Ideas

La batalla por Jalisco, la frágil frontera del conflicto

El escenario político de Jalisco ha registrado un acelerado cambio de ritmo en los últimos días. La presencia simultánea de las dirigencias nacionales de los dos principales bloques en pugna ha servido para medir fuerzas. La escenografía de ambos despliegues, impregnadas (ambas) de triunfalismo, no solo buscó cohesionar a sus respectivas estructuras, sino enviar un mensaje claro hacia el centro del país: Jalisco no está resuelto para nadie.

Por un lado, el oficialismo federal exhibió una capacidad de movilización y articulación territorial que no se le había observado previamente en la entidad. Históricamente fragmentado en tribus locales y ahogado en rencillas internas, el movimiento mostró en esta ocasión señales de vertebración bajo el amparo de su dirigencia nacional. 

Por el otro lado, el proyecto político que encabeza Jalisco respondió con un ejercicio de músculo partidista diseñado para reafirmar su hegemonía local. No obstante, detrás de la escenografía, la lectura de fondo revela un estilo de hacer política cruzado por la autocomplacencia. El riesgo para Movimiento Ciudadano no radica en su capacidad de convocatoria, sino en la desconexión entre el tono de triunfo de sus actos públicos y la percepción ciudadana sobre el deterioro/descontento en servicios críticos para el Estado. Cuando la narrativa política se sobrepone a la gestión, la soberbia suele convertirse en el principal vector de vulnerabilidad.

Sin embargo, el elemento de mayor peso en esta ecuación política local no reside únicamente en la fortaleza del adversario ni en los errores de los gobiernos locales. El factor determinante que condiciona el desenlace de esta contienda es la naturaleza intrínseca de Morena: su histórica incapacidad para administrar la unidad interna.

El gran enemigo del movimiento federal en Jalisco nunca ha sido del todo la oposición, sino sus propios pleitos domésticos. La disciplina exhibida ante las dirigencias nacionales suele ser un espejismo temporal que se disipa en cuanto inicia la distribución real de candidaturas y cuotas de poder. El canibalismo entre grupos fundacionales, liderazgos externos y visiones contrapuestas genera una dinamita interna que, en procesos electorales anteriores, ha neutralizado sus propias ventajas. Si las fisuras internas afloran durante el proceso de selección de perfiles, el impulso organizativo actual se diluirá con la misma rapidez con la que fue construido, otorgándole un tanque de oxígeno a un Gobierno estatal desgastado.

Jalisco se encuentra así atrapado en una pinza con la soberbia y la desorganización en cada una de sus puntas. Por un lado, la inercia de su propia soberbia y la sobreestimación de su capital político. Por el otro, una fuerza opositora en franca expansión organizativa, pero atenazada por la sombra permanente de la autodestrucción por faccionalismo.

Temas

Sigue navegando