta que ambos gobiernos determinaran una solución.

Otro tema abordado fue la frontera marítima en el golfo de México y el océano Pacífico. Los gobiernos acordaron que la línea divisoria se prolongaría hasta una distancia de 12 millas náuticas y que las islas localizadas a ambos lados quedarían sujetas a la soberanía del país correspondiente.

Los secretarios de Relaciones Exteriores de México y de Estado de Estados Unidos, Antonio Carrillo Flores y William P. Rogers, respectivamente, recibieron la encomienda de elaborar el tratado. El documento tendría que ser sometido a la aprobación de los poderes legislativos de ambos países.

La agenda incluyó, además, la salinidad del Río Colorado, la distribución de aguas fronterizas y las campañas contra la producción y el tráfico de estupefacientes. Los presidentes analizaron la cooperación emprendida por los dos gobiernos para destruir cultivos de marihuana y amapola.

Después de dos días de actividades, Nixon salió de Puerto Vallarta la tarde del 21 de agosto. Díaz Ordaz y representantes de ambos gobiernos acudieron al aeropuerto para despedirlo, mientras que unidades militares rindieron honores a los dos mandatarios.

Viernes 21 de agosto, 1970. La portada de la edición indica que el primer acuerdo alcanzado es la solución de los problemas territoriales. EL INFORMADOR/Archivo

Refuerzan trabajo conjunto contra las drogas

Los gobiernos de México y Estados Unidos acordaron reforzar la cooperación contra la producción, el tráfico y el consumo de drogas durante la reunión de Gustavo Díaz Ordaz y Richard Nixon en Puerto Vallarta. Los mandatarios revisaron las campañas emprendidas por ambos países y definieron la continuidad del trabajo conjunto.

Ambos gobiernos acordaron mantener las acciones para localizar y destruir plantíos de marihuana y amapola en México. También plantearon impedir que las drogas fueran trasladadas hacia Estados Unidos y combatir a las organizaciones dedicadas al tráfico.

Según documentó El Informador, Nixon reconoció el uso de los recursos disponibles por parte del Gobierno mexicano y los resultados alcanzados en las campañas. De igual forma, expresó su aprobación al trabajo realizado por las autoridades mexicanas.

La cooperación comprendía el uso de aeronaves para localizar y destruir cultivos. Cinco helicópteros y tres avionetas proporcionados a México por Estados Unidos el 13 de julio de 1970 habían participado en esas operaciones. Las aeronaves ampliaron la capacidad para identificar plantíos en regiones de difícil acceso y apoyar las labores realizadas en tierra. Las operaciones formaban parte de una campaña dirigida tanto contra el cultivo como contra el traslado de estupefacientes.

Los representantes de ambos países indicaron que la cooperación permitiría mantener las acciones durante el año siguiente. Entre los objetivos se encontraba eliminar el tráfico de drogas y evitar que las sustancias llegaran a consumidores estadounidenses.

En las conversaciones también fue planteado el consumo de estupefacientes entre jóvenes. Los funcionarios felicitaron mutuamente a los gobiernos por los resultados obtenidos hasta ese momento en la lucha contra el crimen organizado y señalaron que el problema requería acciones permanentes de los dos lados de la frontera.

“Pidieron que se exhorte a los jóvenes, y a las personas de edad, en contacto con ellos, para que mediante su colaboración se alcancen los objetivos deseados de eliminar el uso de drogas y estupefacientes”, consignó la cobertura.

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