“Tarzán” y “Memín”
“¡Krigah, Tarzán, Bundolo!”. Ese famoso grito de “Tarzán, el rey de los Monos”, un personaje ficticio creado por Edgar Rice Burroughs, formó parte del vocabulario de nuestros juegos de la infancia, sobre todo cuando salíamos del cine Reforma o del Variedades después de haber visto una película de “Tarzán” el rey de la selva, en las muchas cintas que protagonizara Johny Weissmüller aunque el grito en el cine sonaba distinto del que aparecía escrito en la historieta.
Respecto de la historieta, recuerdo que cada quince días la compraba en el puesto de periódicos y revistas que se encontraba en la esquina de López Cotilla y Ocampo en el Centro de nuestra Ciudad. Tenía una historia completa en cada edición, y disfrutaba con su lectura y con los espléndidos dibujos en los que iba “Tarzán” en medio de la selva montado en su elefante “Tantor”, a un lado el León “Jad-Bal-Ja”; el monito que se llamaba “Nikima”, (en las películas el changuito se llamaba “Chita”) y nuestro héroe vivía en la selva en una casa construida en un árbol de donde lo mismo descendía de una escalera formada con lianas o se columpiaba de una en una para salir a la aventura. Allí vivía nuestro héroe, acompañado de su esposa “Jane” y su hijo “Boy”.
Eran aventuras emocionantes las de este personaje que protagonizara en el cine Weissmüller. Pudimos verlo en varias cintas que se filmaron en la década de los años 30, en blanco y negro, como “Tarzán y la cazadora”, “Tarzán y su hijo”, “Tarzán de los monos”, “La fuga de Tarzán” y otras más que tuve oportunidad de verlas en el extinto cine Reforma, que se encontraba ubicado en Pedro Moreno y Escorza, contra esquina de lo que ahora es el Edificio de la rectoría de la Universidad de Guadalajara, un cine relativamente pequeño, donde sábados y domingos ofrecían las matinés que tanto disfrutamos.
Edgar Rice Burroughs, el creador del personaje, fue un prolífico escritor de novelas fantásticas fallecido en Encino, California, Estados Unidos en 1950 y dejó muchas obras que vale la pena conocer. Escribió en 1912 “Tarzán de los monos” que fue la inspiración de la primera película y también algunas novelas ambientadas en el planeta Marte.
Un escritor detallista que incluso concibió en el caso de “Tarzán”, un lenguaje ficticio africano llamado “Mangani”, con el que supuestamente se comunicaba con las distintas tribus de lo que antes se le llamaba el continente negro.
“Tarzán” era un personaje ficticio creado por Edgar Rice Burroughs que escribió la historia a partir de un niño, hijo de un aristócrata inglés de apellido “Greystoke”, que junto con su familia naufraga en las costas de Africa, y es criado por una familia de monos y allí aprendió a sobrevivir y tempo después, perfectamente adaptado a los peligros de la selva, toca rescatar a los sobrevivientes de un naufragio entre quienes venía “Jane Porter”, quien simplemente era conocida como “Jane” y se convirtió en su esposa.
Una historia apasionante y que fuera desmenuzada si se me permite la expresión a lo largo de muchas historietas y tiras cómicas, entre las que se relata algo que vale la pena reflexionar, cuando “Tarzán” regresa a sus orígenes en la Europa conservadora y aristócrata, pero decide regresar a la selva donde encuentra paz y mejor convivencia a pesar de las bestias salvajes, comparando la ciudad con una selva aún más peligrosa. En suma, una novela interesante ésta de Edgar Rice Burroughs de donde se inspiraron las historietas y las películas.
“¡Mamé linda!” El saludo de “Memín pinguín” a su mamá, “Doña Eufrosina”, cuando regresaba de la escuela. Memín fué personaje creado por Yolanda Vargas Dulché en el año de 1943 y la historieta resultó todo un éxito.
“Memín” formaba parte de un grupo entrañable de amigos que compartían alegrías y tristezas; “Carlangas”, “Ernestillo”, el “Riquis”, “Trifón Godínez”, el “Profesor Antonio Romero”, los señores “López”, la “Tía Canuta”, muchos personajes que hicieron la delicia de los niños y los no tan niños, puesto que los adultos también iban los lunes al puesto de periódicos a adquirir su ejemplar de “Memín”, y cuando íbamos a la peluquería, formaba parte del acervo literario —válgase la expresión— que estaba a disposición de los clientes en compañía de otras revistas y los periódicos, y la verdad no importaba volver a leerla, era en verdad apasionante.
“Memín”, era un simpático niño huérfano de padre, hijo de “Doña Eufrosina”, una lavandera, ambos negritos, que a pesar del color de piel no eran discriminados ni la escritora —al menos que yo recuerde—, nunca sugirió un tema de desprecio por este motivo, aunque sí en alguno que otro episodio, se hacía referencia a su condición humilde y nos mostraba que con sacrificios, lavando ajeno, esa robusta mujer, sostenía los estudios de su pequeño y de alguna manera mandaba un mensaje positivo para que nos tratáramos todos por igual sin distinción de clases sociales y supiéramos valorar el enorme sacrificio de nuestros padres por brindarnos educación, además de valorar en todo lo que representa la verdadera amistad.
Yolanda Vargas Dulché también escribió la historieta “Lágrimas, Risas y Amor”, que publicaba la Editorial VID, que fundó con su esposo Guillermo de la Parra (abuelo de Alondra de la Parra, la reconocida directora de Orquesta).
El nombre de “Memín” surgió del hipocorístico del esposo de la señora Vargas Dulché, y le surgió la idea de ese personaje, durante un viaje a Cuba donde vieron a un simpático niño que permitió a Yolanda hacer este personaje inolvidable en su novela.
Vargas Dulché también fue argumentista de diversas telenovelas como “Rubí”, “El pecado de Oyuki” y “Yesenia” que acapararon la atención de los televidentes de mediados de los setenta y escribía argumentos de otra historieta que se llamaba “Ayúdeme Doctora Corazón”, que tal vez ustedes recuerden también.
Así como estas dos historietas que ocupan el tema central de mis recuerdos, en la década de los sesenta del siglo pasado, muchas otras que se convirtieron en favoritas de chicos y grandes. En alguna página anterior, les platicaba de algunas de ellas, como “Vidas Ejemplares”, “Joyas de la Mitología”, “Vidas Ilustres”, “Epopeya” y las de temática western como “Aventura”, “Roy Rogers”, “Red Rider” y una más que no quisiera omitir y seguramente ustedes llegaron a leer y se llamaba “Tradiciones” y “Leyendas de la Colonia”, que tenía muchos datos verídicos, entremezclados con historias de aparecidos y fantasmas.
Hay mucho más en las páginas de mis recuerdos, que en entregas posteriores habré de compartir con ustedes. Les agradezco su lectura y sus mensajes y aquí en EL INFORMADOR los volveré a encontrar si Dios quiere, el próximo domingo, como siempre, acompañado de mi café y mis acostumbrados bísquets con mantequilla y mermelada de fresa.