Olinia… o un auto no es solo un auto
La relación sentimental que establecemos con un automóvil es tan individual como extendida. Es y puede ser seña de identidad, símbolo de status (para cada segmento), recurso de autonomía en un país de terrible transporte público, instrumento de trabajo... Y tanto más.
Por dos décadas el auto fue nuestro campeón en las exportaciones, y justo ahora cuando eso cambia, han crecido las ventas en el mercado interno. Enrique Quintana ha explicado en “El Financiero” las razones de ese boom. Y precisamente porque los mexicanos están comprando muchos autos, y en gran escala otros vehículos eléctricos, se vuelve más difícil entender al gobierno con esa aventura llamada Olinia.
La Presidenta Claudia Sheinbaum pidió que antes del Mundial se presentara el prototipo del Olinia. Así ocurrió. Eso no estuvo tan difícil. Lo que viene es tan complicado como extraño: para qué quiere, y qué podría pasar, si el Gobierno produce 50 mil autos a 150 mil pesos -como anunciaron- que no reúnen las condiciones de seguridad de la NOM-194-SE-2021: es decir, sin frenos ABS, sin bolsas de aire...
El Gobierno quiere iniciar la venta de Olinias en un año. Que se sepa, no tiene ni socio fabricante. Quizá eso es lo mejor que puede pasar. La nada. Porque si se aprueba una NOM para Olinia, Olinia sería el último en beneficiarse de ella con calles de ciudades mexicanas y carreteras del país súbitamente inundadas de coches chinos o indios de especificaciones similares (es decir, de raquítica seguridad).
En el Mundial supe que tras el tercer triunfo de México, las autoridades de Jalisco detectaron a aficionados de Zapotlanejo que se lanzaron en tres vehículos tipo Razor a la Minerva. Es decir, 80 kilómetros de pesado tráfico ida y vuelta en un vehículo así... ¿Qué puede salir mal si Olinias y similares de repente transitan en carreteras y autopistas?
Si la NOM se aprueba para Olinia, con toda lógica habrá quien introduzca decenas de miles de autos de origen chino e indio para aprovechar esa, digamos, flexibilización. Y el costo de esas unidades importadas podría ser competitivo o menor al de Olinia.
Lo de Olinia tiene rato que nomás no se comprende de una Presidenta moderna. Porque se parece a aquellos tiempos cuando Gobiernos emanados de la Revolución (así se decía, aunque era bastante mito) fabricaban bicicletas Cóndor. Hoy, el claudismo quiere fabricar autos.
Faltan, eso sí, opciones de movilidad urbana e interurbana de calidad. Y falta mucho orden en las redes de transporte público que existen, incluidos los mototaxis y, hablando de eso, urge control a los enjambres de motocicletas (ya se venden más al año que autos) y no se diga de los Vemepes (vehículos motorizados eléctricos personales).
La Federación quiere producir un auto que antes de nacer tiene ya alta competencia en motobicis y triciclos eléctricos que con o sin adaptación de sus propietarios -tuneada, que le dicen- inundan vías, banquetas y hasta plazas públicas.
El problema en la capital de la República ha escalado a tal nivel que la administración de Clara Brugada hizo lo que se esperaba: un anuncio. Anunció emplacamiento y medidas para ordenar un parque vehicular de Vemepes que calculaban en al menos 200 mil de esas unidades que saturan las calles y hasta las ciclovías. Y nada más pasó. Normal.
Si el eléctrico Olinia llega a existir, encontrará calles colapsadas de competidores más baratos que habrán arribado al país gracias a una NOM que alentará parvadas de vehículos inseguros. Y aún así, le faltará lo más importante: ganarse el corazón de algunos miles de mexicanos. Suerte.