Ideas

Pueblos mágicos

La invención de este concepto fue obra de don Eduardo Barroso Alarcón, allá por el lejano año de 2001. Su propósito no era solamente la promoción del turismo, sino también reconocer, y en consecuencia, conservar aquellos pueblos que conservaban una singular historia y riqueza en tradición y cultura. Al presente existen en México 177 pueblos reconocidos con esta denominación, de los cuales en Jalisco hay doce.

Los requisitos para alcanzar este título incluyen no solamente el valor patrimonial histórico y cultural, sino contar con diversas condiciones de infraestructura básica como conectividad, salud, seguridad, manejo de residuos, hospedaje variable, etcétera.

Entre los pueblos mágicos de Jalisco se destacan San Sebastián del Oeste, Mascota, Cocula, Tequila, Sayula. Los podemos visitar y enterarnos que buena parte del comercio semi fijo está bajo la tutela del jefe de la maña, como acostumbre decir la gente, que el fijo y el ambulante no se escapan de pagar plaza, que se pueden visitar sin pasar por migración interna, como en otros pueblos no mágicos que la exigen, pero el carácter de mágico no le da al visitante garantías de regresar sano y salvo, pues no hay uno sólo de los 12 pueblos galardonados donde no mande y disponga el crimen organizado, si hemos de creer a los lugareños, que luego dan santo y seña de toda esta inmensa telaraña que no respeta a nadie.

En cuanto a los caminos, es otro tema. La magia de llegar a Cocula es poderlo hacer con el vehículo intacto y el espíritu dispuesto para lograr ver belleza natural ahí donde personas menos inspiradas ven follaje creciendo junto a las vallas centrales de la carretera, o descubrir el histórico paso del ser humano ahí donde otros ven solamente basura del más diverso tipo. Pero si su audacia lo impulsa a visitar San Sebastián o Mascota, tendrá igualmente la posibilidad de conocer la manera en que evoluciona una carpeta asfáltica dejada a su suerte y al recio impacto de los aguaceros, pasando por pueblos de aparente quietud, bajo la disciplina férrea de los jefes de plaza, que no logran quitar el ánimo frondoso a las fondas de Atenguillo, o de las “aplaudidoras”, ya enfilados por la recta de Mascota.

Tequila tiene mejor suerte, pues hay una autopista en toda forma y en general conservada, a menos que quiera irse por la libre, que tiene también su encanto, sus retadores baches, la sinuosidad con que aparece y desaparece el camino amenazado por la jungla de lo que pudieran llegar a ser acotamientos. El pueblo agavero goza de buena salud y seguridad garantizada, pero no por las autoridades elegidas, sino por las impuestas, desde luego, seguridad a medias, pues eso de poner a las gallinas bajo el cuidado del coyote nunca ha sido una buena idea. De cualquier manera, es visitable, sobre todo de día, condición que vale para cualquier otro pueblo del Estado sea o no sea mágico.

Lo cierto es que un proyecto ya de veinticinco años, visionario, integral, hecho para favorecer tanto a los habitantes como a los turistas, desde hace tiempo se ve amenazado por la inseguridad, pues la única forma de llegar a dichas poblaciones en todo México sin temor alguno, sería en un vuelo directo en helicóptero. ¿O se atrevería a visitar los pueblos mágicos de Cholula y Atlixco viajando por carretera desde Guadalajara?

No sé cuántos pueblos más estén aspirando a este título, quizás no debieran esforzarse tanto, a fin de cuentas, hoy día todo México es mágico, porque en cualquier parte del país te pueden desaparecer sin que nadie se percate ni mucho menos te encuentre.

armando.gon@univa.mx

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