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Origen y paradoja del FIFA Fan Fest

El FIFA Fan Fest es un animal extraño. Toma un espacio público, lo cerca, lo llena de patrocinadores globales y lo devuelve como plaza comercial.

La gente celebra el futbol ante una megapantalla, pero al mismo tiempo le imponen el consumo de marcas específicas -pago electrónico obligatorio de por medio- dentro de una plaza pública.

El origen de este modelo se remonta a Francia 1998, en donde se pusieron pantallas gigantes en las ciudades ante la escasez de boletos. Nadie lo planeó como negocio hasta que en Corea 2002 cambió todo. Unos siete millones de coreanos -uno de cada siete- acudieron a ver la semifinal en espacios públicos. Sin vallados. Sin filtros. Sin marcas. La FIFA tomó nota.

Para el siguiente Mundial negoció con las ciudades sede de Alemania el modelo del primer FIFA Fan Fest. Lo que era gratis y espontáneo se convirtió en un producto oficial. En 2006 el Fan Fest entró al programa del torneo. El modelo quedó establecido: espacio emblemático, vallas, patrocinadores exclusivos, comercio local acotado.

Lo que vimos ayer en Guadalajara es el ejemplo de ese modelo en su máxima expresión.

En medio del jolgorio y la alegría de los aficionados -legítima y merecida-, el Fan Fest en Plaza Liberación llegó a su aforo máximo horas antes del partido. Los aficionados tumbaron las vallas. La policía tuvo que dispersar a quienes buscaban ver el juego desde afuera.

Un espacio diseñado para 18 mil personas, con sólo dos accesos, mostró sus puntos vulnerables.

El accidente de un aficionado que cayó tres metros desde una estructura junto con un policía, y el “portazo” de los aficionados ayer al derribar las vallas de ingreso se atribuyen equivocadamente a una “falta de organización”.

Pero el problema, en realidad, es que el modelo del evento contradice la naturaleza pública del espacio.

Los Gobiernos que aceptan estas condiciones asumen ese riesgo. Es difícil controlar una multitud de ese tamaño cuando el espacio está diseñado para contener, no para dejar fluir.

A eso se suma el castigo al comercio local. Las vallas que delimitan el Fan Fest ocultan los negocios del Centro Histórico. Los comerciantes reportaron bajas ventas desde el arranque. Las vallas de las obras fueron motivo de crítica antes de que comenzara la justa mundialista.

El mejor ejemplo de cómo funciona un espacio público sin intervención corporativa fue el concierto de Maná. Sin vallas. Sin filtros. La gente llegó, ocupó su lugar y el flujo fue natural. Nadie les impuso el consumo ni les cobró la entrada a la Glorieta La Minerva.

El futbol tiene una naturaleza masiva y apasionada. Siempre ha sido así. Las plazas llenas son la expresión de esa euforia, su cauce natural. La FIFA “entubó” ese cauce desde 2006 para hacer negocio.

Un documental en YouTube, que les recomiendo ver, lo sintetiza mejor. Se titula: FIFAGate: El pacto Televisa-FIFA que moldeó el negocio. Me gustó una frase que cierra esta paradoja:

“El futbol es demasiado negocio para ser solo un deporte, pero también es demasiado deporte para ser solo un negocio”.

Ya es tiempo de que las ciudades empiecen a ponerle límites a las cláusulas abusivas de ese ente supranacional y todopoderoso llamado FIFA.

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