Por un nuevo socialismo
En La idea del socialismo. Una tentativa de actualización (Katz Editores, 2017), el perspicaz filósofo alemán Axel Honneth (Essen, 1949) busca adaptar la «idea nuclear» del pensamiento socialista a un «nuevo marco teórico-social» que resulte adecuado para las condiciones del siglo XXI: un proyecto intelectual sin duda urgente en nuestra época plagada de desigualdades. Resumo algunas de sus ideas.
Actualizar el socialismo exige, en primer lugar, el abandono de la falaz identificación marxista entre capitalismo y mercado, entre otras razones, porque la experiencia histórica reciente ha demostrado que la abolición del mercado conduce a formas de opresión totalitaria. Así pues, habría que criticar profundamente el «socialismo clásico» y superar su «anticuada estructura intelectual», anclada en «el espíritu y la cultura del industrialismo». Esto supone renunciar a la idea de un «sujeto revolucionario» a priori y enfocarse no sólo en la economía, sino en todas las esferas de la sociedad, como la privada y la política (lo cual fomentaría, por ejemplo, las alianzas con sectores feministas, ecologistas y republicanos). De este modo, el movimiento socialista se volvería más plural y combatiría una de sus taras históricas.
Es decir, si pretende actualizarse, el socialismo deberá abandonar el determinismo económico y los proyectos revolucionarios y adoptar un «experimentalismo histórico» robusto y pragmático, basado en reformas graduales, falibles y de escala media. Para ello habrá que abandonar toda doctrina de necesidad histórica —la idea del «inevitable» derrumbe del capitalismo— y asumir la dimensión contingente del universo social y la primacía de la práctica sobre la teoría.
El núcleo normativo y moral del socialismo no es, dice Honneth, abolir la propiedad privada o estatizar el mercado. Es «expandir el espacio de la libertad social» a la sociedad entera, lo que incluye el mercado y el Estado, pero también la sociedad civil y la esfera privada. Esta libertad, más robusta que la libertad negativa o la libertad civil, exige «relaciones de solidaridad y cooperación» social sin coerción, exige «participación democrática» activa y «reconocimiento mutuo» entre iguales. Exige, sobre todo, asumir que nuestra libertad está ligada a la libertad del otro, y trabajar por los fines ajenos como si fueran propios.
En suma, el mejor modo de llamarse socialista —y, asimismo, liberal, pues el socialismo de Honneth no es sino un liberalismo social radical— consiste en luchar democráticamente por la libertad social: un ideario imprescindible para superar la bancarrota neoliberal, frenar el avance del neofascismo y recuperar el optimismo político.