Ideas

Menos opciones

Diversos problemas presentaba México al inicio de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, aún si todos podían ser prioritarios debía sin embargo elegir alguno que ofreciera mejores dividendos políticos, a la vez que daba paso a importantes proyectos.

Entre esa diversidad de líos, estaba desde luego la corrupción y la impunidad, el grave tema de la inseguridad, y por supuesto la desigualdad social cada vez más acentuada.

Realista, pragmático o incapaz, dejó de lado el tema de la corrupción y la impunidad apenas tocada con impresionantes declaraciones y promesas que nunca se cumplieron, como aquella de que en cuanto tomara la presidencia la corrupción desaparecería. Andrés Manuel tuvo siempre un doble discurso, el del publicista encantador, y el del político sagaz que sabía bien hasta dónde y cómo.

De igual manera actúo en el asunto de la inseguridad. La consecuencia es que tanto este cáncer terrible como la corrupción siguieron creciendo a placer abonadas por actos simbólicos, frases prometedoras, y cifras felices, todo lo cual supuso saberse manejar con maestría en su relación con Estados Unidos, cuyo Gobierno no dejó de apoyarlo durante todo el sexenio, en buena medida por la acción seductora que ejerció sobre el embajador norteamericano, quien gozó casi hasta el final de una visa de múltiples entradas al Palacio Nacional.

La actual Presidenta tiene menos opciones, toda vez que la ampliación y crecimiento de los programas sociales tiene como límite el presupuesto federal. Puede sobregirarlo de tal suerte que en México todo mundo acabe pensionado desde la primaria, lo cual podría suponer caer en la vieja práctica de imprimir más dinero, pero no es nada aconsejable, resulta claro que seguir dando recursos monetarios al infinito no es ya viable.

Le quedan dos opciones que podrían garantizar a su partido un tercer mandato, legal y democráticamente conquistado: resolver de manera creíble y tangible la cuestión de la corrupción y la impunidad con las medidas que el caso exija, o enfrentar con similar éxito la solución a la inseguridad, más allá de estadísticas digitales.

No hay duda de que la sociedad mexicana estaría más que dispuesta a revotar por Morena si su actual Gobierno lograra solucionar al menos uno de estos problemas, pues por muchas ayudas sociales que la gente reciba ¿de qué le sirven, si debe gastarlo en las medicinas que el sistema de salud no le ofrece? Si parte de ese recurso debe compensar lo que paga a los extorsionadores por cobro de piso, o por fraudes o robos de casa o en plena vía pública, las dichas ayudas no resisten.

Mucho menos si a cambio de seguirlas recibiendo ha de cerrar los ojos frente al drama de las miles de personas desaparecidas, muchas luego encontradas en fosas clandestinas.

Andrés Manuel tuvo la suerte de poder elegir el camino más fácil y exitoso, el de ayudar a la gente pobre y hacerlo a lo grande, lo cual incluyó el aumento nunca antes visto del salario mínimo, en ambos casos había recursos más que suficientes, sea que fueran de la nación o de la empresa. A la doctora Claudia le quedaron las opciones más difíciles, y serán esas las que definan a su Gobierno, más allá de los logros que obtenga en las negociaciones de aranceles y tratados de libre comercio.

¿Y Jalisco? El gobierno emecista se encuentra en la misma tesitura, con menos opciones exitosas al estilo Andrés Manuel, y más realidades deplorables, pues lo que la gente quiere no es que haya menos desapariciones, sino que deje de haberlas, algo que en nuestro estado nomás no se ha podido resolver.

armando.gon@univa.mx

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