Llegó la hora
Imaginemos por un momento que la prohibición del cigarro desaparece. Con toda la información sobre su impacto adictivo en la salud, ¿dejarías fumar a tu hijo menor de edad? La respuesta es clara: no.
¿Por qué entonces permitimos que los menores pasen horas frente a una pantalla?
El psicólogo Jonathan Haidt señala en su libro “La generación ansiosa”, un clásico contemporáneo del impacto de las pantallas en la salud mental y el desarrollo de los menores, que hemos pasado de una “infancia basada en el juego” a “una infancia basada en el celular”.
Su razonamiento es similar al ejemplo inicial. Los padres buscan eliminar cualquier riesgo en el mundo real para sus hijos, pero a menudo son totalmente permisivos con los efectos del mundo virtual porque ignoran las amenazas que representa: desde el reclutamiento forzado que abordé en mi columna de ayer hasta la adicción digital, inseguridad, ansiedad, depresión y una disminución en la calidad de las interacciones humanas.
La corteza frontal del cerebro, explica Haidt, “esencial para el autocontrol, el retraso de la gratificación y la resistencia a la tentación, no alcanza su capacidad total hasta mediados de los 20 años”.
Las redes sociales son productos diseñados para ser altamente adictivos y las empresas tecnológicas se comportan como en su momento las compañías tabacaleras, que intentaron eludir cualquier responsabilidad por el daño que provocan.
Por ello la regulación de las tecnologías digitales, en específico el uso de pantallas en niños y adolescentes, es una discusión urgente que ya comenzó.
Este lunes, la Presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada de Mario Delgado, titular de la SEP, y Ricardo Villanueva, subsecretario de Educación Superior, anunció la realización de foros para discutir una iniciativa federal que regule el uso de pantallas y redes sociales en escuelas.
Este dato presentado durante la conferencia por Cimenna Chao, doctora en psicología educativa, basta para entender el desafío que enfrentamos: el 33% de personas solteras de la generación Z ha sostenido una relación romántica con un agente de Inteligencia Artificial (léase Chat GPT, Gemini u otro).
Llegó la hora.