¡Salud!
Esa es la palabra paradójica que se pronuncia cuando se chocan las copas y, claro, los caballitos de tequila, hasta que de pronto todo se descompone porque la obra de teatro que se estaba desarrollando se altera, ya que uno de los personajes principales comienza a romper el parlamento, a improvisar por su cuenta, a dejar el guion establecido. La confusión en el escenario es total, los demás actores ya no saben qué decir ni qué hacer; sin embargo, para que el público lo note, se requiere de más tiempo, se requiere que de golpe la autoridad se suba a la palestra y arreste al actor infractor. ¿Qué sucede después? Los demás actores recuperan el aliento, se arreglan el vestuario, se sustituye al que modificó la actuación, y todo sigue igual, con aplauso general de los asistentes.
A nivel nacional se divulgó la noticia del arresto del alcalde de Tequila que, porque se dedicaba a la extorsión, y porque presumía a los cuatro vientos estar al servicio del mero jefe, bueno, pues esta última acción fue, en efecto, la causa del arresto: haber perdido el control, la discreción, las apariencias; fue el chamaco que olvidó las reglas o quiso, por una vez en la vida, ser sincero, y que si lo sabe Dios, que lo sepa el mundo.
El guion oficial que marca el desarrollo de la vida pública en México, desde los tiempos del presidente Abelardo Rodríguez, es que en este país todo marcha bien, que la delincuencia es perseguida, que no hay arreglos ni connivencias entre cárteles y autoridades, que a los alcaldes los sigue eligiendo el voto popular, no los mafiosos, que las policías municipales las controla el Gobierno, que la extorsión no existe y, si se da, se castiga conforme a la ley, que no hay en México territorios sometidos al poder de la delincuencia organizada, que seguimos siendo un país soberano y no se dan dobles gobiernos ni dobles tributaciones; este es el guion y todo mundo debe respetarlo, aunque todo mundo haga exactamente lo contrario y la realidad sea justo lo opuesto a lo que el guion señala. Por lo mismo, la vida oficial del país es una obra de teatro cuyo éxito depende de que cada actor se sujete a lo establecido, porque la función de los actores no es ser, sino fingir que son lo que no son, y el público está invitado a creérselo también.
Si de pronto a un actor se le olvida y comienza a hablar y actuar sin vestuario, y al margen de todo parlamento aprobado, va a tener problemas. Si no fuese de esta manera, ¿cómo nos explicaríamos que alcaldes como el de Tequila los haya por cientos en toda la república? ¿Cuál es la diferencia? Que ellos sí respetan el guion, pues de no hacerlo, no solo la fuerza pública, sino hasta la delincuencial colaboran para que tales imprudentes sean de inmediato sometidos, porque echan a perder la magistral obra de teatro que todos conocemos.
Ojalá las cosas fueran como parecen, y tras de un arresto siguieran todos los demás. ¿O debemos seguir fingiendo que no nos damos cuenta de que buena parte de los municipios de Jalisco están bajo el control de la llamada “maña”? Ya ni siquiera es un secreto que deba mantenerse oculto, cuando todo mundo lo sabe y lo dice municipio por municipio. ¿Será la hora de sincerarse y aceptar que en delante así serán las cosas?