Iberoamérica sí importa en Bruselas
Hay lugares donde estar es importante. Y hay espacios donde es imprescindible hacerse escuchar. Bruselas es uno de ellos, como sede de la Unión Europea.
Por eso, para quienes formamos parte de CEAPI, nuestra reciente presencia en el Parlamento Europeo ha tenido un significado especial. Hemos llevado a Bruselas algo que consideramos esencial: la voz, las propuestas y la visión de los empresarios iberoamericanos sobre la relación que queremos construir entre América Latina y Europa, con el impulso de España. Y esa relación, a mi juicio, tiene que dar un salto cualitativo importante.
Europa y Latinoamérica ya están profundamente conectadas como parte de la región iberoamericana. Compartimos historia, cultura, valores, lengua, empresas, inversiones y personas. Pero, precisamente porque tenemos tanto en común, corremos el riesgo de dar por descontada una relación que necesita ser cuidada, actualizada y, sobre todo, proyectada hacia el futuro. Iberoamérica importa en Bruselas, pero debería importar mucho más.
Como muchas veces resalto en estas líneas, vivimos un momento de profunda transformación geopolítica. Las cadenas de suministro se están reorganizando, la transición energética redefine las prioridades económicas, la seguridad alimentaria gana protagonismo y las grandes potencias compiten por recursos, mercados e influencia. En este nuevo escenario, América Latina ha dejado de ser una periferia para convertirse en un espacio estratégico. Estoy segura de que Europa será capaz de verlo a tiempo.
Latinoamérica tiene mucho de lo que Europa necesita: recursos naturales estratégicos, energía, alimentos, biodiversidad, agua, minerales críticos y, sobre todo, talento y capacidad empresarial. Sin embargo, la relación no puede construirse desde una lógica extractiva ni desde la idea de que América Latina es simplemente un proveedor de materias primas. Necesitamos una relación de igual a igual.
Más inversión. Más empresas. Más innovación. Más cadenas de valor compartidas. Más proyectos capaces de generar empleo, oportunidades y prosperidad a ambos lados del Atlántico.
Europa no debería limitarse a vender más en Iberoamérica. Debería invertir más en Iberoamérica. Y las empresas iberoamericanas deberían encontrar en Europa una plataforma para crecer, internacionalizarse y competir en el mundo.
España tiene aquí una responsabilidad especial. Por su posición, por su experiencia empresarial y por las redes construidas durante décadas, puede y debe ejercer de puente. Pero no como intermediario, sino como parte de una comunidad económica mucho más amplia: Iberoamérica.
Hace más de un siglo, Ortega y Gasset, refiriéndose a los problemas de España, afirmó que “Europa es la solución”. No me atrevería a formular hoy una afirmación semejante. Pero sí estoy convencida de algo: muchos de los desafíos que afronta Europa encuentran respuesta en Iberoamérica.
En Bruselas hemos podido trasladar esta visión directamente a representantes del Parlamento Europeo y de las instituciones comunitarias. También hemos comprobado algo que considero fundamental: existe interés por conocer mejor lo que piensa y hace el empresariado iberoamericano. Y mi trabajo, como presidenta de CEAPI, es ayudar a convertir ese interés en acción.
La empresa debe ser parte de la conversación geopolítica. Allí donde otros ven únicamente riesgos, nosotros vemos oportunidades. Sabemos también que la inversión solo puede prosperar cuando existe seguridad jurídica, estabilidad institucional y un compromiso firme con el desarrollo social.
Europa debe ganar agilidad y confiar más en Iberoamérica. Un ejemplo es la inversión en minería, donde Estados Unidos, Canadá y Australia (países que cuidan mucho más a sus inversores) nos llevan ventaja.
Europa necesita socios fiables. Iberoamérica necesita inversión y alianzas de largo plazo. La ecuación parece sencilla y el resultado puede ser espectacular: una alianza estratégica entre la Unión Europea e Iberoamérica. Juntos seremos imbatibles.