Llevan jóvenes enojo a la calle
Los jóvenes están llevando su enojo a las calles. La llamada “Generación Z” –de las y los nacidos entre 1997 y 2012– está liderando decenas de manifestaciones masivas en el mundo. Sus reclamos en Europa, Asia, África y América Latina son tan legítimos como coincidentes: corrupción, precariedad educativa, falta de oportunidades, desigualdad económica, deterioro ambiental… Estas protestas han sido recibidas también de forma similar: lanzándoles gas lacrimógeno y chorros de agua, con detenciones masivas y heridos.
En Francia y Bélgica, miles de estudiantes de secundaria y preparatoria han estado encabezando una ola de marchas y bloqueos por las condiciones educativas; reclaman que hay pocos profesores, las aulas están saturadas, los planteles escolares deplorables y, encima de todo, los gobiernos pretenden recortar los recursos para educación. En las últimas semanas, las calles francesas han sido tomadas por más de 400 mil manifestantes.
En España, los jóvenes también se sumaron a las protestas por la grave crisis de viviendas, los bajos salarios y la falta de empleos. Para los españoles y, particularmente, para la “Generación Z”, se ha vuelto inalcanzable tener una casa propia y, ante lo costoso de las rentas, es común que continúen viviendo con sus padres, sin poder independizarse o formar su propia familia.
En la India, incluso de forma satírica y burlona, crearon el movimiento de las “cucarachas”. Este surgió después de que los jóvenes reclamaron la filtración de las preguntas de un examen de ingreso a la universidad, el desempleo y la reducción de oportunidades para su generación, y un alto funcionario los insultó comparándolos con parásitos y con estos insectos. La ofensa se convirtió en una parodia del Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party o BJP), el partido conservador gobernante. Hoy, el Partido Popular Cucaracha (Cockroach Janta Party o CJP, por sus siglas en inglés) ha sumado millones de seguidores en ese país.
En México, la “Generación Z” representa casi una cuarta parte de la población (hay 30.4 millones de personas entre 15 y 29 años). Es una generación que no se queda callada ni está indiferente a lo que ocurre en su entorno y que está exigiendo un cambio. En Jalisco, en la pasada marcha por la pésima calidad del agua, pudimos ver a cientos de ellos, junto a adultos mayores y niños, exigiendo un derecho.
“Me estuve quedando con mi abuela unos días y el agua ahí olía como a sangre, como a hierro, no sé, como metálico”, describe Melina, estudiante de 20 años, que por primera vez acudió a participar en una manifestación. “Yo decía: pues no puedo quedarme así sin hacer nada ni estar con los brazos cruzados”.
“Se empezó a poner más agresivo”, narra. A ella y sus amigos les tocó el gas pimienta; vieron cuando lanzaban piedras y había mujeres y chavos ensangrentados. “Y empezaron a lanzar agua limpia, que fue como lo irónico”, reflexiona, “es una marcha por el agua y están desperdiciando el agua”.
Las demandas de esta generación son universales: educación, empleo, vivienda y rendición de cuentas. Y la respuesta de las autoridades, lejos de mitigar la molestia, está fomentando el activismo y creando unidad entre los propios jóvenes. Es una generación de resistencia. Aunque protestar aquí significa arriesgar sus vidas y su libertad.
Instagram: vania.dedios