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La mariposa aletea ¿y el huracán?

Reza una máxima que quién sabe de dónde salió, aunque sí sabemos que su lógica es falsa: si le va bien al presidente, en esta ocasión a la Presidenta, le va bien al país. En términos personales y de su grupo político, no ha habido, desde la Revolución hasta hoy, mandatario al que le vaya mal; se han enriquecido explicablemente, no les ha ido mal a pesar de la corrupción en la que esté envuelta su gestión, a pesar de la perniciosa manera de administrar las finanzas públicas, a pesar de que ponen a la República al servicio de sus ocurrencias, de todo tipo (no hay alguno que haya resistido semejante tentación).

En la práctica significa que aunque en calidad de titulares del Poder Ejecutivo les haya ido mal, por lo que protestaron guardar y hacer guardar, las condiciones del país no corresponden con la baja calidad de sus gobiernos, sin excepciones; y seamos tajantes, el romanticismo con el que solemos visitar la historia y el hecho de que cada presidente haya resultado peor que el previo lleva a afirmar que Lázaro Cárdenas fue un gran presidente, y por estas fechas hay quienes extrañan a Salinas o a Zedillo, como si el estado lamentable de la igualdad, de la libertad, de los derechos, de la democracia, no fueran consecuencia de la despaciosa y tenaz colaboración de cada presidente, de cada gobernador.

Sin embargo, a pesar de sus gobernantes México es la economía número doce del mundo. Más allá de su demagogia, el trabajo de las y los mexicanos es un tesoro apreciado. Y si la cultura plural del país es destacable, es por sus hacedoras y hacedores; de las artesanías a las piezas de museo, de las salas de concierto a la música popular, de la literatura a un etcétera amplio y estupendo. ¿Es necesario enfatizar que no es gracias a las autoridades? Por la gente es que el país no hace más agua, su trabajo es a contracorriente de aquéllas, que son peso muerto, pasivo costosísimo que ha mal usado el dinero del erario que debió emplearse, no este sexenio o el anterior, todos, para que los indicadores que importan, seguridad, salud, educación, justicia, acceso a derechos y a buenos servicios públicos, no estén en la parte baja del tablero mundial.

Y de repente, en este contexto, personal si quieren, o sea, aquejado de subjetividad ¡que se nos enferma Claudia Sheinbaum! Una gripe (declaró). Siguiendo la lógica dizque de la sabiduría popular: si la Presidenta se enferma ¿se enferma el país? No. Aunque la política de los poderosos está postrada por un achaque causado por el estreptococo “Rocha Moya”: es de esos microbios a los que no les importa matar al organismo que los hospeda. Sólo que el cuerpo-partido desde el que medró no sólo lo admitió, lo cuidó y lo mimó hasta la abyección: incubó su propio estrago. Ni la Presidenta ni López Obrador atendieron las opiniones de los investigadores que advirtieron que Rocha Moya era una bacteria dañina, creyeron que la podían contener suministrándole declaraciones que refrendaran la confianza que le tenían, puros placebos, el mostrito criminal salió de la cajita de Petri, aunque un día después se regresó, pero no quieren usar la penicilina que lo aniquilaría: carpetas de investigación correctamente sustanciadas.

Ahora Morena se alarma, cómo es posible, qué irresponsabilidad política que el germen regrese, qué falta de sensibilidad. La convaleciente Presidenta espetó (podemos especular si se dirigió al pernicioso Rocha Moya o a su no tan inerte excipiente, López Obrador) desde la tribuna X (es el nivel actual de la política en la República, x): “Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia.” ¿Qué preferirá el consentido del crimen organizado del norponiente del país, enfrentarse a una investigación seria de la FGR o a la historia? La Presidenta se quedó corta, quizá dejó el poder que le confirió el pueblo de México envuelto en uno de los kleenex que usó para enjugarse los apuros viscosos de la gripe.

Pero esa indignación morenista por la vuelta a la gobernatura de Sinaloa del escabroso Rocha Moya puede ser provechosa. Hace unos meses, que la justicia de Estados Unidos lo señalara como aliado del crimen organizado (para efectos del Departamento de Estado, socio de terroristas) mereció la reprobación más orgullosa del régimen, llegó a equipararse al mancillamiento de la soberanía; Claudia Sheinbaum llegó a amenazar con el himno nacional a los extranjeros que ven al país como botín: en cada acta de nacimiento se inscribe un soldado, una soldada para defender a la patria. Escondieron a Rocha, falsearon un video para no investigarlo por el homicidio de Héctor Melesio Cuén, y ni hablar de las evidencias sobre la intromisión del crimen organizado para garantizar que el hoy maligno ganará las elecciones en 2021. Según el gobierno federal, la ultraderecha, nacional e internacional, estaba confabulada para inhibir la transformación de México. Qué cosas tiene la política de esta gente, causa enojo, risa, sarcasmos, lástima, dolor, la única cosa de la que está carente es de ética.

No, no hay una relación directa entre lo bien que le vaya a la Presidenta (y a los de antes) con lo bien que le vaya al país. No obstante, que se mejore Claudia Sheinbaum. En una de esas regresa fortalecida y asumiendo la responsabilidad que eligió: tratar de que lo bien que le vaya a ella se empareje con lo bien que le vaya a México. Así remató su mensaje x desde la X tribuna: “Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación.” ¿Será consciente de que le toca, para eso es el poder, proponer y construir, no con su grupo, con todos, el orden político, legal y la justicia para que ese “por encima” ocurra? De discursos ya estuvo suave.

agustino20@gmail.com

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