Ideas

Vivir sin pasado

Han sido semanas ajetreadas, pero no por eso me he permitido descuidar uno de mis más sagrados deberes, la lectura. Muchas veces escribo mi columna con pequeñas sinopsis o reflexiones de algún libro en particular, pero esta vez, quisiera centrar mi escrito alrededor de una frase que me capturó por completo. No mencionaré el libro del que saqué la frase para no distraer y haré referencia a él tal vez la próxima semana que lo haya terminado, pero la autora Jacqueline Harpman escribe lo siguiente: “Ahí me di cuenta de que nunca pensaba en el pasado, vivía en un presente perpetuo, estaba olvidando mi historia.”

La razón específica por la que esta frase llamó mi atención es que parece contraindicar la narrativa actual del mindfulness y de vivir en el presente promovida por autores como Eckhart Tolle en “El poder del ahora”. Pero igualmente resonó en mi interior solo como la verdad puede hacerlo. Y es que, ¿pudiera ser que vivir en el torbellino del presente perpetuo nos haga olvidarnos de quienes somos y a dónde queremos ir? Estamos ocupadísimos, sobreestimulados, llenos de compromisos, reuniones, lugares que ver y cosas que hacer. Constantemente pienso en el conejo de “Alicia en el País de las Maravillas” al notar al ritmo al que voy, pensando en mi futuro más inmediato y las sensaciones de lo que en el presente me parece urgente de atender.

Y aunque sí, mirar excesivamente al pasado puede ofrecer como fruto la nostalgia, el rencor y el resentimiento, una sana medida de pasado nos permite recordar quiénes somos. Recordar viene de “re cordis”, volver a pasar por el corazón. Hacer una pausa y mirar hacia atrás puede ser motivación suficiente para llamar a un viejo amigo o tener un detalle con una persona que en otros momentos ha sido atenta contigo. Mirar al pasado puede inspirarte a vivir tu cotidianidad de una forma que conecte más con tu historia. Es encontrar el valor de un antiguo recetario familiar, de la belleza de algunas tradiciones que se han perdido para ser sustituidas por las tendencias del momento.

Me ha llamado la atención ver en redes sociales a personas haciendo el mismo ejercicio, con la misma orden de café en la mano, y variaciones infinitas de un mismo ajuar salpicado con toques de lo que está “dentro” para esta temporada. Se convierte en un patrimonio efímero y artificial que desconecta a las personas de un patrimonio real y heredado. Porque mirar al pasado es recuperar la individualidad y el sentido tan único de nuestra historia.

¿De dónde vienen tus abuelos? ¿A qué cultura te sientes conectado? ¿De qué gran clásico literario o compositor te estás perdiendo por enfocar tu atención solamente en la lista de los bestsellers o las Top 50 canciones del momento?

Esta semana, en su audiencia general, el Papa León XIV dedicó su catequesis a la música sacra y advirtió que no es “un mero adorno de la celebración”, sino parte integrante de la propia acción litúrgica. Esta misma lógica aplica a lo que quiero decir en este artículo, que el pasado no es un accesorio decorativo sino la sustancia que da un sentido real al presente.

El llamado a vivir en un presente perpetuo es también una manera de robar la atención del origen, lo cual impide determinarlo y llegar a un destino. Pienso otra vez en el conejo, en su reloj y en su prisa, en el vórtice al que nos succionan las redes sociales. Yo no quiero vivir así. Elijo levantar la mirada, detenerme y voltear hacia atrás para saber de dónde vengo antes de saber a dónde corro.

@luciachidan

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