Ideas

Ensayo de un ensayo

¿Qué es Jalisco? Cada una de las respuestas que la pregunta obtenga es correcta. Jalisco, podría contestar cualquiera del pueblo wixárika, es una pura injusticia, también es hambre y discriminación. Asimismo podrían definir al estado la gente del pueblo nahua y de los demás grupos originarios que por asentamientos históricos o por los tumbos a los que obliga la necesidad dieron con sus vidas en este territorio.

Jalisco es un limbo y un panteón, tal vez sería la respuesta de las madres buscadoras; un limbo mientras sus desaparecidos son nombrados por ellas en todas las instituciones que tendrían que buscarlos; mujeres y hombres vueltos una voz en las plegarias y en la memoria de sus familias: ni vivos ni muertos; un panteón en cada fosa clandestina, en las muchas fosas clandestinas, las escarbadas y las que esperan su turno para entregar restos y que las voces-nombres dejen su limbo convertidas en girones de ropa, en zapatos sin par y en huesos. Jalisco es miedo, podrían contestar en comunidades, en barrios y colonias, en cuerpos de seguridad en los que “la plaza”, “la maña”, dicta las reglas, acota libertades, cancela derechos e impone castigos a quienes no se ciñen a los mandatos de su imperio impunemente tolerado.

Jalisco es una sequedad que avanza por el agua que falta; en su capital, famosamente, y en el campo y en los pueblos silenciosamente; agua del subsuelo, de Chapala, de las represas, de los escasos ríos cuyo líquido pintamos gris y negro para que nuestro paso por Jalisco quede registrado en cauces y caídas de agua brillantes por la espuma mortaja de los afluentes. Sequedad que cada temporal parece quedar desmentida por el verdor con que la lluvia tiñe incluso yermos hostiles, pase mágico para confirmar que Jalisco suele ser desmemoria.

Jalisco, el que no atendemos desde las ciudades, es tala clandestina, es bosques convertidos en troncos que bajan de la sierra, cadáveres de madera acostados en tráileres que todos ven y nadie mira; bosques que aún no comenzamos a extrañar. Jalisco es el jaguar y el venado de cola blanca (y tantas otras especies) incapaces de adaptarse al alambre de púas, a las carreteras que cortan sus veredas, a la codicia de los que aseguran que Jalisco es oportunidad para hacer negocios y nada más.

Jalisco es México, dicen, en él se respira la mexicanidad, aire con corpúsculos de tequila y humo del chivo en la birria, aire portador de sones de mariachi ¿Será eso la mexicanidad? Y siendo eso: ¿qué es Jalisco? Jalisco es un estilo, dicen, y siendo eso, un modo, una forma de comportamiento, ¿qué es Jalisco? Jalisco es el que gana eternamente, dicen —es de suponerse que en lo que sea que compita— aunque de repente, por el remate del refrán, pierde, y cuando sucede: arrebata; gana, pierde, arrebata, ¿qué va siendo Jalisco? Jalisco es una geografía distinguible en los mapas por lo que describen como “la manita”, apunta al norte y está soportada por su costa rolliza sentada sobre el borde del mar, y eso, inconfundible en la cartografía ¿es Jalisco?

Jalisco es una historia como ninguna otra —como todas— aunque la de Jalisco la queremos única: marcado por su nacimiento en tiempos de la colonia, lejos de la capital de la Nueva España fue su propio centro y lo ejerció con mansedumbre: sin romper —Dios lo libre de ser revoltoso—; se forjó a sí mismo atenido a sus posibilidades, a sus creencias y, desde entonces, al espejo intimista de sus ademanes. Jalisco es una biblioteca: poetas, ensayistas, literatos, historiadores, periodistas (mujeres y hombres), cronistas, únicas y únicos. Jalisco es polifónico, sus músicos (mujeres y hombres) han puesto a bailar y cantar, es decir: a soñar, a muchos que ni siquiera saben que Jalisco existe. Jalisco es sus artes recorriendo el mundo, ejecutadas por maestras y maestros populares, con sus artesanías, y por aquellos cuyo trabajo va a dar a museos, galerías y al espacio público. Creadores portentosos, embajadores involuntarios de lo que es Jalisco y soterradamente emisarios, con su obra, con sus personas, de lo que no es el estado: amigable con ellas, con ellos, quienes al cabo dejan huella perdurable de lo que Jalisco es.

Jalisco es una lista con “a pesar de”. Es una economía impresionante a pesar de tantos de sus Gobiernos aquejados por la corrupción de no pocos de quienes los han encabezado y la de sus cómplices. Es la posibilidad constante de la fiesta colectiva; por la FIL, por el futbol, por sus pueblos (mágicos o no), por Puerto Vallarta, por el cine, por la Vía RecreActiva de su capital, por sus celebraciones religiosas, por la conmemoración anual de la independencia de México. Es todo eso a pesar de la desigualdad y la inseguridad; a pesar del transporte público que merma cotidianamente la calidad de vida de la mayoría y de sus cárceles repletas de inocentes; a pesar de las persistentes brechas de género y de la desconfianza entre gobernantes y gobernados.

Jalisco no es sus gobiernos, el que sea; afirmarlo es alejarnos de las reducciones de la mercadotecnia de los políticos: Jalisco no es un eslogan. Jalisco es la multitud de miradas que ponemos en él y la multitud de relatos que lo definen, es eso a condición de que las miradas y los relatos admitan convertirse en diálogos. Jalisco es las distintas formas de vivirlo, de enfrentar lo cotidiano e interpretarlo; es negarse a permitir que alguien lo reduzca a las visiones en las que no quepa la de cada cual, la de nuestra vida, la de nuestros anhelos. Vidas y anhelos, individuales y colectivos, que caben en los discursos de los gobernantes, pero no en sus hechos, aunque pretendan que el Mundial de Futbol sea muestra de lo contrario. Jalisco no es esa pretensión.

agustino20@gmail.com

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