Memo y Juan
Después de que las “fuerzas del orden” se impusieran a macanazos y manguerazos contra las personas que se manifestaban pacíficamente, las condiciones en las que quedaron las instalaciones del café “Perdiendo el tiempo”, muy cercano al lugar de los acontecimientos, orillaron a nuestros amigos a trasladarse a otro sitio.
Optaron por visitar el recientemente inaugurado centro de infusiones, bocadillos y otras delicias, “La paz de los sepulcros”, muy ad hoc con la temporada. Por cierto, las empanadas y el pan de muerto están de rechupete. Si se animan a darse una vueltecita, el domicilio es avenida del Hueso, entre la calle Me Vale y el Callejón de los Oportunistas.
Superado el trauma del desalojo, nuestros amigos inician la plática, no sin estar atentos al entorno inmediato, por aquello de que los señores antimotines (¿?) y los encapuchados vuelvan a ejercer sus habilidades castrenses.
Memo inicia la charla preguntándole a Juan:
-¿Cómo te fue en la marcha?
-Fíjate, mi querido Memo, que yo estaba en casa muy quitado de la pena cuando llegó Rodrigo y me dijo: “Jefe, vamos a la marcha por el agua”. Me llamó la atención y, la verdad, me sentí comprometido y, ¿por qué no decirlo?, también orgulloso de que mi hijo se involucrara en los problemas de la ciudad. Y pues allí vamos. Todo iba muy bien cuando, de repente, aparecieron los policías tirando toda clase de mandobles. Luego, unas bestias disfrazadas de negro que no dejaban títere con cabeza y… ¡patas pa’ cuándo son! Nos alejamos velozmente y nos colocamos a prudente distancia para observar el salvajismo de los grupos de reventadores y de los agentes del orden, que no distinguían pelo ni color.
-Pues qué bueno que, en tu caso, no pasó a mayores, pero ¿no sientes que el ambiente está muy convulsionado? -pregunta Memo.
-¡Claro! Y no solo en nuestro país. Ve lo que está pasando en Francia, España, Portugal, Italia y no sé cuántos más -comenta Juan.
-Fíjate, en países tan distantes como Nepal, Albania e India hay movimientos encabezados por jóvenes de la generación Z que demandan mejor calidad educativa, servicios de salud, oportunidades de empleo y combate a la corrupción, la impunidad y el nepotismo -apostilla Memo.
-Las mismas causas -señala Juan.
-Salta a la vista que las instituciones creadas después de la Segunda Guerra Mundial no han resuelto los problemas estructurales de las sociedades que reclaman, con justa razón, mejores condiciones de vida -agrega Memo.
-Oye -dice Juan, acercándose a Memo y bajando el tono de su voz-, hay muchos programas en la tele con expertos en ciencias como la física cuántica, alta tecnología e, incluso, sociología y antropología, quienes sostienen que, en una fecha no lejana, seremos incapaces de reconocer el mundo tal como es hoy en día.
-¡No manches! -exclama Memo-. En vez de estarle buscando tres pies al gato, mejor vamos pensando en cómo cuidar lo que tenemos y en cómo exigirles a las autoridades nacionales y locales que resuelvan los problemas mundanos. ¡Dicho sea!