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Proyecto Panamá, la segunda destrucción de Alejandría

La destrucción masiva de libros ha dominado las noticias en las últimas semanas. ¿Qué está pasando exactamente? En resumen, los modelos de inteligencia artificial son repetidores de información que han leído todo lo que hay disponible en internet y necesitan seguir actualizándose. Como la información nueva es limitada y mucho de lo que se está creando es con ayuda de la misma inteligencia artificial, los creadores de los modelos se encontraron en la necesidad de acudir a nuevas fuentes y seguir alimentando a sus modelos.

En semanas recientes, salió a la luz el Proyecto Panamá de Anthropic, la empresa responsable del chatbot Claude. El proyecto consistió en la compra, escaneo y destrucción de millones de libros. La empresa consiguió los ejemplares de tiendas de segunda mano y a través de proveedores masivos que guardaban ediciones de libros publicados específicamente antes de 2022, cuando aún la inteligencia artificial no había contaminado lo que estaba siendo publicado.

Para algunos, esta destrucción masiva puede recordar a la novela distópica de “Fahrenheit 451”, donde la fuente del conocimiento se destruye para mantener ciudadanos pasivos y conformes con la información que se les esté dosificando. A otros, les recuerda a la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, la pérdida simbólica e histórica más grande del conocimiento y la memoria del mundo antiguo. Y para otros más, es solo la inevitabilidad de un avance tecnológico que, lejos de solamente desechar los libros, está aprovechando lo que en ellos hay para ampliar y profundizar el conocimiento humano, contrario a las primeras dos percepciones que presento del problema.

Para mí, hay algo más profundo todavía, el problema de la centralización de la información. Entre esos millones de libros que fueron destruidos se encontraban ediciones especiales y únicas, tal vez los últimos ejemplares sobrevivientes de un libro en específico. Algo que jamás volverá a ser impreso ni existe en ninguna otra biblioteca. El proyecto de Anthropic no digitalizó los libros para ofrecerlos a un público, no quiso recopilar este conocimiento para ponerlo al servicio de la humanidad. Anthropic digitalizó y destruyó los libros que compró para quedarse con lo más valioso que había en ellos, los datos, y con cada libro que acumulan, pueden dosificar más el acceso a esa información.

A la cabeza de esta empresa hay personas que con cada día que pasa acumulan dinero y poder. Personas sesgadas que presentan la información a sus usuarios premasticada y digerida a través de una serie de parámetros que determinan lo que es conveniente o inconveniente revelar. La información empieza a perder la capacidad de llegar en su forma cruda al lector, y a través de esos parámetros puede controlarse aquello a lo que las personas acceden y desde dónde lo interpretan.

Aunque muy triste, la más grande tragedia que acompaña la destrucción de estos ejemplares es la sistematización del conocimiento, el poder en manos de unos pocos que en cualquier momento, y por cualquier circunstancia, podrían decir un día “página no disponible” o “esta información no puedo proporcionártela ahora”. No estamos perdiendo conocimiento, estamos perdiendo la facultad de construirlo. De llegar a nuestras propias conclusiones y de explorar el mundo sin que tenga que ser a través del lente de alguien más.

Los libros van desapareciendo del mundo, de la vista de casi todos para sobrevivir resumidos y filtrados en la memoria de una máquina que pertenece a alguien más. La pregunta ya no es cuánto sabemos. Es quién decide, todos los días, a cuánto de eso podemos acceder.

@luciachidan

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