Innecesario
Los excesos de la 4T son su propio peor enemigo. Excesos transparentes para la ciudadanía que no hacen más que empoderar a sus detractores y generar dudas. Supongo que algunos de los más duros seguidores de Morena se regocijarán de estos excesos, pero en una situación política tan compleja como la que atravesamos, ¿qué sentido político tiene endurecer a los que ya son duros?
La aparatosa detención de Ernesto Ruffo es el más reciente y quizás más alarmante de estos excesos. No porque Ruffo sea o no culpable, sino porque a todas luces fue un espectáculo político-mediático. El cálculo interno es fácil de entender, asediado por Estados Unidos, el Gobierno quería mostrar que los corruptos no sólo están en las filas de Morena, sino incluso en los más insospechados y respetados lugares de la oposición política. Darle un golpe a esa inexistente y maltrecha oposición. Este es el ángulo que quieren transmitir, pero el que realmente transmiten es completamente distinto. Que la justicia en México sigue al servicio del poder político.
Seguramente algunos de los sectores del morenismo estarán encantados con la noticia, hay una sed de venganza que sigue corriendo a pesar de llevar 8 años en el poder. Pero para la ciudadanía en general es imposible no ver lo que realmente está sucediendo. El uso político de la justicia. Flagrante. Evidente. Ruffo puede ser o no culpable, pero la razón por la cual ha sido aprehendido —y otros no— es transparente para la mayoría de los ciudadanos.
Esto no es nada nuevo. Los Gobiernos del PAN y del PRI lo hicieron constantemente durante sus sexenios. Pero todo el punto de los Gobiernos de la 4T era no ser como fueron los Gobiernos del PRI y el PAN. En ese sentido, la detención de Ruffo sólo sirve en un nivel; como una advertencia a los adversarios políticos de que el Gobierno está dispuesto a cualquier cosa contra ellos. Esto no es un buen mensaje, ni sirve a los objetivos del Gobierno.
La presión que ejerce Estados Unidos es sumamente compleja. Los señalamientos sobre gobernadores morenistas ponen a la presidencia en una situación casi imposible. El Gobierno de Sheinbaum no puede entregar a nadie porque hacerlo sería abrir la puerta para que Estados Unidos pudiera luego hacer lo mismo con quién quieran. Con o sin pruebas. Los estadounidenses también juegan políticamente con la justicia. Pero el no entregar no significa defender ni solapar. Y en eso el Gobierno se ha equivocado. A la larga, la mejor estrategia que tienen es hacer una limpia anticipada. Una limpia verdadera en la que se procese a quién tenga que procesarse sin importar su afiliación política. Eso significa morenistas.
Hacerlo empodera al Gobierno. Les dota de una respuesta visible, legítima y popular ante Estados Unidos: nosotros ya lo estamos haciendo y no necesitamos de ustedes. El problema actual del Gobierno en ese plano es que su narrativa se ha vuelto reactiva. Echar a andar una verdadera limpia, no solo le hace bien al país, sino que comunicacionalmente se anticipa a la crisis, volviendo a tomar control de la narrativa.
Lo que están haciendo es lo contrario. Ser reactivos de la manera más obvia. Nadie creerá que su búsqueda es la justicia y habrá más argumentos para hablar de los abusos y excesos del gobierno. La oposición política está fascinada con las acciones de Donald Trump porque creen que Trump le pondrá un alto a la 4T. Su análisis también es equivocado. A Trump no le interesa lo mismo que a la oposición, el presidente de Estados Unidos quiere ganar la elección de este año y hará sólo lo que tenga sentido internamente para lograrlo. El fetiche de la oposición es irreal y sumamente dañino para el país. Pero la reacción del gobierno sólo empodera las narrativas que lo atacan.
Hace unas semanas el final del Mundial le tendió al Gobierno una posibilidad insospechada; la posibilidad de construir una narrativa de unión entre los mexicanos y de ampliar su base social. La oportunidad no está del todo perdida, pero estratégicamente la aprehensión de Ruffo es la peor manera de lograr los objetivos del Gobierno, que me imagino también estarán pasando por las elecciones intermedias. El mundo no son las redes sociales, hay millones de mexicanos que han estado en desacuerdo con la Presidenta, pero que también valoran muchos de sus atributos. Es hora de dejar de responderle a los críticos eternos de las redes sociales y poner la atención sobre los mexicanos que quieren que este sexenio funcione para el país, no para un partido político.
X: @EmilioLezama