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Taddei, instrumento desechable

Guadalupe Taddei era el ejemplo público más vulgar de la promiscuidad de la 4T. Su figura más impúdica, no porque fuera la peor, sino porque era la más cínica. Taddei valdría poco de no haber sido reclutada como una persona funcional para que el Instituto Nacional Electoral se pusiera al servicio del autoritarismo que está instalando Morena. El estercolero en el que se encontraban ella y el régimen no había sido una falla en el diseño de la ingeniería, sino en la persona.

La consejera presidenta del INE se convirtió en un caso de estudio sobre cómo lo importante en la controversia por haber entregado millones de pesos en contratos a una persona tan cercana a ella en lo personal y familiar tenía a Taddei como protagonista visible, pero escondía un enfrentamiento en la aristocracia de Morena -respaldarla o cortarle la cabeza- que dio lugar a alianzas caprichosas entre enemigos.

Adversarios declarados coincidían en la idea de que debía irse, pero el control que mantiene Andrés Manuel López Obrador sobre su grupo de incondicionales frenó hasta el último momento su descabezamiento.

Esto no significaba que Taddei no se encontrara en un hoyo que apestaba, al que se metió sin que nadie la empujara, salvo su propia ambición y avaricia. Eso fue lo que abrió la puerta a los videos y las grabaciones sobre su relación con el importante proveedor del INE, Alfredo Hernández. Personas que hablaron con él días antes de que comenzara la debacle de Taddei, con la revelación de Reforma del 20 de octubre sobre un chofer fantasma que ganaba 45 mil pesos, escucharon su insinuación de que él había iniciado las filtraciones porque le habían quitado una adjudicación.

La Presidenta Claudia Sheinbaum, según dijeron funcionarios, se encolerizó con las revelaciones, y su molestia se incrementó cuando el diario agregó, un día después, que Taddei tenía relaciones personales con proveedores. Los hallazgos movilizaron de inmediato a líderes de Morena en el Senado, quienes, encabezados por Adán Augusto López, empezaron a cabildear para que fuera sustituida. Sheinbaum y López, enemigos políticos, quedaron unidos por Taddei, aunque por razones diferentes.

La Presidenta tenía un solo contrapeso para decidir su salida: una de las recomendaciones que le heredó el ex presidente López Obrador era no moverla de su cargo, por lo cual estaba nuevamente en una camisa de fuerza. El senador López, por su parte, vio la oportunidad de golpear al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, quien, después de la elección de gubernatura en su Estado el próximo año, asumirá -si no se le cae en el camino- la Secretaría de Gobernación. Durazo, en la práctica, es el jefe inmediato superior de Taddei, y su relación orgánica es pública e impune.

Durazo fue el principal impulsor de Taddei y su relación se ha forjado mediante nombramientos cruzados de familiares o personas cercanas a ambos. Uno de los hijos de Taddei, Luis Rogelio Pineda Taddei, es secretario particular de Durazo, y su hermano menor fue quien apareció en una grabación realizada por el empresario Hernández, bebiendo gustosamente champaña en el hotel parisino de cinco estrellas Le Meurice, cuya estancia pagó el benefactor familiar. En las fotografías publicadas la semana pasada por Reforma, de las fiestas organizadas por Hernández para Taddei, aparece José Alberto Pérez de Acha, director de Sistemas y Operaciones del INE, quien es hermano de Luis Manuel Pérez Acha, un abogado casado con la hermana de la esposa de Durazo. En las mismas fotografías aparece el joven empresario Fernando Marón Kahwagi, quien, a la muerte de su abuelo Jorge Kahwagi, quedó al frente de todos sus negocios, incluida Cosmocolor, una empresa altamente reputada en el mundo por sus sistemas de identidad y digitalización, y a la que recientemente, en alianza con el empresario cercano a Taddei, se le adjudicó la producción de las credenciales de elector.

Taddei fue un tema relevante en Palacio Nacional la semana pasada, pese a los días difíciles por el conflicto del Seguro Social. Lázaro Cárdenas, jefe de la Oficina de la Presidencia, analizó toda la información para evaluar el alcance político y las implicaciones del caso. La Unidad de Inteligencia Financiera, paralelamente, inició una investigación en su contra ante el cúmulo de revelaciones periodísticas que la colocaban en los límites de la legalidad. No se sabe si la UIF concluyó su análisis ni cómo podría ser utilizado por la Presidenta.

En los días en que crecía el malestar de Sheinbaum, su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, trató de desacreditar las revelaciones en los medios, pero sus gestiones no tuvieron éxito. Ramírez Cuevas probablemente la defendía por lo que tejió en el gobierno de López Obrador, cuando fue el enlace directo del entonces presidente con la presidenta del INE, a quien transmitía las instrucciones que le enviaban desde Palacio Nacional y que ella nunca dejó de acatar. Era una pieza tan importante para el control electoral que el año pasado Morena cambió la ley para entregarle a Taddei la decisión unilateral de nombrar a todo su equipo, que antes se seleccionaba de manera colegiada.

La decisión de relevarla parecía inminente en Palacio Nacional hasta la mañana del viernes. Desde ahí le enviaron a Taddei el mensaje de que nadie la defendería. A las acciones no públicas se sumaron las públicas. Sheinbaum forzó a Taddei a dar la cara y pidió a la Auditoría Superior de la Federación investigar su gestión. Sin embargo, en el transcurso del viernes, la Presidenta empezó a cambiar de parecer porque Taddei era una de las herencias de López Obrador y su salida afectaría el legado del ex presidente.

Es el mismo razonamiento aplicado a los gobernadores de Baja California, Quintana Roo, Sinaloa y Tamaulipas, acusados de vínculos con los cárteles, y a las imputaciones contra el senador López y Andrés López Beltrán: un manto protector para López Obrador, su legado y el movimiento, hasta la ignominia, a costa de la Presidenta, su gobierno y México. Pero, como dijeron varios miembros de Morena en privado, la situación era insostenible. La maquinaria propagandista claudista se dedicó a golpear a Taddei durante todo el fin de semana.

La salida de Taddei, prevista para este lunes, buscaría restablecer la credibilidad del INE, que la propia Taddei estaba llevando a la basura con sus abusos, conflictos de interés y probables corruptelas. Habrá un punto final para este episodio, pero la impudicia cuatroteísta no se habrá eliminado. No habrá un cambio de dirección ni le devolverán la independencia al instituto. Es ingenuo pensarlo. Ya se verá en la persona que la sustituya.

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