Ideas

Sin celulares

Una de las más sorprendentes y grandiosas invenciones de fines del siglo XX fue el teléfono celular o, mejor dicho, el teléfono inalámbrico personal, que anteriormente solamente se veía entre los grandes empresarios, o en series como la de “Batman y Robin”. Esta novedad que no ha dejado de evolucionar y lo ha hecho rápidamente, desde los celulares tipo ladrillo de 1994, hasta los de tipo tableta de chocolate, ha supuesto una revolución mucho mayor de lo imaginado.

Tuvo como contraparte la paulatina e indeclinable desaparición de los teléfonos públicos y de sus cabinas, pero incluso tiene bajo amenaza a los teléfonos fijos, a las cámaras fotográficas y de videograbación convencionales, al servicio postal y al telegráfico; hizo casi desaparecer a las operadoras telefónicas para conferencias de larga distancia, y ha puesto en jaque a familias, escuelas y sociedades.

Y es que a la invención del teléfono portátil vino como añadidura revolucionaria el fenómeno de las redes sociales operantes ya desde 2007, lo cual trajo igualmente cambios radicales hasta en la forma en que los seres humanos se relacionan y comunican. También en los medios para informarse, investigar académicamente y, por supuesto, hacer trampa en los exámenes.

El uso del celular representa hoy en día una de las manías tecnológicas más sorprendentes de nuestra historia con una impresionante gama de interpretaciones sociológicas, psicológicas y antropológicas, es igualmente una manía universal, o sea, no es de una edad, de un gremio laboral, de una oscura secta, es de todo mundo y a todas horas, llegándose el caso de que ya existen centros para la desintoxicación de la dependencia al celular.

Y como la esencia de la manía es la adicción, y ésta no respeta lugares, condiciones ni horas, puesto que es compulsiva, desde hace años comenzaron a darse accidentes del más diverso tipo a causa del indiscriminado uso del celular, lo cual hizo que muchos países comenzaran a multar severamente a quienes hacen uso de este teléfono mientras van conduciendo un vehículo. Pronto los empresarios y comerciantes tendrán que hacer lo propio y lo estarán ya haciendo, pues sus empleados en vez de cuidar el puesto, atraer o atender al cliente, se la pasan clavados en su pequeña pantalla, y hasta se molestan si alguien los distrae de su empeño, sin duda es la felicidad plena y total de la burocracia que por fin ha encontrado un modo divertido de matar el mucho tiempo que pasan haciendo antigüedad en sus puestos de trabajo.

El asunto no paró ahí, vino la seria afectación del rendimiento académico en todos sus niveles, de tan graves consecuencias, que los Gobiernos más atentos y comprometidos con la formación de sus nuevas generaciones decidieron, sin mayor trámite, controlar su uso durante los horarios escolares en todos los niveles, y aún suprimirlo, por ejemplo en las escuelas primarias de por lo menos 114 países, entre ellos y de manera pionera, Francia, ya desde el 2018, luego China, Australia, Italia, Países Bajos, etc., mientras que nosotros apenas hemos comenzado con el proceso, pero al menos, ya comenzamos.

¿Y cuál es el problema de esta casi universal preocupación? Primeramente la concentración en el aula, para lo cual puede ser útil este aparato si se hace bajo una adecuada e inteligente conducción, pero no cuando se usa de manera libre, en segundo lugar el aislamiento social que aleja a los alumnos de la convivencia y el juego de contacto ya que dedican los recreos a consultar sus redes, en tercer lugar el escapismo psicológico que tiene un alto costo, e incluso el riesgo de caer en todo tipo de trampas delincuenciales, o de los simples “retos” que no pocas veces han resultado fatales.

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