Participar para incidir
El 30 de agosto, Jalisco conmemora el Día Estatal de la Participación Ciudadana. La fecha nos da una buena oportunidad para mirar lo que hemos construido, pero también para hacernos una pregunta que hoy resulta inevitable: ¿qué significa realmente participar?
Durante años trabajamos para abrir espacios de diálogo, crear consejos, consultas y mecanismos que acercaran a la ciudadanía con el gobierno. Fueron avances indispensables, sí, pero la sociedad evoluciona y con ella deben evolucionar nuestras preguntas.
Hace más de medio siglo, Sherry Arnstein advirtió que no toda participación genera el mismo grado de influencia sobre las decisiones públicas; la diferencia entre ser escuchados y tener capacidad de incidir sigue siendo uno de los grandes desafíos de nuestras democracias.
Por eso, la conversación ya no puede centrarse únicamente en cuántas personas participan o cuántos mecanismos existen; la forma de medir el éxito está en otra parte: ¿qué decisiones cambiaron?, ¿qué problemas encontraron una mejor respuesta?, ¿cómo se refleja la voz de las personas en las prioridades del Gobierno?
La participación ciudadana no sustituye a la democracia representativa, la fortalece; en ese sentido, la representación responde a la pregunta de quién gobierna, y la participación nos ayuda a responder para quién se gobierna y qué prioridades merecen ocupar el centro de la agenda pública.
Ahí está, justamente, uno de los principales retos que tenemos por delante en Jalisco: avanzar hacia una nueva generación de participación ciudadana, una que no se conforme con abrir espacios de escucha, sino que sea capaz de transformarla en decisiones; las decisiones en acciones concretas y esas acciones en resultados que mejoren la calidad de vida de las personas.
Eso también exige algo de los gobiernos; exige instituciones capaces de escuchar, pero también de abrir decisiones, de rendir cuentas, evaluar y, cuando sea necesario, corregir. Porque ninguna política pública alcanza todo su potencial cuando se construye únicamente desde un escritorio; se fortalece cuando incorpora el conocimiento, la experiencia y la realidad de las personas.
Exige, además, entender que todas las voces son necesarias. Las niñas y los niños, las juventudes, las personas mayores, los pueblos indígenas y quienes históricamente han encontrado mayores barreras para participar, tienen mucho que aportar a las decisiones colectivas.
No obstante, la confianza pública no se construye solamente abriendo espacios para hablar; se construye cuando las personas pueden reconocer que su voz fue escuchada, que tuvo consecuencias y que participar sí hizo una diferencia.
Ese, quizá, sea el mejor sentido de conmemorar este día: recordar que participar no es solamente tener voz, sino contar con caminos para que verdaderamente incida.
cynthia.cantero@jalisco.gob.mx