Ideas

Erótica y materna

Existe en el imaginario una aparente contradicción en estos términos que, sin embargo, engloban la realidad profunda de la esencia femenina. Mariolina Ceriotti Migliarese, médica, neuropsiquiatra infantil y psicoterapeuta italiana, ha escrito un libro que lleva este mismo nombre. Su tesis central consiste en transmitir que solo a través de la integración absoluta del erotismo y la maternidad las mujeres lograremos comprendernos, florecer y restaurar el mundo.

Comúnmente relacionamos el erotismo únicamente con el aspecto sexual y la maternidad únicamente con el aspecto engendrativo de la mujer, cuando en realidad hablan de dos realidades de amor complementarias. El erotismo se refiere al amor propio y la maternalidad al amor al otro. El erotismo incluye el cuidado personal de la mujer, las inquietudes intelectuales y personales, y el descubrimiento de la belleza y la autoestima. Exacerbado, se puede convertir en un narcisismo egoísta que se olvida del prójimo para vivir para sí. La maternalidad, en cambio, excede la realidad de engendrar a un hijo. Es algo más amplio que ser mamá, y se refiere a esa “huella psicológica ineludible” de la mujer que responde a la acogida y cuidado del otro. Exacerbada, es devoradora y sofocante para quien la recibe, y la mujer que materna sin cuidar su erotismo se pierde a sí misma.

Ser mamá es una cosa. Se refiere al rol y la función de traer un hijo al mundo, alimentarlo, criarlo y responder a sus necesidades. Mientras que ser madre implica el acto de maternar, no exclusivo de las mujeres que engendran hijos. Maternar es la acción de cuidar, sostener y acompañar a otros seres desde la empatía, el afecto y la ternura. Tener un hijo nos hace mamás, pero ser madre se aprende despacio y dura toda la vida.

La sociedad ha explorado la relación entre estas dos facetas y se ha enfrentado a ella desde extremos totalmente opuestos del péndulo. Las industrias de los años cincuenta marcaron la pauta para promover y lucrarse con el regreso a casa de todas las mujeres que durante la guerra se incorporaron a la fuerza laboral. Se idealizó la imagen del ama de casa que se dedicaba a aspirar, hacer pasteles y estar absolutamente disponible para suplir las necesidades afectivas y domésticas de su esposo y sus hijos. La mujer de esta época fue mercadológicamente orillada a olvidarse de sus propios sueños y planes, aislándola socialmente y conduciéndola a irritabilidad, depresión, falta de sentido y un aburrimiento sistémico.

Seguramente la llamada “liberación sexual” de los sesenta remediaría este mal. Las mujeres, cansadas de ser desestimadas, alzaron la voz y comenzaron a exigir lo que en su momento creyeron que solucionaría lo que estaba sucediendo. Una vez más, las industrias se aprovecharon del movimiento para lucrar. Hubo un boom de las farmacéuticas que dieron acceso a la píldora anticonceptiva y se reclutó a las mujeres de regreso a la fuerza laboral y ahora académica, ya no como una necesidad societal sino como el derecho que las mujeres tenían a participar en la vida ciudadana, a hacerse escuchar y valer en espacios que durante años fueron controlados por hombres.

En lugar de llegar a un sano balance, la maternalidad se aplastó. Se estigmatizó a las mujeres que decidían aún tener hijos y seguir atendiendo su casa. Pasaron a ser ciudadanas de segunda clase, viviendo lo que ahora se percibía como la trampa de la domesticidad.

Hoy, años después, vemos las consecuencias tan severas de este desbalance, en el que la mujer que encuentra un éxito aplastante en lo profesional muchas veces experimenta una soledad desgarradora en lo personal. Mujeres invitadas por las mismas empresas a congelar sus óvulos para engendrar en el momento “oportuno” ignoran los ritmos biológicos de un cuerpo que marca un tiempo ideal para ser madres.

La mujer que integra su parte erótica y materna no tiene miedo a cultivarse, a hacerse escuchar, a dedicarse tiempo y recursos, a fortalecer su imagen propia. Tampoco teme entregar su ser al otro, a maternar y acoger, a renunciar para amar y experimentar el gozo de ser amada. No escuchemos la mentira de que se debe elegir una realidad sobre la otra, tomémonos el tiempo de explorar la feminidad desde ambos polos, para así integrar, y desde nuestra fuerza erótica, maternar a una sociedad enferma que se olvida de amar y sostener al otro.

@luciachidan

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