Ideas

El Zapotillo y la realidad

En Palacio de Gobierno ya descubrieron que los milagros hidráulicos no existen, aunque en el sexenio pasado se vendieran como si fueran promoción de supermercado.

Resulta que el propio Gobierno estatal terminó echando abajo la joya de la corona alfarista: eso de que el sistema de El Zapotillo garantizaba agua para los próximos 50 años a la metrópoli. Ahora resulta que faltan acueductos, obras inconclusas y hasta advierten que los azolves podrían convertir la presa en un bonito monumento al optimismo.

De paso, también le apagaron la llave a Morena, que presume tres mil litros por segundo como si bastara con abrir una válvula.

En síntesis, la infraestructura sigue incompleta y la Conagua aún tiene tareas pendientes.

Al final, unos prometieron un oasis, otros venden un caudal imaginario y los tapatíos siguen esperando que, algún día, del grifo salga algo más que discursos. 

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En Palacio Nacional ya encontraron la solución para el rechazo en la UNAM: si no entras por una puerta, te invitan a tocar otra.

La Presidenta Claudia Sheinbaum presumió a la Universidad Nacional Rosario Castellanos como el salvavidas para miles de aspirantes, pero el entusiasmo oficial viaja más rápido que la realidad. 

Dicen que hay 77 mil estudiantes en todo el país y prometen rebasar los 200 mil para 2030, pero por ahora apenas cuentan con nueve planteles a nivel nacional y una oferta que todavía lucha por convertirse en la primera opción de muchos jóvenes.

En política, las cifras siempre se gradúan con honores. En la vida real, los aspirantes siguen buscando un lugar y, de ser posible, en la universidad que originalmente soñaban.

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Nos cuentan que Alejandro Murat llegó muy sonriente al evento de Claudia Sheinbaum en Huajuapan de León, pero el comité de bienvenida le tenía preparado un coro de “¡Fuera, fuera!”. La misma escena que Morena solía exhibir cuando Andrés Manuel López Obrador visitaba Estados gobernados por la oposición y era recibido entre rechiflas el mandatario estatal en turno. Ahora el libreto cambió de actores, pero no de guion.

El ex gobernador priista, hoy convertido en senador morenista por obra y gracia de la política mexicana, comprobó que cambiar de camiseta no garantiza cambiar de porra.

Al final, los abucheos tarde o temprano regresan.

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