Merolicos antiguos y modernos
En un principio pensé que los merolicos, que tanto me llamaban la atención en mi juventud, se habían extinguido, pero, ¡oh, error!, siguen existiendo, simplemente cambiaron de escenario. Ahora se los encuentra usted en las redes; si no me cree, pregunte por alguna curación milagrosa para cualquier enfermedad. Es más, el ébola, para el que la medicina no tiene solución ahora, les aseguro que en internet la hay y de la manera más fácil del mundo, tomando un jugo de aguacate con otros tres ingredientes secretos.
Pero en la antigüedad recuerdo al famoso Polidor que, antes de la radio, se ponía afuera de las tiendas a publicitar las ventas; sin embargo, llegó la radio y lo dejaron de contratar. Entonces, él se contrataba solo y hacía publicidad sin que se lo pidieran, y después entraba a cobrar, con la furia de los anunciantes, que no eran muy generosos. Pero ya cuando estaba muy mayor, resulta que tenía una aversión hacia Fidel Castro, en virtud de que en aquellos tiempos corría la voz de que los revolucionarios habían quemado a Camilo Cienfuegos, que era mucho más popular que ellos; entonces algunos estudiantes desde el camión le gritaban “¡Arriba Castro Ruz!”, y se soltaba mentándoles la madre y persiguiendo al camión.
Pero no era el único, había muchos que anunciaban todos los productos que usted se imagine. Recuerdo particularmente el fósforo Vitacal, que si amanecía uno dormido con los ojos cerrados y la boca sabiendo a veinte de cobre, te mejoraba notablemente si lo tomabas mirando al oriente y con los brazos en cruz.
Me acuerdo también de uno que le decían “El May”, ese no era merolico, pero traía las bolsas llenas de dulces, que repartía a cualquiera que se arrimara con él. Y de otro que en San Juan de Dios vendía cobertores y un día, como gran oferta, estaba promoviendo un cobertor a 20 pesos y como no obtuvo ninguna reacción del público que lo veía, decidió decirles que cuando tuvieran frío, se taparan con los 20 pesos y echó para atrás el cobertor ofertado. Otra vez, nos encontramos a un merolico que vendía un afilador y él traía un machete para demostrar su eficacia y hasta rebaba le sacaba al metal; desde luego que le compramos y quienes lo adquirimos no pudimos afilar ni un cuchillo ni una navaja, era su habilidad.
Igual, cuando salieron los bolígrafos, la gente estaba acostumbrada al uso del canutero y en el colegio te enseñaban, los primeros años, a escribir con canutero y por eso podíamos tener buena letra, cosa que en estos tiempos modernos ya mucha gente tiene años sin escribir a mano y los que todavía escribimos, muchas veces ya no nos entendemos. Y anunciaban el bolígrafo como el gran invento, pasando por las plumas fuente, que nunca fueron tan famosas como el bolígrafo, que actualmente sigue siendo el que la rifa y cuando algunos extrañamos la pluma fuente, vemos que ya no hay ni siquiera papel secante.
@enrigue_zuloaga