Ideas

“Romería”: Vacíos fraternales o la imperfección de la memoria

“Romería” de Carla Simón es una película bellísima. Tan linda como lo fueron “Verano 1993” y “Alcarràs”. Se trata de un largometraje sobre memorias incompletas, sobre cómo se construye la imagen del otro a través de lo que se dice (o lo que se elige decir acerca de los ausentes) y sobre el impacto (directo o colateral) de la genealogía en quién soy: mi fisionomía, mi identidad, mi carácter, mi constitución social y hasta la percepción que el otro tiene de mí, como cuando alguien dice “cómo se parece a su mamá”, “ah, lo que pasa es que es hija de...” o “te gusta mucho el mar, igual que a tu papá”.

El relato de Simón, nominado al Goya al mejor guion adaptado y a la mejor dirección, nos invita a reflexionar sobre la influencia de los padres en nuestra estampa (no sólo física, también emocional), incluso si esos padres son fantasmas que, desde el más allá, desde la ausencia, desde el encierro o la privación, inciden en quiénes somos o dejamos de ser. “Romería” es la historia de una hija que busca y rebusca, que intenta construir la imagen más fiel de sus padres a partir de recuerdos ajenos y de construcciones chapuceras, porque la memoria, a veces -siempre-, nos hace trampa.

Marina (interpretada por la magnífica debutante Llúcia Garcia) es una chica huérfana de madre y padre que, para solicitar una beca, viaja a Vigo para hacer un trámite aparentemente sencillo: conseguir un acta de nacimiento de su papá. Dicho documento lanzará una revelación que la llevará a visitar la casa de los abuelos paternos.

Las historias que Marina ha escuchado de sus padres (así como las que ha leído en el nutrido diario de su mamá) se verán confrontadas por lo que la gente “recuerda” de ellos, por lo que cuentan o deciden contar. Los tíos, los primos, los abuelos... todos tienen una versión que compartir sobre esos padres occisos, irremplazables, cuestionables, innombrables, amados, idealizados, anhelados según el caso, según la cabeza y según los dolores que cada quien carga. ¿La verdad está en los polos o en el punto medio? ¿En las coincidencias o en la contradicción? ¿En el diario de la madre? Su tránsito por las memorias de muertos y vivos lo hará sola, acompañada nomás de su cámara de video.

El relato de Marina nos enfrenta con una pregunta singular: ¿Quién se supone que somos (o qué se nos permite ser) cuando se asume que la familia es el único vehículo para ganar identidad o pertenencia? El viaje de la protagonista está armado por dimes y diretes, por muchas voces que opinan y señalan, pero a las que les tiembla la lengua cuando tienen que llamar a las cosas por su nombre: “drogadicto”, “sida”, “nieta”, “amor”... Todas son palabras impronunciables en las bocas más grandes, esas que vociferan, tal vez porque, detrás de su estrépito, hay vergüenza, culpa, estigma y frustración, hay alguna fantasía o ideal que no se cumplió, hay un evento convulso que pudo ser domado, o un resentimiento hacia el otro porque no fue lo que se quiso o porque partió “antes de tiempo”. Lo paradójico es que la misma gente que suele decir “se fue antes de tiempo” es la misma que se llena la boca diciendo “todos tenemos nuestra línea ya pintada”. ¿Entonces?

En un sitio paradisíaco, de mar y sol y risas y canciones, también hay dos fantasmas que torturan a todos, menos a Marina: a ella le dan un calor especial, aunque los recuerdos sean de dolor. “Romería” es una película sobre alguien que -con su cámara y el cuaderno de su mamá y los lugares donde ambos padres se amaron y se rompieron- le da forma por primera vez a sus propios recuerdos del otro y traza, cruzando el umbral de la adolescencia a la adultez, un camino donde ella puede ser plenamente quien es, con el otro o a pesar del otro.

Al final, “Romería” es otra pieza valiosa de Carla Simón. Algunos subrayan que es la más débil de la trilogía familiar de la cineasta barcelonesa. Puede que sí. Es una película a la que se le nota el retal, pero que no por ello deja de ser valiosa. La realizadora refrenda su dominio sobre el drama íntimo, pero también sobre los recursos de la autoficción para revisar la historia propia y, a la vez, crear relatos con alcance universal. Muy recomendable.

Temas

Sigue navegando