El origen de nuestros males con el agua (y una lección)
EL INFORMADOR publicó el 21 de octubre de 2009 un titular con esta promesa del entonces gobernador de Jalisco: “El agua limpia volverá al Santiago: Emilio González”.
El proyecto consistió en asignar una obra de 2 mil 318 millones de pesos a un privado para construir la planta de tratamiento de Agua Prieta que iba a sanear “el 80% de las descargas en la Zona Metropolitana de Guadalajara”.
El entonces gobernador, en un arrebato ridículamente hermoso y poético, añadió que por fin iba a sanear el río Santiago: “Se limpiarán las cascadas y colas de caballo, los nuevos Doctor Atl sacarán sus pinceles para pintar un Jalisco más limpio”.
Sobra decir que nada de eso ocurrió. Y que la contaminación del río Santiago empeoró.
El episodio es aleccionador y nos advierte sobre la cautela que debemos tener ante cualquier obra millonaria del gobierno -generalmente con ganancias para privados-, y que prometa soluciones mágicas sobre el agua.
Sobre todo ahora que enfrentamos una crisis por la mala calidad del líquido en Guadalajara y el gobierno de Jalisco ha anunciado obras millonarias como la solución.
Obras cuyo alcance, presupuesto y plazos se han diluido en un confuso mar de declaraciones, documentos creados con IA, falta de un diagnóstico claro, y sin la participación de expertos y ciudadanía.
No podemos entregar más cheques en blanco.
El origen de muchos de nuestros males relacionados con el agua están en esta manía de privilegiar tubos y millones sin evitar la contaminación de origen en cauces, ríos, arroyos y presas.
Y en esto hay responsables: la ciudadanía (me incluyo) que tenemos patrones de consumo insostenibles y generamos toneladas de basura, la tiramos y nunca más nos preocupamos por su destino; las industrias, granjas y actividades productivas que contaminan cuerpos de agua al grado del envenenamiento; y finalmente los tres niveles de gobierno que por corrupción, ineficiencia u omisión, permiten que la polución llegue impune y aumente en aras de la competitividad y el desarrollo económico.
La contaminación en las cascadas de Huaxtla son un ejemplo de este mal colectivo: la basura metropolitana llega a un vertedero cuyo manejo irregular del municipio queda sin supervisión del estado ni de la Federación.
Podría sumar más ejemplos. En estos días, los habitantes cercanos a la presa Las Pintas -a donde llega el agua del lago de Chapala que abastece al 59% de la metrópoli- han denunciado una grave contaminación evidente en olores fétidos, plagas de moscos y proliferación de lirio.
También pobladores aledaños a la presa La Red, ubicada entre Acatic y Tepatitlán, denunciaron que recibe descargas de granjas porcícolas y presenta una contaminación extrema. Ese embalse se conecta con la presa Calderón que abastece el 18% del agua para Guadalajara.
La presa El Zapotillo, ha advertido el especialista Daniel Sánchez Tapetillo, tiene presencia de lirio; una señal inequívoca de contaminación en un embalse que ni siquiera hemos estrenado como fuente de abasto para la ciudad.
Esa es la causa que debemos atender urgentemente. Si no cambiamos nuestros hábitos de consumo como sociedad y las autoridades son omisas ante la contaminación, ni cien plantas de tratamiento alcanzarán para sanear el agua puerca que recibimos.
Y seguiremos financiando negocios públicos para bolsillos privados, sin soluciones de fondo.