Qué es Somos, qué será Somos
La organización partidista Somos lleva meses defendiendo su derecho de llamarse como quieren denominarse, de presentarse iconográficamente como les gusta -con el color propio de su breve, si bien contestataria en las calles, historia- y de que no les coarten.
Esa sería la segunda vida de Somos. La primera, como todo mundo sabe, se forjó en marchas en contra de decisiones de Andrés Manuel López Obrador. Fueron el mejor producto de la articulación desde la sociedad civil de un discurso contrario a AMLO. De ahí que convertirse en partido una vez que salió el ex presidente, y que el peor escenario de concentración de poder se cristalizó, era lo lógico.
Como lógico es que Morena, y por desgracia un Gobierno abusivo, se afane en hacer la vida difícil al nuevo partido. Lo harían con cualquier independiente recién llegado, pero tratándose de un grupo en donde hay figuras clave del ex perredismo en el que los morenistas de hoy también militaron, con más inquina se emplean en el embate, que incluye utilizar al INE-tapete de Guadalupe Taddei.
Entonces, la primera etapa se llevó primeras planas con enormes marchas y posicionamientos puntuales, mientras la segunda ha sido más sorda, más para el círculo, digamos, ultrarrojo.
¿Pretendía Morena traer azorrillados a los rosas para que se la pasen en tribunales y debates legales? Ni idea, pero la realidad es que a menos de nueve meses de la elección no se ve la tercera etapa de Somos.
Somos tenía una segunda oportunidad de crear una primera impresión. Hace meses les cantaron que les quitarían el México del nombre, y al final hasta el color. Vulgares chicanadas, sin duda.
Pero ¿y si en vez de afanarse con su propuesta original hubieran relanzado antes su marca?
Desperdiciada esa chance, lo más grave es que también parecen atrapados en sus discursos pre2024.
Quienes integran el cuerpo directivo de Somos tienen unas cuantas horas para prohibirse hablar INEñol en público, para dotar de algún sentido popular ese término de la transición nada sexy llamado “contrapesos”, de inventar algo que diga rápido qué quieren, y por qué cualquier hija de vecino debe votarles en vez de otro opositor e incluso en lugar de optar por Morena o sus aliados.
La defensa de la democracia es un noble fin. La denuncia de la destrucción institucional, también. Machacar los riesgos de caer de lleno en autoritarismo, ni qué decir. Grandes causas, pero ¿rendidoras de votos en la elección venidera?
¿Hay dos millones de no panistas ni priistas esperando ese discurso para votar por Somos?
Las campañas son para ganarse. Más aún para quienes se juegan el todo o nada luego de lo mucho que les costó alcanzar el registro. En estas semanas en que han defendido su logo y nombre, habrán recibido la simpatía que suele despertar un bulleado. Sin embargo, puestos a movilizar masas, en política se requiere de mucho más que la solvencia de estar siendo acosado por tener la razón.
Y solo para decirlo claramente. Si no habían arrancado porque estaban esperando los tiempos legales para hacerlo, pues no estarían entendiendo que cuando el INE era el INE era comprensible esa pulcritud. Pero ahora que Morena pondrá especial empeño en que justo a ellos les vaya peor que a otros, tendrían que haber encontrado la manera de no violar la ley al tiempo que se posicionaban.
Somos fue un movimiento en contra de AMLO. Somos es articulado discurso que desnuda la frecuente estulticia del INE. ¿Qué será Somos para ganar los millones de votos en los que le va la vida?