Hasta aquí llegué
El dolor intenso del ser va cerrando las puertas del mañana y edificando una mayor desesperanza.
Muchos jóvenes llegan a tener ideas de quitarse la vida por vivir experiencias muy dolorosas y traumáticas.
Hay una experiencia interior que solo el que la vive la puede captar en su totalidad. Es un intenso sufrimiento que a veces no se tienen palabras para contar.
Suele no haber una sola causa o motivo en particular; estas ideas las genera una convergencia de muchos factores que van desde un intenso sufrimiento psíquico-emocional, tal vez una depresión, una importante pérdida afectiva, un abandono, aislamiento, impotencia o sensación de fracaso. Incluso hasta vergüenza, culpa, impulsividad, conflictos familiares, pero, sobre todo, una profunda desesperanza. Se acumulan muchas cosas que acaban con las ganas de seguir adelante y, por eso, la determinación de “hasta aquí llegué”. Las ideas suicidas, aunque no son del todo una manera adecuada de afrontar los retos de la vida, surgen porque no encuentran otras opciones viables para dejar de estar en una situación intolerable. Dejar de vivir puede verse como una desaparición y estar ya en paz, y dejar la tormenta y tortura en la que se encuentran.
Pueden ser personas con amplia inteligencia, pero su capacidad de decisión y deliberación se ve nublada y se opaca su propia existencia, y no hay futuro que valga la pena; desaparece como posibilidad, ya no se ven puertas abiertas, se acaban las alternativas viables y el presente tortuoso ocupa una sensación de eternidad. Así, la desesperanza parece más viable para terminar con el sufrimiento. Se termina la convicción de que algo pueda cambiar para bien, se siente una sensación de ser una carga para los demás y surge una desconexión con las personas, incluso con los seres queridos, con ideas como “nadie me puede comprender”, “ya estorbo”. Pero, sobre todo, puede llegar a distorsionar tanto su realidad que no ven el daño que les puede causar su ausencia, sino que pueden llegar a creer que están haciendo un bien con irse.
Todo este mundo del que padece ideas suicidas es el tema que aborda la nueva fundación DILO, con el fin de prevenir los actos suicidas y buscar una mayor salud mental en los niños, adolescentes y jóvenes.
Es promover que se hable a tiempo de lo que más les duele, de lo que sufren, de lo que llevan en su profundo interior. Una de sus fundadoras no pudo detener lo que hizo su hija; de aquí, tratar de influir en otras personas que van por ese camino y cambiar su historia. Una gran iniciativa de sus fundadoras para dejar de esconder este delicado tema y mejor hablar de ello para aportar algo a la vida de nuestros hijos y llegar mucho antes de que se instale todo el drama suicida.
Esta fundación busca que los jóvenes tengan acceso a ayuda profesional de manera sencilla, gratuita y oportuna.
Que tengan un espacio para hablar de lo que les preocupa, duele o genera incertidumbre y convertirlo en el primer paso para pedir ayuda.
Su símbolo es el punto y coma (;): decidir continuar la frase cuando parecía más fácil terminarla.
dellamary@gmail.com