Milwaukee está a un triunfo de devolver la barrida: los Dodgers se quedan sin excusas
La revancha puede tardar un año, pero cuando llega suele ser particularmente amarga para quien antes se creyó invencible. Los Dodgers de Los Ángeles barrieron a Milwaukee en cuatro encuentros durante la Serie de Campeonato de 2025 y continuaron su camino hacia el segundo título mundial consecutivo. Ahora los Cerveceros están a solamente una victoria de devolverles exactamente la misma humillación, después de imponerse este miércoles por 6-2 en Dodger Stadium y colocar la eliminatoria 3-0 a su favor. El equipo que comenzó octubre soñando con conquistar tres campeonatos consecutivos se encuentra al borde de una eliminación que podría resultar tan contundente como inesperada.
Lo verdaderamente sorprendente no es que Milwaukee esté ganando. Después de todo, los Cerveceros terminaron la temporada regular con 103 victorias, la mayor cantidad de las Grandes Ligas, y han demostrado durante seis meses que disponen de una organización extraordinariamente competitiva. Lo que resulta difícil de asimilar es que los Dodgers, con su concentración de estrellas, su poderosa nómina y su experiencia de campeonato, todavía no hayan conseguido ganar un solo encuentro y estén amenazados por la posibilidad de terminar barridos precisamente en el escenario donde esperaban comenzar su recuperación. Los resultados describen una superioridad que no admite demasiadas interpretaciones. Milwaukee ganó 2-1 el primer encuentro, se impuso 7-4 en el segundo y ahora conquistó el tercero por 6-2. Tres victorias diferentes, pero con un denominador común: los Cerveceros han encontrado respuestas ofensivas cuando las necesitan, han sabido administrar su pitcheo y han convertido las oportunidades en carreras, mientras Los Ángeles continúa esperando una reacción de sus grandes figuras.
El tercer compromiso comenzó con un golpe que parecía anunciar lo que vendría. Jackson Chourio, el joven venezolano que se ha convertido en una de las grandes revelaciones del beisbol, castigó el primer lanzamiento de Blake Snell con un cuadrangular hacia el jardín derecho-central. Apenas había comenzado el encuentro y Milwaukee ya estaba adelante. La escena tuvo un significado adicional. Exactamente un año antes, Chourio había conectado otro cuadrangular al primer lanzamiento de un encuentro de Serie de Campeonato contra los Dodgers. Repetir semejante hazaña frente al mismo adversario y en la misma instancia representa una coincidencia extraordinaria, pero también una demostración de la personalidad competitiva de un pelotero que, a sus 22 años, parece entender perfectamente cómo responder cuando la presión alcanza su máximo nivel.
Snell consiguió recuperarse de aquel primer golpe y durante seis entradas ofreció una actuación que merecía mejor fortuna. Dominó a buena parte de la alineación de Milwaukee, consiguió nueve ponches y mantuvo a los Dodgers en condiciones de competir. Su desempeño resultaba especialmente importante porque Los Ángeles necesitaba desesperadamente una apertura que le permitiera recuperar la confianza y evitar que los Cerveceros continuaran imponiendo condiciones. Durante cinco entradas, Robert Gasser, abridor de Milwaukee, había conseguido neutralizar completamente a los bateadores angelinos, aceptando solamente tres imparables y sin permitir carreras. Pero en el sexto episodio finalmente apareció una oportunidad para los Dodgers. Los relevistas comenzaron a conceder bases por bolas, la ofensiva consiguió llenar las almohadillas y Will Smith conectó un doblete productor de dos carreras que convirtió una desventaja de 1-0 en una ventaja de 2-1.
Dodger Stadium recuperó momentáneamente la esperanza. El bicampeón parecía despertar, Snell estaba trabajando con autoridad y la posibilidad de conseguir la primera victoria de la eliminatoria comenzaba a tomar forma. Pero octubre no concede triunfos por anticipado. En la séptima entrada apareció Jake Bauers para conectar un cuadrangular de dos carreras frente a Snell y devolverle la ventaja a Milwaukee. El batazo transformó por completo el desarrollo del encuentro, porque llegó precisamente cuando los Dodgers parecían haber encontrado el camino para comenzar su recuperación. Poco después, Garrett Mitchell agregó otro cuadrangular y la ofensiva de Milwaukee continuó aprovechando las oportunidades hasta construir una ventaja que terminó resultando definitiva. De pronto, lo que había sido una noche prometedora para Los Ángeles se convirtió en otra demostración de la capacidad de los Cerveceros para encontrar respuestas ofensivas mientras sus adversarios siguen buscando explicaciones.
