Nissan, Espinosa y Ghosn
La más reciente asamblea de accionistas de Nissan resultó mucho más complicada de lo que se pudiera pensar, con el jefe ejecutivo de la marca, el mexicano Iván Espinosa, recibiendo fuertes presiones por parte de los accionistas, quienes llegaron al punto de sugerir el regreso de Carlos Ghosn, quien fue enviado a la cárcel en Japón en 2018, acusado de malversación de fondos. El tema es qué tan justa es esa presión y qué tan poco cuerda resulta la sugerencia de poner de regreso a un prófugo de la justicia japonesa, todo en nombre de “salvar” a una empresa.
Carlos Ghosn fue extremadamente competente a lo largo de su carrera, especialmente en Michelin, Renault y Nissan. Cuando el presidente de la Alianza Renault-Nissan, el francés Louis Schweitzer —quien era primo del famoso filósofo Jean-Paul Sartre— lo nombró CEO de Nissan, en 1999, elaboró un plan a tres años para sacar a la empresa de una crisis tan profunda que permitió que los franceses se convirtieran en socios mayoritarios de la firma nipona, algo que a muchos en Japón no les pareció.
Sin embargo, la velocidad con la que Ghosn logró poner a Nissan nuevamente sobre rieles cambió la opinión de la mayoría, que empezó a verlo como un héroe, al grado de convertirse incluso en personaje de caricaturas en el país del sol naciente.
Tan alto subió que su caída fue espectacular. De la noche a la mañana pasó de héroe a villano y, poco después, escapó de prisión de forma cinematográfica —no es exagerado el término; basta ver las películas sobre el tema— para refugiarse en Líbano, utilizando uno de los tres pasaportes que posee, además del francés y el brasileño.
Ghosn, si fuera un entrenador de futbol, sería de esos que apuestan por el ataque, la intensidad y el “jogo bonito”, ofensivo, que un día mostró Brasil. Pero algo no hizo bien. Cuando lo enviaron a la cárcel, Nissan ya no vivía la época de gloria que mostró durante los primeros años de su gestión. Y aun creyendo en lo que él sostiene, que no fue culpable de malversación de fondos, tal vez políticamente no se movió de la manera adecuada, creando la situación que terminó por provocar su salida.
El mejor ataque es la defensa
Tres jefes ejecutivos han estado al frente de la marca desde 2018. La empresa ha ido en decadencia desde entonces, primero bajo el liderazgo de dos directivos japoneses, hasta que llegó el mexicano Espinosa, quien ha mostrado un estilo muy distinto, con los primeros resultados positivos en años.
Usando la misma analogía, Iván Espinosa se ha mostrado como un entrenador cauteloso, de los que piensan que la mejor forma de cambiar la trayectoria de un equipo que va perdiendo es arreglar la defensa, contener la hemorragia y no recibir goles. Para ello decidió recortar costos —algo que también hizo Ghosn, aunque de otra manera— ajustando la capacidad de producción a la realidad actual del mercado. Nissan tenía una enorme capacidad ociosa de producción, algo que cuesta mucho dinero.
Siete fábricas fueron cerradas. También despidió a 20 mil empleados en todo el mundo, incluyendo Japón. Fue el primer paso. Para alguien que heredó una pérdida de cuatro mil 500 millones de dólares cuando llegó, haber mostrado números operativos positivos en el año fiscal que terminó en marzo pasado no está mal.
Sin embargo, las acciones de Nissan han caído 53% desde que el mexicano asumió el cargo. De ahí que haya quienes, dentro del consejo de la marca, hayan mencionado la posibilidad de traer de regreso a Carlos Ghosn, no como CEO, sino como miembro del consejo. Siendo realistas, no va a pasar, simplemente por su situación legal con la justicia japonesa. Pero la sola idea muestra la frustración de quienes están perdiendo dinero y añoran el perfil del último directivo que logró devolverle la rentabilidad a la empresa.
¿Puede Espinosa lograrlo? Yo creo que sí. El mundo no es el mismo que en la época de Ghosn, quien apostaba por los vehículos eléctricos, cuando hoy vemos a marcas como Honda, Mercedes o GM dando marcha atrás en esos proyectos.
Los fabricantes chinos tampoco tenían la fuerza exportadora que poseen hoy. Iván lo sabe. También sabe que ya terminó el trabajo de “arreglar la defensa”. Los atacantes estrella están por llegar, como los nuevos GT-R y la nueva X-Terra. Si algo muestra la historia es que, si no puedes con el rival, debes unirte a él. Ahí está el “goleador” N7, desarrollado junto con Dongfeng. Pienso que el mexicano puede lograrlo; solo le falta uno o dos años.