Recuerdos de juventud
Justo a las siete de la mañana empezaban a escucharse los primeros acordes de “La Paloma” en su versión instrumental, esa bella pieza musical compuesta a finales del siglo XIX por Sebastián Iradier Salaverri, compositor español, y así iniciaba sus transmisiones una de las estaciones radiofónicas que poco a poco se apropió de la preferencia de los tapatíos: Radio Juventud.
A las 10 de la noche cerraba su programación con ese mismo tema, después de brindarnos más de doce horas de bella música, y en más de alguna ocasión el aparato de radio me sirvió de despertador, pues me dormía escuchando el tema de despedida, no apagaba el radio, la frecuencia quedaba en silencio y hasta el día siguiente, a las siete de la mañana, con un alegre despertar.
Allí, las voces de Tomás Rubio Gutiérrez, Aniceto Guerrero y Francisco Santana Vidrio, entre otros, nos presentaban los éxitos del momento con su voz bien timbrada y educada; así disfrutamos de las interpretaciones de las orquestas de los años sesenta y setenta, como las de Caravelli, Frank Pourcel, Billy Vaughn, Mantovani; de los enormes pianistas Ferrante & Teicher, Carmen Cavallaro, Liberace; del maestro Roger Williams, Santo y Johnny Farina; de las voces de Perry Como, Andy Williams, Dean Martin, Frank Sinatra, Tony Bennett, Cat Stevens, Roger Whittaker y muchos más.
A eso de las 2:30 de la tarde, la programación incluía treinta minutos de música continua, sin anuncios y, aleatoriamente, a la conclusión de alguna melodía, solo se identificaba la estación: “XESP, Radio Juventud”, y nos acompañaba a la hora de la comida.
Transmitía en el 1370 en la banda de amplitud modulada, y recuerdo también Stereo Juventud y Stereo Soul, que lo hacían en FM; sin embargo, la predilección de los radioescuchas siempre fue hacia Radio Juventud en AM, sobre todo de la audiencia adulta.
Radio Juventud llenó toda una época y, cuando se cambió a la modalidad de la radio hablada, quedó como recuerdo de tiempos idos un programa que justamente, y con las debidas licencias, adopté como título de mi artículo de hoy: “Recuerdos de Juventud”, que conducía Tomás Rubio, aunque los temas musicales ya no eran de las grandes orquestas que les mencioné párrafos atrás, sino de la época del rock, como Elvis Presley, The Drifters, Fats Domino, The Andrews Sisters, Ritchie Valens, Bobby Vinton, Chubby Checker, Barry White, Bobby Darin, Neil Sedaka y otros muchos intérpretes solistas y agrupaciones musicales.
Otra de las estaciones que recuerdo que escuchaba a finales de la época de los años sesenta y principios de los setenta era la “zeta zeta”, que presentaba “una etapa de música continua”, sin anuncios comerciales, y que era realmente música ambiental que, en oficinas, consultorios y en algunas casas comerciales, era escuchada por ser instrumental, música estridente, del mismo tipo que programaban en Radio Juventud.
Otro de mis recuerdos es de una estación de radio que se especializaba en difundir mensajes a las personas que vivían en comunidades rurales; su programación estaba basada en música ranchera, pero una buena parte de su transmisión estaba orientada a los avisos; así, por ejemplo, el locutor anunciaba: “Atención: a la señora Domitila, la de Juan, que nos escucha en el Rancho del Cócono Pelón, de la Municipalidad de Cotorrastrán de las Ingratas: se le avisa que su marido ya compró la pieza del tractor que andaba buscando y, Dios mediante, a la una de la tarde tomará el camión en la central y llegará a las cinco de la tarde para que le tenga aprevenida la comida, los frijolitos y el molito en la lumbre con sus gordas recién hechas”; los mensajes eran variopintos; era una alternativa de comunicación para localidades apartadas.
También había un espacio para el romance, pues en las tardes, en otra emisora que ya no existe en la ciudad, al menos con el formato que tenía, se llamaba Radio Variedades y era famoso el programa llamado “La Hora de los Novios”, que justo comenzaba a las cinco o seis de la tarde, con la canción del mismo nombre, interpretada por Los Baby’s, ese fabuloso grupo setentero originario de Yucatán, fundado por los hermanos Ávila Aranda, de la tierra del faisán y del venado, agrupación que en un principio se llamó “The Rockies” y se cuenta que, a raíz de una presentación en Belice, a su productor artístico se le ocurrió cambiarles el nombre porque el público decía que eran unos bebés cantando. Cosas de la vida y del ambiente artístico.
Regresando a los recuerdos de juventud, cambiando de tema, antes los jóvenes nos reuníamos en las “tardeadas”, que eran reuniones escolares, familiares y de amigos adolescentes y jóvenes, en donde se escuchaba música, se bailaban los ritmos del momento y dos cosas importantes: en las reuniones no había alcohol y se convivía en un clima de absoluto respeto; como su nombre lo dice, eran convivencias vespertinas y a las ocho o nueve de la noche ya estaba uno de regreso en su casa.
También nos reuníamos en la nevería. Hoy los jóvenes se reúnen en los “antros”, denominación que procede del latín antrum (caverna, cueva, gruta), y el lenguaje popular los identificaba como tugurios o lugares de mala fama, casas de mala nota.
En las neverías había una rockola en donde, con una moneda de veinte centavos o con un tostón (moneda de cincuenta centavos) que se introducía en una ranura, podía uno escoger un par de canciones que se seleccionaban de la lista que tenía el aparato; se oprimían las teclas de la clave con letra y número, eran los éxitos del momento que se escuchaban también en la radio y, en ese momento, nos parábamos a bailar o a cantarla y la dedicábamos a la novia.
Quizá muchos de ustedes, al escuchar una de aquellas canciones interpretadas por Angélica María (“Paso a Pasito”), Enrique Guzmán (“Payasito”), Manolo Muñoz (“Pera Madura”), César Costa (“Tímida”) y Alberto Vázquez (“Esta noche mi amor”), y otras más con Mayté Gaos, Pily Gaos, Monna Bell, vuelven a recordar esos momentos románticos que vivieron y casi vuelven a disfrutar de un banana split. ¿Se acuerdan de qué tenía? O tal vez, ¿una malteada de fresa o chocolate?
Híjole, qué tiempos, qué recuerdos. Como siempre, quisiera seguir compartiendo con ustedes mis vivencias, pero “hay más tiempo que vida”, decía mi padre.
Ya saben que mi correo está a su disposición para sus sugerencias, comentarios, observaciones y correcciones; toda comunicación, bienvenida.
Por hoy aquí le dejamos. Espero tener el honor de su lectura el domingo próximo, aquí mismo, en EL INFORMADOR, si Dios quiere. Y, como siempre, los espero con mi taza de café, acompañado de bísquets con mantequilla y mermelada de fresa.
lcampirano@yahoo.com