La comedia y el drama reciben “La Invitación”
Tras su sonoro éxito en el Festival de Sundance de este año, ha llegado a salas “La Invitación” (“The Invite”, 2026) de Olivia Wilde. El filme es una comedia dramática de emociones efervescentes, tensión latente y humor incisivo cuya radiante mordacidad resulta magnética. La pieza explora las crisis de pareja lanzando estocadas directas y, en consecuencia, arrancando carcajadas francas entre el público. En una época en la que los refritos o remakes abonan poquísimo y se sienten (en su mayoría) como un despropósito, esta cinta nos muestra que es posible rehacer o reimaginar una película reciente con sentido y sustancia.
Basada en el largometraje español “Sentimental” (2020) de Cesc Gay, “La Invitación” nos cuenta la historia de Angela (Wilde) y Joe (Seth Rogen), un matrimonio que pasa por un momento crítico en su relación: cualquier motivo es suficiente para causar fricción o, de plano, entrar en el terreno del pleito. Una noche, ambos reciben a sus vecinos del departamento de arriba para pasar una velada de convivencia. El contraste salta a la vista de inmediato: tal parece que Piña (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton) son compenetración pura, mientras que Angela y Joe son un caos. A lo largo de la cinta permanecerás expectante, pues queda claro que algo está por arder.
La virtud evidente del filme es de carácter interpretativo: Wilde, Cruz, Rogen y Norton ofrecen actuaciones de nominación, de premio, de vitoreo. La química es increíble. Wilde y Rogen ofrecen un trabajo que podemos ya “rankear” entre los mejores de sus carreras; en tanto, Cruz y Norton dan cátedra de por qué se han consolidado entre los mejores de su camada. No hay fisuras histriónicas en esta cinta. Ninguna. Se nos ofrece un relato en el que conviven las emociones interiorizadas y los desplantes de ejecución física: en corazón y cuerpo, el elenco lo da todo.
Queda claro que “La Invitación” es una “película de actores”: la dirige una actriz que logra comunicarse en la misma frecuencia que su reparto; tal vez por ello la pieza esté tan lograda en ese tenor y el casting tenga tanta consistencia. Son los personajes los que canalizan el torrente narrativo de esta historia, de ahí que los actores adquieran tanta relevancia.
Por otro lado, y al igual que ya lo hizo en “Booksmart” (y con sus contrastes en “Don’t Worry Darling”), Wilde nos muestra la claridad y soltura que puede alcanzar su mirada cuando dirige. Olivia no sufre de contratiempos narrativos al momento de mantenernos atentos y comprometidos, aunque la acción ocurre completamente dentro de un solo espacio (un departamento): en su filme no hay aburrimiento ni monotonía. Sus decisiones respecto al aprovechamiento espacial son certeras; lo que ha logrado en colaboración con el cinefotógrafo Adam Newport-Berra (“The Bear”, “The Studio”), al diseñar una relación tan efectiva entre cámara y personajes, es digno de aplauso.
Con el tono de una comedia costumbrista, “La Invitación” se consolida como una de las propuestas de cine comercial mejor logradas que hay en este momento en cartelera. Es un relato sobre la fragilidad del hilo que ata nuestros vínculos afectivos y cotidianos; sobre las consecuencias de tasarse en relación al otro; sobre las fisuras imposibles de resanar; sobre llamas sofocadas y sobre los “gritos de ahogado” cuando un amor “de toda la vida” ya no da más. En una temporada de blockbusters y cine familiar, el público adulto agradecerá este estreno.