México en el foco de las inversiones iberoamericanas
Hay relaciones entre países que se explican por su historia y otras que se entienden, sobre todo, por todo lo que aún pueden construir juntos. La que une a México con España trasciende ambas dimensiones. Desde hace décadas, empresas mexicanas han encontrado en España un lugar para crecer, mientras que compañías españolas han visto al otro lado del Atlántico un mercado lleno de oportunidades. El reto ahora es dar un nuevo impulso a esa relación y convertir los vínculos existentes en más inversión, innovación y proyectos compartidos. Todo esto lo hemos comprobado en la tercera edición del Foro de Inversiones del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI), que celebramos la semana pasada en Barcelona.
Tras reunir a 150 líderes empresariales de ambos lados del Atlántico, estoy más convencida que nunca de que es el momento de nuestra región. Iberoamérica concentra un tercio de las reservas mundiales de agua dulce y el 16 % de las tierras agrícolas del planeta. Cuenta con recursos naturales, talento, capacidad emprendedora y empresas que han demostrado que pueden competir en los mercados más exigentes. En un contexto en el que la seguridad alimentaria, energética y de los suministros gana protagonismo, estas fortalezas convierten a la región en un socio estratégico. Iberoamérica puede ser la despensa y el motor del mundo.
En esta apuesta, México y España tienen una responsabilidad compartida. Nos une pasado, lengua y vínculos humanos, pero nuestra relación no puede limitarse a ese legado. Debemos construirla también a partir de lo que somos capaces de hacer juntos: desarrollar empresas, impulsar la innovación, generar empleo y abrir nuevos mercados.
México es una potencia industrial y exportadora, con empresarios que han sabido internacionalizarse y competir globalmente. España ofrece una plataforma de acceso a Europa, talento cualificado, infraestructuras y experiencia internacional. Esta complementariedad abre oportunidades para que las compañías mexicanas crezcan en España y para que las españolas encuentren en México socios con los que desarrollar proyectos de largo recorrido.
Como señaló Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria del Gobierno de España, España es el segundo destino de las inversiones en América Latina, después de Estados Unidos. También destacó los propósitos, la cultura y la lengua que compartimos, así como la importancia de seguir reforzando los vínculos público-privados. Esa relación de confianza constituye una base sobre la que debemos seguir construyendo, porque somos aliados fiables.
El caso de Grupo Bimbo ilustra el potencial de esta conexión. Durante el Foro, su presidente ejecutivo, Daniel Servitje, recordó la trayectoria de la compañía en España desde su llegada a Granollers, en Cataluña, en los años sesenta, que él consideró como una vuelta a sus orígenes. Su experiencia demuestra que internacionalizarse no consiste simplemente en reproducir un modelo de éxito en otro país. Cada mercado tiene sus particularidades y exige comprender al consumidor, respetar la cultura local y contar con talento capaz de aprender y adaptarse.
Servitje compartió además una reflexión esencial: el éxito se construye mirando hacia delante, sin perder de vista los fundamentos de la empresa. Una filosofía clara, la reinversión, la paciencia de los accionistas y una estrategia de largo plazo permiten dar seguridad a los equipos y sostener el crecimiento. Son aprendizajes valiosos para cualquier compañía que aspire a cruzar fronteras.
También Cataluña puede desempeñar un papel relevante en esta relación. Su tejido industrial, su ecosistema de innovación y su conexión con los mercados europeos ofrecen oportunidades para las empresas mexicanas.
Como recordó Jaume Duch, consejero de Unión Europea y Acción Exterior de la Generalitat de Cataluña, esta comunidad autónoma es una de las áreas más dinámicas de España y representa el 19 % del PIB español y el 17 % de su población. América Latina ocupa, además, un lugar muy importante como socio para Cataluña. Existe ya una base importante de inversión catalana en la región, con 797 millones de euros. En 2025, las exportaciones de Cataluña a México superaron los 2 mil millones de euros, y Cataluña concentró cerca del 30 % de las exportaciones españolas a Mercosur.
Todo esto en el contexto de la reciente renovación del acuerdo UE-México, y del inminente acuerdo comercial con EU, que refuerza a México como plataforma de nearshoring y trampolín para acceder al mercado norteamericano.
El reto es convertir ese potencial en nuevas inversiones productivas. Para ello, necesitamos fortalecer la colaboración entre empresas e instituciones, facilitar el intercambio de conocimiento y apostar por sectores estratégicos como la agroindustria, la tecnología, las infraestructuras y la vivienda. La inversión debe contribuir no solo al crecimiento empresarial, sino también a mejorar la competitividad y el bienestar de nuestras sociedades.
Desde CEAPI defendemos una Iberoamérica conectada, en la que los empresarios sean protagonistas del desarrollo y la cooperación multiplique las oportunidades. Barcelona es un punto de encuentro para impulsar esta visión, pero lo importante no es únicamente lo que la ciudad ha sido, sino todo lo que puede llegar a ser como puente entre Europa e Iberoamérica.
México y España tienen ante sí la oportunidad de profundizar una relación que mira al futuro. Invertir entre nuestros países significa apostar por empresas más fuertes, economías más competitivas y sociedades con mayores oportunidades. En tiempos de incertidumbre, la confianza es un activo estratégico. Construirla y convertirla en proyectos duraderos es nuestra responsabilidad compartida.
MB