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No “rindió cuentas”, pero se dio un “baño de pueblo”

Fue una tumultuosa celebración el cierre de su gira por todo el país para “rendir cuentas” con motivo de su segundo año de gobierno. La Presidenta Claudia Sheinbaum se “llenó de pueblo” en el Zócalo capitalino, que se vio abarrotado por acarreados -como es una tradición en la historia de México- que fueron distribuidos estratégicamente en la plancha, obviamente con gorras, camisetas y pancartas proporcionadas por el partido oficialista.

La Presidenta dijo en su intervención: “No es un acto protocolario, es un acto de congruencia rendir cuentas en plazas públicas”. Sin embargo, más que un “rendir cuentas” a los ciudadanos de la Ciudad de México sobre lo que se ha hecho en el último año en programas, obras e infraestructura, se trató de una asamblea proselitista en donde se hizo un compendio de las conferencias mañaneras, en el que los temas -de moda- sobre la “soberanía”, la “injerencia extranjera” y “el pueblo es el que manda” predominaron.

Por supuesto, habló de los programas sociales y de cómo se distribuye el dinero, porque es un tema que provoca algarabía en los beneficiarios, e hizo referencia a las inversiones en el sector salud, con más clínicas, ampliación de hospitales y del IMSS-Bienestar, pero no habló de la escasez de medicinas ni de la saturación de los servicios que impiden cumplir con las necesidades de salud del “pueblo”.

No podía faltar en el discurso la referencia a los gobiernos neoliberales del pasado. Después de “36 años de traiciones”, dijo la mandataria, se tomaban decisiones del país “en oficinas de lujo, de espaldas a la gente... Nunca entendieron que el pueblo se levanta con dirigentes extraordinarios”. Y ahí fue cuando, desde su “ronco pecho”, mencionó como ejemplo a Andrés Manuel López Obrador, rematando con “y siguen sin entenderlo”.

Pero insistió, entre las arengas de la gente de “no estás sola”, en hablar sobre las amenazas que provienen del norte -Washington, entiéndase Donald Trump- y, envalentonada, dijo que “los mexicanos no queremos injerencias ni intervencionismos. Ninguna potencia extranjera, ninguna élite económica o política tiene el derecho de dictar el principio de nuestra patria, esa solo le pertenece al pueblo de México… porque es el único dueño de la soberanía nacional”.

Al final de cuentas, no fue un “rendir cuentas” por parte de la presidenta, pero sí una extraordinaria oportunidad de darse un “baño de pueblo” y responder con mensajes “subliminales” a Trump sobre sus constantes “insinuaciones” de “meter mano” para acabar con los grupos delincuenciales en nuestro territorio.

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