Ideas

Los jinetes del Apocalipsis

Polibio fue uno de los primeros pensadores en tratar de entender los ciclos de naturaleza política. Acuñó la palabra “anaciclosis”, que es el término utilizado para explicar por qué cambian las formas de Gobierno. Con tal fin, diseñó un esquema denominado “Triángulo de Polibio”. En él, señala que la primera forma de Gobierno fue la monarquía -el gobierno del más fuerte- que se corrompió y devino en tiranía; esta, a su vez, se transforma en la aristocracia -el Gobierno de los pocos-, que da surgimiento a la oligarquía y esta, a la plutocracia -el Gobierno de los muy ricos-, la cual es reemplazada por la democracia- el Gobierno de la mayoría-, que se degrada y da cauce a la oclocracia -el Gobierno de la multitud incompetente-. México ha atravesado por todos ellos. En todos los casos, la substitución de un régimen por otro tiene causas específicas: la corrupción, el abuso del poder, la impunidad y la incompetencia. 

Después de la Guerra de Reforma, cuando realmente se consolida el Estado mexicano, el general Porfirio Díaz asumió el Gobierno. Todos conocemos la historia: se encariña con la silla y se queda en ella más de 30 años, hasta que los gringos le ayudan a dejarla. Del Norte vino la Revolución. El movimiento armado consume más de 10 años, hasta que el grupo Sonora se apoderó del Gobierno. Surge el PRI y, en un ejercicio redistributivo del poder entre los principales actores políticos regionales, el sistema (centralista) logra su permanencia al frente del Estado por más de 70 años. Así llegamos a nuestros días, pasando por los regímenes del PAN hasta que, por la vía electoral, López Obrador se apropia de los poderes institucionales y se convierte en el jefe político de quienes ostentan el cargo, aunque no gobiernen. 

Señalé en el primer párrafo que las causas en las que se soporta el cambio no institucional de gobierno son el abuso del poder, corrupción, impunidad e incompetencia. Falta la otra parte: oportunismo, cinismo, envidia, pasividad y valemadrismo, son los componentes que facilitan la permanencia de quienes llegan a ocupar los cargos públicos para su beneficio. Los jinetes del apocalipsis cabalgan. Ahora mismo resulta preocupante que a la larga lista de reformas en las que se soportan las instituciones democráticas, en especial la del Poder Judicial y la de los órganos electorales, se sume la pretensión del gobierno de silenciar a las voces críticas mediante la “ley mordaza” que está en el tintero de la 4T.  La integración de la Suprema Corte es un claro ejemplo de que la lealtad por encima de la capacidad no es el camino correcto; lo mismo sucede en el caso de las autoridades electorales.

Cuando el ciudadano común renuncia a participar en la vida pública bajo el supuesto de que a él no le pasará nada, debemos recordarle que su inacción afectará directamente la vida propia y la de las generaciones por venir. La democracia reclama que cada cual cumpla con su responsabilidad. No nos quejemos mañana de lo que hoy no supimos defender.

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