Ideas

Entre la estética y la funcionalidad

Cuando la carrera de la Fórmula 1 comenzó a tenerse en Bakú, la ciudadanía se quejaba de lo poco importantes que eran ellos a la hora de alquilar la ciudad que ellos mismos mantenían, no solo sin pedirles permiso, sino sin compensarles tampoco de las pérdidas que les generaba el evento, mucho menos compartirles algo de las ganancias.

La justa mundialista, que en principio parecía un gran espectáculo deportivo que llegaba a Guadalajara, como quien dice, a tu propia casa, comenzó a decantarse en la medida que se fueron conociendo los detalles, es decir, qué partidos, cuántos y de qué equipos se jugarían en esta ciudad. Vino luego otra consecuencia, acaso la más beneficiosa y permanente, pese a sus cambios y alteraciones: tener por fin una comunicación amplia y fluida con el aeropuerto de Guadalajara, feliz noticia que igualmente se fue decantando cuando se conocieron los detalles: salidas y llegadas seguirían teniendo una sola plataforma, porque dar a cada cosa la suya era más caro; que para tomar un transporte tipo Uber habría que desplazarse un kilómetro, porque los monopolios de taxis oficiales, propiedad de conocidos políticos, hicieron conocer su peso a la hora de querer nuestro idealista Gobierno romper las cadenas de tan ominosa esclavitud. En este rubro seguimos, pues, peor que Pakistán. Nueva desilusión trajo saber que la línea de transporte masivo hacia el aeropuerto era de camiones, no de trenes y, además, era solamente un aventón al Periférico; a partir de ahí, que cada quién se las arregle con todo y su equipaje. ¿Cómo no recordar aquella anécdota, real o falsa, ocurrida en Lagos, cuando luego de colocar un enorme andamio para quitar un mecate que había quedado colgando de la cúpula parroquial, el intrépido emisario preguntó desde allá arriba que cómo cuánto había que cortarle a la dicha cuerda?

El entusiasmo futbolero nuevamente se agrió con el secuestro del estacionamiento ubicado bajo la flamante y recién remodelada plaza antes dicha de la Liberación, secuestro que se contagió al estacionamiento del Teatro Degollado y del Hospicio Cabañas, y que los usuarios le hagan como puedan, y eso significa afectaciones a comerciantes y consumidores. Que los cedieron a la FIFA, bueno, pues qué ganas de ser parte de esa mundial empresa que puede apropiarse de ciudades enteras sin que nadie le tosa.

No vamos a negar que les quedaron bonitas las plazas remodeladas, pero también es visible que las autoridades no le apuestan a la funcionalidad de la ciudad, sino a la estética, y a una estética que hay que apreciar de lejos, precisamente porque la funcionalidad no les funciona, pues para hacerla funcionar debieran invertir no tanto en lo estético, sino en lo práctico.

Esto supondría sincronizar los semáforos, tener una autopista al aeropuerto, un aeropuerto con espacios propios para llegadas y salidas, un servicio de transporte masivo directo del aeropuerto mismo al centro de la ciudad con conexiones y ramificaciones, señalización suficiente, solución disciplinada a la indigencia tan mezclada y agresiva, porque lo mismo hay entre ellos personas en situación de calle involuntaria, que vagancia y delincuencia del más diverso grado, alumbrado en todas partes, calles y banquetas transitables, limpieza de fachadas, aunque no las pinten, con que dejen de grafitearlas ya sería ganancia, y sobre todo, seguridad, pero bueno, aquí no es China.

Ahora que, si a los cientos de miles de visitantes anunciados les da por darse una vuelta a Cocula, de donde es el mariachi, según la canción, o a Ameca, pues ya ni modo, les puede tocar la experiencia de los ponchallantas, o testificar cómo carreteras de cuatro carriles exhiben un abandono tan vergonzoso, eso sí, entregados los camellones al dominio total de la madre naturaleza.

armando.gon@univa.mx

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