Milwaukee amplió posteriormente su ventaja y en la novena entrada apareció un protagonista de particular interés para los aficionados mexicanos. Joey Ortiz, pelotero estadounidense de ascendencia mexicana, conectó un imparable productor que llevó al plato la sexta carrera de los Cerveceros y colocó el marcador definitivo de 6-2. El batazo de Ortiz resultó especialmente significativo porque contribuyó a sentenciar un encuentro que acerca a Milwaukee a su primera Serie Mundial en 44 años. El infielder de raíces mexicanas no necesita ser la figura principal de una alineación repleta de talento para desempeñar un papel importante. Su capacidad defensiva, disciplina y aportaciones oportunas forman parte de una estructura colectiva que está demostrando una enorme solidez.
Y en Milwaukee existe otro pelotero vinculado con México que merece reconocimiento: JoJo Romero, relevista zurdo estadounidense de ascendencia mexicana, quien ha sido una pieza importante dentro del bullpen de los Cerveceros. En el segundo encuentro contra los Dodgers trabajó una entrada perfecta, consiguió dos ponches y se acreditó la victoria, participando en una actuación extraordinaria del relevo de Milwaukee. Aquella noche, cuatro relevistas retiraron consecutivamente a los últimos quince bateadores de Los Ángeles. Cinco entradas perfectas frente a una alineación integrada por algunas de las figuras más importantes del beisbol mundial constituyen una demostración de que la profundidad y la ejecución pueden imponerse incluso a los conjuntos construidos mediante inversiones multimillonarias.
Porque ese es precisamente el problema que están enfrentando los Dodgers. Shohei Ohtani, una de las figuras más extraordinarias en la historia reciente de este deporte, atraviesa una postemporada ofensiva muy por debajo de sus antecedentes. Antes del encuentro del miércoles apenas acumulaba tres imparables en veinte turnos, todos sencillos, para un promedio de .150. Sus dificultades llevaron al manejador Dave Roberts a tomar una decisión inusual: colocarlo como sexto bate, una posición que no ocupaba desde 2020, cuando todavía pertenecía a los Angelinos. No se trata de un ajuste menor. Cuando un pelotero de las dimensiones de Ohtani termina desplazado hasta el sexto sitio de la alineación, significa que algo importante está fallando en la estructura ofensiva.
Y tampoco sería justo concentrar exclusivamente en él las responsabilidades. Mookie Betts, Freddie Freeman, Will Smith, Kyle Tucker, Teoscar Hernández, Max Muncy y los demás integrantes del conjunto angelino disponen de talento suficiente para enfrentar prácticamente a cualquier cuerpo de lanzadores. Sin embargo, la producción colectiva ha sido insuficiente y las oportunidades desperdiciadas se están convirtiendo en una carga demasiado pesada. Antes del tercer encuentro, Los Ángeles bateaba apenas para .193 durante la postemporada y registraba solamente dos imparables en veintiséis oportunidades con corredores en posición de anotar. Esas cifras explican mejor que cualquier discurso por qué un equipo con semejante poder ofensivo está perdiendo una confrontación decisiva.
Los Dodgers pueden conectar imparables, conseguir bases por bolas e incluso construir amenazas importantes, pero cuando llega el momento de producir carreras, frecuentemente aparece un ponche, un elevado inofensivo o un rodado que termina con el ataque. Milwaukee está haciendo exactamente lo contrario. Brice Turang conectó un cuadrangular fundamental en el primer encuentro y el novato Luis Lara produjo la carrera decisiva. William Contreras se convirtió en protagonista del segundo con tres imparables, tres carreras impulsadas y un cuadrangular que empató el partido. Christian Yelich también respondió oportunamente, mientras Chourio, Bauers y Mitchell aparecieron en el tercero para castigar al pitcheo angelino. Son nombres diferentes, actuaciones diferentes y circunstancias distintas, pero todas reflejan la misma característica: los Cerveceros están funcionando como un verdadero equipo.
Pat Murphy ha conseguido construir una organización en la que cada integrante parece comprender exactamente lo que necesita aportar. Milwaukee no depende exclusivamente de los cuadrangulares, aunque sabe conectarlos oportunamente. Tampoco necesita que todos sus abridores trabajen ocho entradas, porque dispone de un bullpen capaz de resolver situaciones comprometidas. Dave Roberts enfrenta una realidad completamente distinta. Su equipo tiene algunas de las mejores figuras individuales de las Grandes Ligas, pero necesita urgentemente que esas individualidades recuperen la capacidad de producir colectivamente.
