Ideas

Lo fugaz no anula lo que persiste

Lo que Jalisco se propuso para que su capital estuviera lista para recibir con donaire a quienes la visiten para ser parte de la “fiesta mundialista”, quedó hecho. Bravo. Y por las obras que atañen al aeropuerto: bravo. Otro asunto es si eso que los gobiernos, incluidos los municipales, se propusieron gusta; la urbe es muy compleja y así sus problemas; sus habitantes y sus turistas, de todo tipo, de negocios, académicos, los movidos por tener atención médica o los que nomás lo son por el placer de darse una vuelta por Guadalajara, intrincan esa complejidad.

Pero al cabo, el jolgorio futbolero pasará, todo lo demás permanecerá, con un ligero matiz: si los gobiernos y las y los gobernados se ponen aguzados, podría permanecer el impulso por mejorar la ciudad, su infraestructura y la calidad de vida, representada por las dimensiones que mide Jalisco Cómo Vamos: capacidades individuales (salud, educación, economía, relaciones interpersonales); entorno urbano (vivienda, medio ambiente, espacio público, movilidad); y contexto institucional (seguridad y justicia, gobierno, ciudadanía, servicios públicos).

Podemos hacer un repaso general de lo que permanece, atenidos a las dimensiones ya dichas. Salud, la que se pueda y la que cada cual pueda proveerse, con el Estado en un papel marginal; quien quiera buena atención, medicinas y certezas, se pagan aparte. Educación, “la nueva escuela mexicana”, puro membrete, el “modelo Jalisco” es para diferenciarse del membrete federal; pero si se quiere una educación mejorcita, se paga aparte.

Economía, Jalisco es una potencia, dada primordialmente por el trabajo de mujeres y hombres que, a pesar de todo, hacen lo que les toca; este “a pesar de todo” se relaciona con la dimensión “contexto institucional”, y también a pesar de la misma noción de economía: la desigualdad es todavía inversamente proporcional a la riqueza que el estado, con su gente, crea, y en esto de “la gente” cabe toda, de las empresarias y empresarios, a los campesinos, estudiantes, vendedoras de ocasión, artistas, etc.; no le hace si su hacer recae en el rubro “informal” o “formal” (qué terquedad, pero esto también refiere

al contexto institucional, que nunca ha estado a la altura de la gente, de sus necesidades y de sus impulsos, con Mundial o sin Mundial).

Las relaciones interpersonales son el centro de nuestros afanes personales y sociales: la familia —en cualquiera de sus modalidades— primero, amigos después; esto permanecerá, de hecho, esta red magnífica de relaciones interpersonales es lo que hace a Jalisco una potencia constante y ha provisto históricamente la resiliencia para salir casi indemnes de la hilera de malos gobiernos; además es el sustrato imprescindible para que el futbol y sus alrededores puedan ser una fiesta. Del entorno urbano; la escasez de viviendas, la precariedad de muchas de ellas, no habrá acto deportivo que impida que esta condición mude en el corto plazo; el medio ambiente, en Guadalajara nos hemos empeñado en hacer de la mala calidad del aire que respiramos un rasgo de identidad, tal como con los espacios públicos, no ahondemos en todo lo que cabe en este concepto, pero bien podríamos ser corteses con los visitantes colocando letreros en las calles: perdón por el estado de las banquetas y por sus dimensiones; lo que nos lleva a otra materia que cuando crucemos del otro lado de la fiesta de la patada ahí seguirá: las muy malas condiciones de la movilidad, de los peatones al sacrificio que supone servirse del transporte público (que es privado).

Por último, el contexto institucional, lo planteo con preguntas, no para ser respondidas, para poner en perspectiva la magnitud de los problemas que enfrentamos y que permanecerán luego de que el circo del Mundial líe sus bártulos: ¿cambiarán en un mes, para bien, la seguridad y la justicia? ¿Los gobiernos serán un dechado de transparencia, ejemplares para rendir cuentas y fomentar la democracia? ¿Seremos mejores ciudadanas, ciudadanos? (Una porción de los males que nos aquejan tiene hondas raíces en las actitudes de la misma gente que asimismo obra los milagros ya enlistados). Y los servicios públicos, ¿ganarán en calidad y pertinencia, serán uniformes para todas, para todos, cuando suene el silbatazo final?

No puedo terminar esta relación de pendientes sin destacar uno que atraviesa todas las dimensiones: las y los desaparecidos, emblema de lo que, a despecho de la FIFA, permanece para recordarnos que una fiesta es, por naturaleza, efímera, y que mientras unos se dejan envolver por los mareantes vapores de la euforia popular y mediática, muchas, muchos no tienen algo que celebrar y el futbol debe resultarles una banalidad afrentosa. ¿No deberíamos estar todos concentrados en dar con los que nos faltan, en impedir que más desaparezcan?

No intento ser aguafiestas, sería una desmesura: el guateque que inicia el jueves no puede ser pasado por agua ni con cien opinadoras u opinadores confabulados. No obstante el pesimismo, será difícil sustraerse a la tradicional aritmética de la mediocridad: la selección mexicana y sus tumbos habituales en las competencias reales, perdiendo con quien era un rival fácil —y también con el difícil— aunque empatando con aquel que necesitaba ganar para pasar a la siguiente fase; en tanto, el país, ábaco en mano, calcula las posibilidades que abrió para el equipo el empate: si el de más allá pierde por tres goles y el camión de aquel otro es alcanzado por un rayo que le impida llegar al estadio. Quizá. En México, por más escépticos que seamos, al llegar el primer partido, avanzar lejos en el torneo es una certeza vergonzante, solo en broma nos atrevemos a expresarla, esto quedará de la fiesta, para la fiesta misma y para la vida cotidiana: proponernos exigir que los gobernantes hagan lo suyo como lo hicieron para preparar la ciudad para el Mundial, y que el resto emprendamos en comunidad la intervención en todas las dimensiones para elevar la calidad de vida, a la voz futbolera de: sí se puede, más nos vale.

agustino20@gmail.com

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