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GDL y el Tri históricos

Hoy que concluya el partido España contra Uruguay en el Estadio donde juegan las Chivas, terminará el papel de sede mundialista que por tercera ocasión cumplió nuestra ciudad.

Seguramente se cerrará con festejos de los aficionados españoles o uruguayos que celebren según el resultado, a los que se sumarán muchos tapatíos como pasó con los coreanos y con los colombianos que hicieron suya Guadalajara.

El espectador distinguido de la furia roja, será el rey Felipe de España, que le tocará enterarse desde aquí sobre los ecos de su reunión de ayer con la Presidenta Claudia Sheinbaum, con la que abrieron una nueva etapa de la relación bilateral luego del alejamiento que se tuvo en el sexenio pasado por las disculpas que exigía Andrés Manuel López Obrador por los abusos de los españoles contra los indígenas en la época de la conquista.

En las tribunas también estará el tenor español Plácido Domingo que regresó ayer con un gran concierto al auditorio que inauguró con su nombre en el Conjunto de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara.

Miles de aficionados volverán a colmar el Fan Fest de la FIFA en la Plaza de la Liberación y en la Plaza de Armas, así como en todos los puntos donde las autoridades han colocado pantallas para seguir el partido entre España y Uruguay, en el que ambos se juegan la clasificación para seguir en la competencia. Muchos y muchas jaliscienses con la resaca doble de las celebraciones por el triunfo del Tri el miércoles ante los Checos, con el que lograron la mejor primera ronda de grupos de su historia en los Mundiales al ganar sus tres partidos, y por el concierto masivo en La Minerva de anoche de Alejandro Fernández, sus hijos Camila y Alejandro, y sus invitados Julión Álvarez y Alfredo Olivas.

Habrá que ver si ya sin partidos mundialistas en Guadalajara se mantiene el desbordado espíritu festivo que el Tri ha provocado aquí y que se catapultó por el primer juego y triunfo de la Selección Mexicana en tierras tapatías.

Por lo pronto quedarán ahí para la historia las celebraciones colectivas, nunca antes vistas, que ya no se dieron solo en la Glorieta de la Minerva como estábamos acostumbrados, sino que ahora vimos en otros muchos espacios públicos de la Metrópoli tapatía, y que nos dejaron claro, la necesidad que se tenía de momentos gozosos, como esos que sólo da el futbol al unirnos en los festejos y cambiar, al menos temporalmente, la conversación pública de los males que nos aquejan y de las noticias que salen al mundo de nuestra ciudad y de nuestro país.

Lo dicho, todo este ánimo festivo jamás vivido así en Guadalajara, no desaparecerá nuestros problemas como comunidad, pero al menos nos dio una bocanada de buenas vibras para continuar.

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