El valor perdido de la política aburrida
En el ajetreo de los recientes informes de gobierno, de los alcaldes y de la Presidenta Sheinbaum, y en los destapes y predestapes de quienes aspiran a ser candidatas y candidatos a diferentes cargos a lo largo y ancho del país, se alimenta la nostalgia de la “política aburrida”.
En agosto del año 2002, y citando a varios autores europeos, el analista Jesús Silva-Herzog Márquez publicó un interesante artículo, breve por cierto, que tituló “El valor de la política aburrida”.
El texto se puede consultar rápidamente después de una búsqueda en internet, así que no haré más larga la exégesis, pero sí quiero rescatar la necesidad de que, ante tantas pretensiones electorales, regresemos a lo más árido del ejercicio público: solucionar los problemas cotidianos de las personas, sobre todo cuando se trata de autoridades municipales, que son el primer contacto con el ciudadano que tiene un bache en la calle, una lámpara apagada y la amenaza de la violencia en su barrio.
Desde hace años aprendimos que no hay soluciones simples para la complejidad de la vida cotidiana. Además, somos presa de la corrupción, la impunidad, la negligencia y la dejadez de autoridades que tienen encima responsabilidades gigantescas que no pueden cumplir porque les falta presupuesto, les falta personal, les falta equipo y, sobre todo, les falta interés.
Por eso, ahora que todos levantan la bandera de la reelección, de la búsqueda de una diputación, de la promesa de los cambios que no acaban de llegar, sería una buena opción valorar no a los candidatos y candidatas más carismáticos y apoyados por la élite de su partido, sino a aquellas personas que saben qué problemas hay y cuánto cuesta resolverlos.
En algunos medios de comunicación se propagan encuestas en las que se reflejan las intenciones de voto, pero de las que nunca nos consta que efectivamente representen la voluntad general, porque se sospecha más de encuestas encargadas.
En las redes sociales, que tienen como principal objetivo ganar likes y “me gusta”, se combate permanentemente entre argumentos de un bando y otro, y se anticipa que algunos personajes son mucho más votables y con potencial de ganar elecciones.
Lo que escasea son programas de gobierno, análisis detallados, diagnósticos y propuestas viables, de tamaño real, para arreglar la falta de agua, la recuperación de la paz ciudadana o garantizar el abasto mínimo y decente de medicamentos para las personas que, cuando están enfermas, no encuentran respuesta en ningún programa social.
Un candidato o una candidata que se decida por la rutina y el aburrimiento de las soluciones quizás no llame la atención en los primeros días del festín electoral, pero podría llegar a convertirse en la verdadera opción de voto conforme se acerque la jornada decisiva.
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@JonasJAL