Reaparece el EPR
Una serie de cateos en el estado de México y la Ciudad de México dentro del Operativo Enjambre, descubrió algo totalmente inesperado: una casa de seguridad del EPR, el acrónimo del Ejército Popular Revolucionario, un grupo armado con raíces en Oaxaca y Guerrero, del que hacía más de 20 años no se sabía nada en el centro del país. En la casa de seguridad, ubicada en la alcaldía Tláhuac, encontraron documentos y manuales de organización política-electoral de Morena. El hallazgo sorprende, además, porque el EPR tiene una posición muy crítica de la 4T, a la que considera aliada de los intereses políticos y económicos de los grupos que históricamente ha combatido.
A la casa llegaron por un pitazo, que señalaba que aparentemente allí se escondían secuestradores. Las autoridades federales se movilizaron, asumiendo que era parte de la red de funcionarios públicos vinculados a una banda de secuestradores, por lo que días antes habían capturado a Lino Rodríguez González, coordinador general de Gobierno de la región Sur-Sureste del Estado de México, que un juez liberó poco después por falta de pruebas.
La casa en Tláhuac no tenía vínculo con la red de secuestradores que estaban persiguiendo. Pero tampoco era fortuito que el EPR tuviera una casa de seguridad en esa alcaldía, donde vivieron durante los primeros años de este siglo los dirigentes de la organización guerrillera. El EPR perdió su santuario en esa alcaldía en noviembre de 2004, cuando dos agentes de la Policía Federal, sin experiencia en trabajo de campo, estaban investigando una casa por presunta venta de drogas, en el barrio de San Juan Ixtayopan.
Los agentes fueron detectados por la seguridad del EPR, que comenzó a circular entre los pobladores el bulo que eran secuestradores. La gente los comenzó a acosar y les emprezaron a increpar “¿dónde están las niñas? ¿dónde están?”. Investigaciones federales posteriores encontraron que quienes corrieron esa versión eran eperristas, que calentaron el ambiente hasta que la gente los detuvo y comenzaron a golpear. A uno de ellos le prendieron fuego y lo dejaron morir. Al otro lo rescataron con vida 10, horas después de haber sido capturado por la gente.
Desde entonces se perdió la pista de los dirigentes del EPR, que probablemente, por razones meramente biológicas, deben haber sido relevados hace algún tiempo. Del grupo poco se supo durante todo este tiempo, salvo por la publicación mensual de su periódico El Insurgente, que es distribuido mediante correos electrónicos. No obstante, una escisión del EZLN en Chiapas, que se acercó al EPR y al Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente, el ERPI, que surgió en 1998 de una separación del primero por diferencias estratégicas, pero también se mezcló con los grupos delincuenciales de las mototaxis, hizo una aparición presencial a principio de año para denunciar las políticas del gobernador Eduardo Ramírez contra la población, a quien hacen responsable de “desapariciones forzadas de personas, ejecuciones extrajudiciales, desplazamiento forzado, robo, extorsiones, detenciones injustas y tortura”.
El hallazgo de la casa de seguridad del EPR en Tláhuac, se puede argumentar, debió haber causado preocupación, pero sobre todo malestar en Palacio Nacional, donde siempre produce mucha irritación que un grupo social exprese sus críticas y oposición al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Las protestas sociales de los grupos de izquierda levantan ámpulas en el Zócalo, por lo que suelen enmarcarlas en la perspectiva de delincuencia del fueron común. El descubrimiento de la casa no recibió mayor cobertura de los medios, aunque, convenientemente, se informó internamente que también habían encontrado explosivos, con lo que podrían disfrazar lo que realmente había ahí.
Los manuales de Morena que se recuperaron sugiere que el EPR está estudiando sus tácticas y estrategias, lo que, en el contexto de una creciente agitación social, permite plantear como una hipótesis de trabajo que están pensando en infiltrar al partido y comenzar a buscar un cambio de dirección al que lleva en la actualidad. El diagnóstico de lo que está sucediendo en la 4T lo elaboraron en su edición de junio (https://shorturl.at/PmWZu), en la comenmoración de su 30 aniversario:
“En Morena se manifiestan convulsas luchas internas por mantener el control político del partido y el reparto de cotos del poder institucional, así como de los intereses económicos que de ellos derivan. Esto ha llevado a la exacerbación de la confrontación entre dichos grupos, al grado que ésta, escala de las piezas menores a los pasillos de Palacio Nacional, hasta llegar a los reflectores mediáticos.
“El proceder de la actual administradora de los intereses burgueses, Claudia Sheinbaum, es exactamente el mismo que el de la vieja política priista: maniobras, reacomodos y zancadillas políticas para allanar el camino o imponer abiertamente a personajes afines a su grupo de poder. Misma lógica observamos en el papel que quieren desempeñar los herederos del apellido López, que, de prósperos empresarios de los proyectos gubernamentales del sexenio de su padre, buscan impulsarse ahora como políticos de oficio y ‘continuadores’ de la labor de su progenitor”.
Una síntesis de su sentir de traición de la 4T, a cuyos dos gobiernos ha caracterizado como juntas administrativas, se encuentra en el editorial de su edición de julio de El Insurgente (https://h1.nu/1vREB), en donde subrayan:
“Económicamente la situación es igual, los proyectos de mayor importancia son proyectos que ya habían sido trazados e intentado ponerse en marcha por la oligarquía desde los sexenios panistas y posteriormente con EPN, viejos y nuevos planes oligarcas e imperialistas hoy se vienen a concretar de la mano de Morena bajo el manto del desarrollo económico para el pueblo y de la defensa de la soberanía, nada más falso, porque los grandes beneficiados no es pueblo sino los grandes oligarcas, políticos de oficio y personajes vinculados a los grupos de poder económico y político que hoy detentan la administración federal”.
Aunque el EPR mantiene su estrategia de Guerra Popular Prolongada, ha incrementado en los últimos años la formación de cuadros en sus escuelas clandestinas político-militar. En El Insurgente no se ha visto un cambio distinto en su método para alcanzar su objetivo, pero el hallazgo de los manuales de Morena en la casa de seguridad sugiere un posible replanteamiento y ampliación de sus procedimientos de lucha estratégica, por la vía política y a través de su frente de masas, que se expresa a través de diversas organizaciones sociales en el centro y sur del país que representan en algunos casos, una izquierda sin mascaradas.