¡Más humo que soluciones!
Tapatíos volvieron a salir a las calles para exigir agua limpia, pero la protesta terminó con más humo que soluciones. La Plaza de Armas quedó convertida en escenario de barrenos, piedras, pintas, huevos y tomates. Hasta parte de las puertas del Palacio de Gobierno acabaron en cenizas.
Pero mientras familias y colectivos reclamaban que el agua deje de llegar contaminada, encapuchados rompían cristales y lanzaban proyectiles. Los manifestantes se deslindaron de la violencia, aunque el espectáculo terminó por opacar la demanda principal.
La consigna final fue para el gobernador Pablo Lemus: “¡Da la cara!”. “Si el agua no aparece limpia, al menos que aparezca el gobernador”.
Pero no se registró represión.
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Por cierto, la marcha por agua limpia en Guadalajara tuvo su propio operativo ciudadano: manifestantes persiguieron y acorralaron a dos hombres señalados por detonar barrenos y, al encontrar policías en el camino, se los entregaron para que hicieran su trabajo. Porque una cosa es exigir agua sin porquerías y otra, terminar bañados en pólvora.
Los sospechosos fueron seguidos desde Plaza de la Liberación por las calles Liceo e Hidalgo hasta Paseo Alcalde. Los inconformes pidieron que quedaran retenidos y amenazaron con revisarles las pertenencias si los agentes no intervenían. La Policía finalmente se hizo cargo.
Mientras tanto, frente al Palacio de Gobierno, otros manifestantes cambiaron los argumentos por jitomates, huevos y globos con pintura contra la fachada. Al cierre, no se reportaron nuevos enfrentamientos y la protesta terminó con el Himno Nacional.
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En la Universidad de Guadalajara debieron respirar tranquilos al aclarar que portar una camiseta de los Leones Negros no convierte a nadie en representante, vocero ni embajador de la casa de estudios. Mucho menos si el aficionado en cuestión cambia el balón por un bate, los cánticos por los golpes y la protesta por el vandalismo.
Ante las imágenes de encapuchados armados ayer con palos y pirotecnia durante la movilización por el agua limpia, la UdeG salió a deslindarse de quienes confundieron el derecho a manifestarse con una audición para película de pandilleros.
La Universidad condenó la violencia, exigió investigar las agresiones y respaldó las demandas ciudadanas por agua limpia. Faltaba más: una cosa es defender a los jaliscienses y otra, muy distinta, convertir la protesta en un partido de contacto.