Hay además una circunstancia histórica que hace particularmente dramática la situación del manejador angelino. En 2004, Roberts formó parte de los Medias Rojas de Boston que protagonizaron la única remontada de una desventaja de tres encuentros a cero en una serie a ganar cuatro dentro de la historia de las Grandes Ligas. Su memorable robo de segunda base frente a los Yankees de Nueva York contribuyó a iniciar una recuperación que parecía imposible y que terminó conduciendo a Boston hacia el campeonato mundial. Veintidós años después, aquel protagonista de una hazaña extraordinaria enfrenta nuevamente una desventaja de 0-3, pero ahora como responsable de dirigir al equipo que necesita conseguir cuatro victorias consecutivas para sobrevivir.
La diferencia es que los Dodgers no están enfrentando solamente una situación matemática desfavorable. También deben superar a un conjunto que los ha dominado durante tres encuentros y que necesita ganar solamente uno de los cuatro partidos restantes. Milwaukee tiene, además, una motivación extraordinaria. No solamente pretende conquistar el banderín y regresar a la Serie Mundial por primera vez desde 1982, cuando perdió frente a los Cardenales de San Luis. También tiene la oportunidad de devolver la barrida que sufrió frente a Los Ángeles hace apenas doce meses. La revancha sería completa si los Cerveceros consiguen consumarla este jueves en Dodger Stadium.
Y mientras en la Liga Nacional parece perfilarse una definición cercana, la Liga Americana presenta una confrontación mucho más equilibrada, aunque igualmente atractiva. Tampa Bay derrotó el martes 3-1 a Cleveland y empató la Serie de Campeonato a una victoria por equipo, después de haber perdido el encuentro inaugural por 7-3. Los Rays consiguieron una reacción fundamental para evitar viajar a Cleveland con una desventaja de dos partidos y demostraron que disponen de los recursos necesarios para disputar seriamente el banderín.
[21:29]El gran protagonista fue Freddy Peralta, lanzador dominicano que ofreció una actuación extraordinaria durante seis entradas, permitió solamente cuatro imparables, otorgó dos bases por bolas y consiguió seis ponches, sin aceptar carreras. Peralta alcanzó las 99.4 millas por hora con su recta, la mayor velocidad registrada en su carrera, y lanzó 29 pitcheos que alcanzaron o superaron las 97 millas. Su actuación fue especialmente importante porque Tampa Bay necesitaba recuperar la confianza después de la derrota inicial y encontró en su abridor exactamente la respuesta que esperaba.
Pero el encuentro también quedó marcado por una equivocación de José Ramírez, la principal figura de Cleveland. En la cuarta entrada, cuando el partido permanecía sin anotaciones, los Rays comenzaron a presionar mediante corredores agresivos y jugadas que obligaron a la defensiva de los Guardianes a responder con precisión. Ramírez no consiguió cubrir oportunamente la tercera base durante una jugada de avance y posteriormente permitió que un rodado de Ben Williamson escapara entre sus piernas. El error abrió la puerta a la primera carrera de Tampa Bay y mantuvo viva la entrada. Inmediatamente después, Liam Hicks conectó un sencillo productor de dos anotaciones que amplió la ventaja a 3-0. Las tres carreras fueron sucias para Parker Messick, quien había ofrecido una actuación competitiva desde el montículo, pero terminó pagando las consecuencias de las equivocaciones defensivas de sus compañeros.
La historia tiene una ironía particular. Ramírez había sido uno de los grandes protagonistas de la extraordinaria recuperación de Cleveland frente a los Medias Blancas de Chicago, cuando los Guardianes remontaron una desventaja de dos encuentros y terminaron conquistando tres victorias consecutivas para avanzar a la Serie de Campeonato. También había destacado en el triunfo inaugural frente a Tampa Bay. Pero en apenas veinticuatro horas pasó de figura determinante a responsable involuntario de una jugada que terminó inclinando el segundo encuentro. Así de cruel puede ser octubre incluso con los mejores peloteros.
