Las noches del Ritz
Parafraseando el Cuplé de Lilian de Celis llamado “Las tardes del Ritz”, pieza musical estrenada en el año de 1924 en el Teatro Fuencarral de Madrid y que nos recuerda la sociedad europea de esa época que bailaba al ritmo del Charleston y del Foxtrot, mi columna de esta mañana lleva el título de “Las noches del Ritz”.
Y no, no se refiere a un salón de baile ni nada por el estilo, quiero recordar una bella época del cine local, en el que a bordo de nuestro auto podíamos ir en familia a ver una película que se exhibía literalmente en un cine al aire libre, lo que, si no es impensable, al menos no era ni es lo usual ya que estamos más acostumbrados a ir a las salas cinematográficas y ver una película ahora en la comodidad de sillones reclinables e incluso con servicio de meseros.
A finales de la década de los años cincuenta del siglo pasado, en lo que ahora es el Fraccionamiento Jardines de San Ignacio, justo donde está el centro comercial, se encontraba un terreno muy grande, yo creo que era como de unas cinco hectáreas al menos, donde don Guillermo Hass, que tenía una productora de cine independiente, introdujo a nuestra ciudad la modalidad de los autocinemas.
La idea del autocinema fue concebida por Richard Hollinshead, originario de Camdem, New Jersey, quien el 6 de junio de 1933 inauguró su “Automobile Movie Theatre” un novedoso concepto que incluso fue patentado, luciendo en su marquesina un letrero que decía “Drive Thru Theatre” y anunciaba pomposamente “El primer cine al aire libre del mundo: siéntese en su coche, vea y escuche películas”. Tenía una pantalla de 12 metros por 15 metros, suficiente para una exhibición nítida de las películas. Se sabe que el precio del boleto era de un dólar por tres o más personas en coche y si solo iban dos o incluso una, el costo se reducía a veinticinco centavos de dólar; hablamos de 1933, no lo pierda de vista.
Don Elías Sustiel fue el primer gerente del Autocinema Ritz que estaba a inmediaciones de la Glorieta Chapalita donde convergen las avenidas de Las Rosas, Guadalupe, San Ignacio y la calle del Parque, justo, como decía, donde una vez estuvo el supermercado Hemuda y ahora ocupa el lugar otro centro comercial en esa hermosa Colonia Chapalita, de muy gratos recuerdos para mí pues allí viví mi adolescencia y juventud.
Tengo como fecha de la inauguración del cine, la del 25 de diciembre de 1955, aunque también hay información de que su inauguración fue en el año de 1959 sin poder precisar la fecha, pero en lo que sí concuerdan mis fuentes es que el día de la inauguración se exhibieron dos películas italianas, y debo decir que siento más cierta la fecha de inauguración la del año 1955 por una foto que llegó a mis manos hace poquito y a la que me referiré en párrafos posteriores.
Cabe aclarar que tiempo después el Autocinema Ritz se trasladó primero a avenida Vallarta, cerca del Hotel Camino Real, y luego se ubicó por el rumbo de la carretera a Saltillo, en El Batán e incluso le dio nombre a un Fraccionamiento denominado Autocinema.
Las primeras películas exhibidas fueron “Mentira” protagonizada por Yvonne Sanson y “El Sol en los ojos”, ambas de la filmografía italiana, rodada la primera en 1955 y la segunda reestrenada en ese mismo año.
Tengo una foto que dice: “Mañana gran inauguración del Autocinema Ritz, a las 7 de la noche”: “Desde su propio automóvil usted verá cómodamente las películas en la más grande pantalla para Cinemascope en el país: 33x20 metros” y se anunciaban en el cartel publicitario inserto en el periódico, las películas mencionadas, “Mentira” y “El Sol en los Ojos”.
En el cartel publicitario anunciaba el inicio de la función con el Noticiario a las 7 de la noche y la primera película se exhibía a las 7.10 y se repetía a las 11 de la noche y la segunda película iniciaba a las 9.10 de la noche.
Los precios: $ 4.00 por coche y los niños menores no pagaban; tiempo después el costo era de $10.00 “coche lleno”. La publicación, que invitaba a asistir a la inauguración, decía que se trataba de un cine monumental, con 40 mil metros cuadrados de superficie, con capacidad inicial de 520 automóviles y espacios con una bocina con control de volumen individual. Eso de cine monumental no es de extrañarse, pues el Cine Alameda en esta Ciudad tenía cupo para tres mil 500 personas cómodamente sentadas. En esa época las enormes salas de cine eran lo que imperaba, el Cine Florida inaugurado en la Ciudad de México en 1952 tenía espacio para acomodar a siete mil 500 asistentes; el Cine Colonial, también en el antiguo Distrito Federal tenía espacio para más de cinco mil espectadores; nada que ver con los multicinemas de hoy que tienen espacio promedio en cada sala para 60 personas.
Recuerdo que la dulcería del Autocinema Ritz, estaba muy bien surtida y tenía servicio en el auto; allí probé unos deliciosos sándwiches de jamón y de queso amarillo, muy sencillitos, con crema, jitomate y rajitas de chile jalapeño presentados en triangulito, claro, además de las clásicas palomitas, los pistaches, cacahuates y los infaltables refrescos.
Fue un gran éxito el del cine Ritz; el concepto del cine en su auto, que como les contaba se originó en los años 30, llegaba con veinte años de retraso a nuestra ciudad, pero igual era novedoso y nos brindó a muchas familias horas de diversión y entretenimiento mientras admirábamos a las estrellas del cine europeo y hollywoodense protagonizando películas de acción, aventura y romance, y allí estábamos, en el coche de papá, todos en familia y con amigos disfrutando de la privacidad de nuestro auto y de la película.
El Autocinema Ritz, cuando se empezó a fraccionar esa zona de la Colonia Chapalita, ahora San Ignacio, mudó de domicilio y se fue a la Avenida Vallarta casi esquina con Don Bosco, justo donde ahora se encuentra otro centro comercial muy famoso poco antes de llegar a donde se encuentra la Cámara de Comercio, solo que además de cambiar de ubicación también se cambió de nombre por el de Autocinema Real, pero no tuvo el éxito de su antecesor y terminó desapareciendo por el rumbo de El Batán, como decía en párrafos anteriores.
Las noches del cine Ritz fueron inolvidables. A partir de las siete de la noche la cita era en el Autocinema Ritz en la Colonia Chapalita y quiero decirles que nunca supe de algún incidente que se haya suscitado con motivo de la circulación y estacionamiento de vehículos en su interior; era un lugar muy espacioso y contaba con bocinas individuales que tenían un ganchito que se ajustaba a la portañuela del vehículo para escuchar en el interior el audio de la película que se exhibía en una super pantalla de 30 x 20 metros, muy superior en dimensiones de aquella que era de 12 x 15 metros y se encontraba en Admiral Wilson Boulevard, en Pennsauc en Township, N.J. aquél 6 de junio de 1933 con todo y los altavoces RCA que fue la primera en el mundo e impuso una moda.
Creo que el recuerdo que les he traído en esta página, a su vez les traerá muchos más a su memoria y tendrán seguramente muchos temas de conversación con su familia y amigos, de esa Guadalajara en la que vivimos o en la que a muchos de ustedes les hubiera gustado vivir.
Bueno, por hoy es todo, los invito para que aquí, en EL INFORMADOR, nos reencontremos dentro de siete días si Dios quiere. Los espero con un café recién hecho acompañado de bísquets con mantequilla y mermelada de fresa. Feliz domingo.
lcampirano@yahoo.com