Las alianzas que he conocido
Japón está preocupado con China. Muy preocupado. Y tiene razón. El gigante asiático ha logrado un enorme crecimiento en varios mercados, quitando clientes incluso a los japoneses, que no logran competir contra la velocidad de desarrollo y producción de los chinos, en especial en vehículos eléctricos. De ahí que varios hayan decidido unirse para ahorrar con la economía de escala, es decir, el que compra más, compra más barato. El tema es que las alianzas tienen una gran tendencia a salir mal. Y vaya que ha pasado; personalmente, he sido testigo de algunas.
La primera gran alianza de los últimos 30 años se dio con Daimler-Benz y Chrysler, que en 1998 crearon DaimlerChrysler. La idea era sumar la calidad de Mercedes al buen diseño y volumen de Chrysler, que en la época era el tercer mayor fabricante de Estados Unidos, no solo una marca luchando por sobrevivir, como ahora. Nueve años más tarde, vimos que pasó justo lo opuesto. Bajó la calidad de Mercedes —los números de los estudios como J.D. Power o Consumer Reports lo muestran— y Chrysler fue poco a poco perdiendo su creatividad o, mejor dicho, vio cómo esta virtud fue cortada por los alemanes en lo que, más tarde, se descubrió que nunca fue una “alianza entre iguales” como difundieron entonces, sino que Mercedes compró a Chrysler, cuya calidad, dicho sea de paso, también bajó, aunque no lo crean. El primer auto compartido entre ambas fue el Crossfire, que usaba la plataforma del anterior SLK; era poco fiable como un Chrysler y caro como un Mercedes, sin que su dueño pudiera presumir la estrella de tres puntas, el motivo principal que hace que la gente pague por un auto premium.
La siguiente alianza fue Renault-Nissan. La japonesa estaba al borde de la quiebra cuando Renault llegó al rescate, compró 36.8% de Nissan —en 2001 pasó a 43.4%—, puso a Carlos Ghosn al frente y luego disfrutó de las mieles de su tamaño y los beneficios que dejaba. El tema es que esto no les gustó nada a los japoneses, que sentían que su dinero se iba a Francia, y luego se renegoció el acuerdo. Ahora puede que pase algo similar.
¿Y si China se une?
Porque Nissan, Honda y Mitsubishi están estableciendo un acuerdo de colaboración, luego de que fallara un intento de alianza entre Honda y Nissan. Lo que quieren hacer ahora es unificar la computadora central (ECU), su cerebro electrónico, para abaratar costos. ¿Qué dirá Renault?
Toyota, después de que su jefe ejecutivo, Koji Sato, dijera que la industria automotriz japonesa no sobreviviría sin unirse, está formando un bloque junto con Mazda, Subaru y Suzuki —además de Hino y Daihatsu, ya parte de Toyota— para buscar lo mismo. Aquí la idea es similar, pero con los arneses, los conjuntos de cables que llevan la información digital a través de los distintos sistemas del auto y que son mucho más caros de lo que la mayoría piensa. También entran las motorizaciones eléctricas y de combustión interna, lo que se hará de acuerdo con cada mercado.
Otra gran alianza fue Fiat-Chrysler, que sentó las bases para lo que hoy es Stellantis, que sigue buscando encontrarse entre tantas culturas distintas y la prueba es que su primer jefe ejecutivo, el portugués Carlos Tavares, nunca entendió realmente la importancia y el peso del mercado estadounidense. Stellantis también está buscando una forma de, si no vencer, al menos aliarse con el “enemigo”, China, al juntarse con Leapmotor.
En teoría, estas futuras alianzas japonesas tienen sentido: producirán más a menor costo y a mayor velocidad. Desarrollarán productos específicos para cada mercado, como eléctricos para Europa e híbridos para América Latina. El tema, en mi opinión, es que puede no ser suficiente. Por ahora, van ganando tiempo al convencer o incentivar a algunas autoridades a poner elevados aranceles a los productos chinos, mientras ellos desarrollan sus fortalezas. Pero ¿qué tal que China, si llegara a sentirse amenazada, hiciera lo mismo? Sí, ya hay algunas alianzas en China, principalmente con las marcas que pertenecen al gobierno chino, como SAIC, BAIC o Chery (Chirey, en México). Pero si la unión nipona se mostrara suficientemente fuerte, no me parece descabellado pensar que la autoridad china obligara a las marcas privadas como Geely o BYD, las dos mayores actualmente, a hacer lo mismo en favor del país. Compromiso con la democracia, no hay. ¿Occidente y Japón podrían competir contra eso?
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