Cleveland consiguió descontar en la séptima entrada mediante un doblete productor del novato Chase DeLauter, pero Ian Seymour controló la amenaza y Bryan Baker retiró a los últimos tres bateadores para conseguir el salvamento. El resultado dejó la eliminatoria empatada 1-1 y trasladó la disputa a Cleveland, donde ambos conjuntos buscarán tomar una ventaja que podría resultar determinante. Los Guardianes conservan el impulso de haber sobrevivido a una situación prácticamente desesperada frente a Chicago y cuentan con figuras como José Ramírez, Chase DeLauter, Steven Kwan y Nathaniel Lowe. Tampa Bay, por su parte, dispone de un pitcheo competitivo y una ofensiva encabezada por Junior Caminero, Yandy Díaz, Cedric Mullins y Jonathan Aranda.
Precisamente Aranda representa uno de los principales motivos de interés para la afición mexicana. El primera base nacido en Tijuana se ha consolidado como un bateador importante dentro de la organización de Tampa Bay y participa directamente en la disputa por el campeonato de la Liga Americana. Aunque el martes terminó sin imparable en tres turnos, conserva la posibilidad de convertirse en protagonista conforme avance una serie que promete ser mucho más equilibrada que la confrontación entre Milwaukee y Los Ángeles.
La presencia de Aranda en Tampa Bay, junto con Joey Ortiz y JoJo Romero en Milwaukee, ofrece además una perspectiva interesante para México. Si los Cerveceros conquistan el banderín y los Rays consiguen imponerse en la Americana, podríamos tener una Serie Mundial con peloteros nacidos en nuestro país y otros de ascendencia mexicana en ambos equipos. Naturalmente, todavía falta mucho para conocer al campeón de la Liga Americana. Cleveland ha demostrado una capacidad extraordinaria para recuperarse de situaciones adversas y Tampa Bay respondió oportunamente después de perder el primer encuentro. Ninguno puede considerarse favorito indiscutible cuando la eliminatoria está empatada y ambos disponen de argumentos suficientes para imponerse.
En la Nacional, sin embargo, la situación es profundamente distinta. Milwaukee está a una sola victoria de conquistar el banderín. Los Dodgers necesitan cuatro consecutivas. Los Cerveceros han encontrado diferentes figuras capaces de resolver los partidos; los angelinos siguen esperando que sus grandes estrellas recuperen la producción acostumbrada. No significa que Los Ángeles esté matemáticamente eliminado. El beisbol conserva una característica maravillosa: mientras quede un out, siempre existe la posibilidad de cambiar el destino de un encuentro. Y la historia de Boston en 2004 demuestra que incluso las remontadas aparentemente imposibles pueden consumarse. Pero una cosa es reconocer esa posibilidad y otra muy distinta ignorar la realidad.
Milwaukee ha sido mejor en los tres encuentros disputados. Su ofensiva ha producido oportunamente, su cuerpo de lanzadores ha respondido y su manejador ha conseguido administrar las fortalezas de un conjunto que está jugando con la confianza de quien sabe que puede conquistar el campeonato. Los Dodgers, mientras tanto, comienzan a quedarse sin tiempo para encontrar soluciones. La posibilidad de que Milwaukee complete la barrida este jueves tiene una dimensión que supera el resultado de una eliminatoria. Representaría la revancha exacta de lo ocurrido en 2025, el regreso de los Cerveceros a la Serie Mundial después de 44 años y la eliminación de una organización que aspiraba a construir una de las dinastías más importantes del beisbol contemporáneo.
Mientras Tampa Bay y Cleveland todavía tienen por delante una batalla abierta, Milwaukee podría convertirse en el primer invitado al Clásico de Otoño y comenzar a observar desde una posición privilegiada la disputa por el otro banderín.
Hace un año, los Dodgers barrieron a Milwaukee y siguieron caminando hacia la gloria. Hoy, los Cerveceros tienen la oportunidad de devolverles exactamente la misma sentencia, frente a su propia afición y cuando Los Ángeles todavía soñaba con un tercer campeonato consecutivo. Porque octubre puede perdonar una mala entrada, una apertura desafortunada o incluso una derrota dolorosa. Lo que no suele perdonar es que un equipo tarde demasiado en comprender que los campeonatos anteriores no ganan los partidos siguientes. Milwaukee ya consiguió tres victorias y solamente necesita una más. Los Dodgers todavía no han ganado ninguna. Y entre la esperanza de un milagro y la realidad de una barrida hay una diferencia enorme: cuatro triunfos consecutivos que, por ahora, solamente existen en los recuerdos de Dave Roberts.
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